Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Declaración de Cornwall
Selección de ContraPeso.info
4 enero 2006
Sección: ECOLOGIA, Sección: Análisis
Catalogado en:


ContraPeso.info presenta una traducción de la Declaración de Cornwall sobre el tema del cuidado del medio ambiente. Al considerar que el tema es delicado y puede llevar a conclusiones equivocadas, creemos que esta declaración presenta una posición razonable y sólidamente argumentada.

Se aclara que la traducción oficial de esta declaración usa la palabra “mayordomía” para denotar la responsabilidad delegada en los humanos para la conducción de nuestras vidas y el mundo que nos rodea; ya que la primera palabra es realmente extraña en español, ha sido sustituida por “conducción”.

El último milenio ha traído mejoras sin precedentes en salud, nutrición, y esperanza de vida para los humanos, sobre todo en los países más bendecidos por las libertades política y económica, y por los adelantos en ciencia y tecnología. Al alba de un nuevo milenio, existe la oportunidad de construir sobre estos adelantos, y extenderlos a más personas de la Tierra.

Al mismo tiempo, muchos se hallan preocupados porque las libertades, la ciencia y la tecnología no sean más una amenaza al medio ambiente que una bendición para la humanidad y la naturaleza. Más allá de nuestra común reverencia para Dios y Su Creación, y amor por nuestro prójimo, nosotros, judíos, católicos, y protestantes —hablando por nosotros mismos y no oficialmente en nombre de nuestras comunidades respectivas —, en unión con otras personas de buena voluntad, y comprometidos con la justicia y la compasión, nos unimos en esta Declaración de nuestras preocupaciones, creencias y aspiraciones comunes.

Nuestras Preocupaciones

La comprensión y control de los procesos naturales capacitan a las gentes no sólo para mejorar la condición humana, sino también para hacer mucho daño a otras personas, a la Tierra y a otras criaturas. En tanto las preocupaciones sobre el ambiente han aumentado en las recientes décadas, la necesidad moral de conducción ecológica se ha puesto cada vez en más clara evidencia.

Al propio tiempo, sin embargo, ciertos conceptos erróneos sobre la naturaleza y la ciencia, aunados a posiciones teológicas y antropológicas equivocadas, han impedido el avance de una sana ética ambiental. En medio de la controversia sobre estas materias, es crítico recordar que la pasión puede impulsar el activismo ambientalista, pero es a la razón — incluyendo la sana teología y la ciencia recta— a la que cabe guiar el proceso de toma de decisiones. Identificamos tres áreas de malentendidos comunes:

1. Muchas personas equivocadamente ven a los humanos principalmente como consumidores y contaminadores en vez de productores y administradores. Por consiguiente ignoran nuestro potencial para sumar —como portadores de la imagen de Dios— a la abundancia de la Tierra.

La realización creciente de este potencial ha habilitado a la gente, en las sociedades bendecidas con una economía avanzada, no sólo para reducir la contaminación, sino además para producir más de los bienes y servicios causantes de las grandes mejoras en la condición humana, y también para aliviar los efectos negativos de mucha de la contaminación del pasado.

Un ambiente limpio es un bien costoso; por ende, la abundancia creciente, la innovación tecnológica, y la aplicación de capital humano y material, son esenciales a las mejoras ambientales. La tendencia de algunos a oponerse al progreso económico, en nombre de la conducción ambiental, a menudo tristemente se vence a sí misma.

2. Muchas personas creen que “la naturaleza sabe más”; o que la Tierra —intacta por manos humanas— es el ideal. Este romanticismo lleva a algunos a deificar la naturaleza, o a oponer el dominio humano a la Creación. Nuestra posición, informada por la Revelación, y confirmada por la razón y la experiencia, es que la conducción humana abre el potencial que hay en la Creación para todos los habitantes de la Tierra, y es buena.

Sólo la humanidad, en todo el orden creado, es capaz de desarrollar otros recursos enriqueciendo la Creación; así puede decirse con propiedad que la persona humana es el más valioso recurso en la Tierra. La vida humana, por consiguiente, debe ser querida y serle permitido florecer. La alternativa —negar la posibilidad de dirección humana beneficiosa de la Tierra-— le quita toda lógica a la conducción ambiental.

3. Mientras unas preocupaciones ambientales se hallan bien fundadas, otras carecen de fundamentos o son grandes exageraciones. Algunas de las bien fundadas enfocan problemas de salud humana en el mundo en desarrollo.

Esos son problemas que surgen de higiene inadecuada; amplio uso de combustibles primitivos de la biomasa como madera y estiércol; prácticas agrícolas, industriales y comerciales muy primitivas; distorsionadas pautas de consumo de recursos, orientadas por incentivos económicos perversos; y disposición impropia de peligrosos desechos —nucleares y otros— en países sin resguardos regulatorios y legales adecuados.

Algunas de las preocupaciones infundadas o injustificadas incluyen los temores al destructivo calentamiento global producido por el hombre; a la sobre población; y a la desaparición sin freno de especies. Los problemas reales y los meramente supuestos difieren de las maneras siguientes:

a. Los primeros son comprobados y bien sabidos, mientras los segundos tienden a ser especulativos.

b. Los primeros son con frecuencia localizados, en cambio de los segundos se dice que son globales y cataclísmicos en su alcance.

c. Los primeros son especialmente preocupantes para las personas de los países en vías de desarrollo, y los segundos principalmente agitan a activistas ecológicos de naciones ricas.

d. Los primeros representan un alto y bien establecido peligro para la vida y salud humanas; los segundos son de riesgo muy bajo y en buena parte hipotético.

e. Las soluciones propuestas a los primeros son efectivas en términos de sus costos, y sus beneficios son probados, mientras que las soluciones a los segundos son injustificadamente costosas y de dudosos beneficios.

Las políticas públicas para combatir los riesgos exagerados, pueden demorar peligrosamente o revertir el desarrollo económico, que es tan necesario para mejorar no sólo la vida de las personas sino también la conducción humana del ambiente.

Así los pobres —a menudo residentes de naciones en desarrollo— son obligados con frecuencia a sufrir mucho más tiempo en la pobreza, con sus inevitables secuelas: altas tasas de desnutrición, enfermedades y mortalidad; como consecuencia, son con frecuencia los más perjudicados por políticas desorientadas aunque bien intencionadas.

Nuestras Creencias

Nuestra común herencia judeocristiana enseña que los siguiente principios teológicos y antropológicos constituyen el fundamento de la mayordomía medioambiental:

1. Dios, Creador de todas las cosas, las gobierna por sobre todos y merece nuestra alabanza y adoración.

2. La Tierra, y con ella todo el cosmos, revela la sabiduría de su Creador, y es sostenida y gobernada por Su poder y amorosa bondad.

3. Hombres y mujeres fueron creados a imagen de Dios, y les fue dado un lugar privilegiado entre las criaturas, y encargados para ejercer conducción sobre la Tierra. Las personas humanas son agentes morales, para quienes la libertad es condición esencial de su acción responsable.

La sana conducción ambiental debe atender tanto a las demandas del bienestar de los seres humanos, como al llamado divino a ejercer cuidadoso dominio sobre la Tierra. Ella afirma que el bienestar humano y la integridad de la Creación no sólo son compatibles, sino además realidades dinámicamente interdependientes.

4. La Ley de Dios, resumida en el Decálogo y los dos Grandes Mandamientos (amar a Dios y al prójimo), fue escrita en el corazón del hombre, revelando así Dios Su propio carácter virtuoso a la persona humana. Esa Ley representa el plan de Dios para el shalom, o la paz, y es la regla suprema de toda conducta, que no debe ser sustituida por prejuicios personales o sociales.

5. Desobedeciendo la Ley de Dios, la humanidad trajo sobre sí misma su propia corrupción moral y física, así como la condenación divina en la forma de una maldición sobre la Tierra. Desde la caída en el pecado, la gente a menudo ha ignorado a su Creador, ha dañado a sus prójimos, y ha manchado la buena Creación.

6. Pero Dios en Su misericordia no ha abandonado a los pecadores, o al orden creado; sino que ha actuado a lo largo de la historia para restaurar a los hombres y mujeres en comunión con Él, y asimismo, a través de la mayordomía de la Tierra, para realzar su belleza y fertilidad.

7. Somos llamados a ser fructíferos, a sacar cosas buenas de la Tierra, a unirnos con Dios para proveer a nuestro temporal bienestar, y a aumentar la belleza y productividad del resto de la Tierra. Nuestro llamado a fructificar, por tanto, no es contraria sino mutuamente complementario con nuestra vocación a administrar los regalos de Dios. Esta vocación implica un serio compromiso para fomentar los hábitos y prácticas intelectuales, morales y religiosas necesarias para tener economías libres y cuidado genuino para el ambiente.

Nuestras Aspiraciones

A la luz de estas preocupaciones y creencias, declaramos las siguientes aspiraciones basadas en principios:

1. Aspiramos a un mundo donde los seres humanos cuiden de todas las criaturas sabia y humildemente, sobre todo y primero para sus compañeros congéneres, reconociendo su propio lugar en el orden creado.

2. Aspiramos a un mundo en que los principios morales objetivos —y no los prejuicios personales— constituyan guía para la acción moral.

3. Aspiramos a un mundo en que la recta razón (incluso la sana teología y el cuidadoso empleo de los métodos científicos) sean la guía para la conducción de las relaciones humanas y ecológicas.

4. Aspiramos a un mundo en que la libertad como condición de la acción moral sea preferida a la dirección ambiental iniciada por los gobiernos, y como medio para los fines comunes.

5. Aspiramos a un mundo donde se aprecien plenamente las relaciones entre conducción y propiedad privada, permitiendo el incentivo natural de las personas a cuidar lo suyo, reduciendo así la necesidad de propiedad y control colectivo sobre recursos y empresas, y donde la acción colectiva, cuando sea juzgada necesaria, tenga lugar al nivel más local que sea posible.

6. Aspiramos a un mundo en que la más amplia libertad económica —esencial a economías privadas y de mercado— haga que una sana conducción ecológica esté disponible para el mayor número de personas.

7. Aspiramos a un mundo en el que los avances en agricultura, industria y comercio, no sólo minimicen la contaminación -y transformen la mayoría de los desechos en recursos empleados eficientemente -, sino que también mejoren las condiciones materiales de vida en todas partes para las personas.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.


1 comentario en “Declaración de Cornwall”
  1. Contrapeso » La Humanidad Como Plaga




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