Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Derecho al Agua o al Champán
Eduardo García Gaspar
1 noviembre 2006
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Varios medios reportaron un suceso muy sugestivo: hace unos días, de acuerdo a los reportes, varias personas hicieron una serie de peticiones junto a una estatua de Tláloc, el dios azteca de la lluvia y el agua. Esas peticiones consistían en incluir dentro de la constitución mexicana el derecho de las personas al agua, para que ella esté disponible en cantidades suficientes y a precios bajos.

El suceso es lógico. Lo que dichas personas piden es un milagro y por ello resulta congruente que se lo pidan a un dios, porque ningún humano tiene el poder para hacer realidad lo que solicitan.

Desde luego, hace falta que Tláloc exista, los escuche y les haga el favor. Por su parte, los legisladores mexicanos, quizá accedan a poner dentro de la constitución las elegantes palabras que dictaminen como un derecho humano el acceso al agua de los mexicanos.

Claro que los legisladores lo podrán poner el palabras, aunque carezcan de todo poder para hacerlo realidad. Podrían poner en la constitución que todos tienen derecho al champán, que no por escribirlo podría hacerse realidad. El caso de esas personas frente a una estatua de piedra prehispánica es en verdad llamativo. Lo que solicitan, supongo que seriamente, es un imposible. Nuestro mundo no está construido de la manera que ellos suponen.

Las leyes pueden decir todo lo que ellas quieran, como decretar que los que sean atropellados por automóviles no sean lastimados… que eso no deja de ser una intención soñadora imposible de ser cumplida. Igual que establecer el derecho al agua de bajo precio.

Ellos padecen una confusión común en nuestros días, más llenos de reclamos que de responsabilidades. Pregúntele a un mexicano perdido en el desierto si le sirve de algo que la ley establezca que él tiene derecho al agua.

Las leyes tienen sus límites, que son los de la realidad. A la realidad se le tiene que reconocer, sin mucha más opción que la de aceptarla para así aprovecharla. No puede legislarse en contra de los principios de la termodinámica, ni de la gravitación universal. Usted no puede cambiar por decreto la tabla periódica de elementos. Tampoco puede legislarse para que un bien escaso sea ilimitado. Y si se legisla así, la ley será un absurdo.

Imagine usted que efectivamente se legisle y se decrete que el agua barata es un derecho. Si eso se hace, no hay razón por la que no se legisle que el derecho a la carne de vaca sea constitucional, a precios bajos. Lo mismo va para el resto de los bienes. Nuestro mundo está construido de cierta manera y esos “derechos” son sueños imposibles. Es la diferencia entre deseos y derechos. Los derechos reales pueden legislarse, los deseos no.

Puede y debe legislarse para la protección de los derechos de la persona a no ser lastimado en su propia persona y en sus bienes. Por eso la ley castiga a quien eso hace. Pero no puede legislar para cumplir deseos e intenciones como el del agua, el de la salud y otros que han sido llamados pseudo derechos. A lo más que puede llegarse es a impedir que a usted le roben el agua de su propiedad, o que alguien lo lastime.

El agua es un bien escaso. Por eso tiene un precio. Es decir, está sujeta a los principios de oferta y demanda. Contra eso usted no puede hacer nada. Y si lo intenta sucederán cosas. Si el precio del agua es muy bajo, ella será utilizada en usos no prioritarios y viceversa. Así es nuestro mundo. Por eso conviene que cuando ella es escasa, su precio se eleve, para que las personas la dediquen a usos prioritarios.

No es complicado de entender. Cualquiera que haya tenido un negocio lo comprende. Quienes hicieron esa petición, por tanto, llaman la atención: están pidiendo legislar en contra de la realidad y si acaso se intenta hacer lo que ellos solicitan, el efecto será opuesto a lo que ellos buscan. El agua barata producirá cantidades demandadas mayores y por eso mismo, mayor escasez.

Si a esas personas les interesara la conservación del agua, curiosamente estarían pidiendo lo opuesto de lo que solicitan. Para conservar el agua, lo que tendría que hacers es elevar su precio, para que las cantidades demandadas fueran menores. Con Tláloc y sin él, con leyes y sin ellas, simplemente no puede legislarse contra la realidad y cómo está ella construida.

POST SCRIPTUM

• Un punto igual se sostiene en Sadosky, James (1985). THE CHRISTIAN RESPONSE TO POVERTY. London. The social affairs unit. 0907631185. Allí se habla de que la ayuda a los pobres debe realizarse, pero respetando los principios de la economía. Violarlos sería igual a fracasar en ese intento de luchar contra la pobreza.

• Con el agua, igual que con cualquier otro bien, el precio indica el uso que se le da. Si es muy bajo, ella puede ser usada para usos de muy escasa prioridad, como lavar un carro dos veces al día, sin importar que también ella tenga el uso de mantener la vida. Conforme se eleva el precio, el agua comienza a ser usada sólo para usos cada vez más prioritarios, hasta que en un caso extremo sólo se usa para beber.


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