Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Desempleo del Graduado
Eduardo García Gaspar
22 agosto 2006
Sección: ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión
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En el libro reciente de A. Oppenheimer hay datos que llaman la atención: en la Universidad Nacional de México se gradúan 15 veces más psicólogos que ingenieros petroleros; ahora hay allí más de seis mil estudiantes de filosofía, pero 343 de computación.

En Argentina, la UBA gradúa a 2,400 abogados y a diez veces menos ingenieros. Señalar esta situación no es original, pero insistir en ella es valioso.

Se trata del añejo problema de compatibilidad entre la capacitación de las personas y su utilidad en el mundo del trabajo. Y así se plantea la clásica incógnita, ¿de qué vivirán tantos graduados de filosofía, o de psicología? ¿Realmente son necesarios?

El asunto es grave por razones más allá de las aparentes. Antes que nada está desde luego la libertad educativa: los estudiantes seleccionan sus carreras y lo que se ve es que están seleccionando sin considerar sus oportunidades de empleo.

Lo que me lleva a la más obvia de las consecuencias: el desempleo de quienes se gradúan de carreras poco necesarias en el mundo del trabajo o bien con oferta excesiva. No es una cuestión de suspender el estudio de filosofía, derecho, sociología u otras, sino de entender que sus graduados no tendrán oportunidades de empleo.

Nos podemos quedar aquí y expresar nuestra preocupación por esa falta de empleo para demasiados graduados de carreras de limitada aplicación práctica o carreras saturadas.

Y es aquí donde otro libro, uno de Hayek, aporta un razonamiento vital. Según él, las personas racionales, acostumbradas a las disciplinas del pensar y confiar en la razón como la fuente del conocimiento, tienden a ser socialistas.

Su preparación les hace despreciar el desarrollo de las instituciones espontáneas y confiar en la planeación racional, lo que les lleva a estar inclinados, aunque sea moderadamente, a apoyar medidas de intervención estatal. Todo por un racionalismo extremo que ignora a los procesos espontáneos que son más difíciles de comprender.

Entra ahora otro autor, Thomas Sowell, quien en una de sus múltiples obras trata el tema y señala dos puntos relevantes aquí. La tendencia a seleccionar carreras percibidas como más sencillas y la actitud que el graduado universitario puede desarrollar para rechazar trabajos que percibe como indignos.

Las carreras percibidas como las más sencillas son las humanistas, en las que se piensa que no hay matemáticas como en las ingenierías. Y, con un título universitario, los graduados suelen despreciar trabajos considerados por debajo de su categoría.

Los efectos de lo anterior, sobre los que podemos especular, van mucho más allá del problema detectado y que es entenderlo como uno de falta de coordinación entre universidades y empresas, por el que las primeras no satisfacen las necesidades del mundo real. Hayek y Sowell profundizan en esto, aportando ideas de mayores consecuencias.

Una de ellas es la creación de un clima intelectual en extremo racionalista que se torna de tendencia socialista, sin tal vez darse mucha cuenta de eso. La consecuencia es la mayor promoción de medidas de intervención estatal que son precisamente las menos promisorias.

La otra es, seguramente, la creación de una actitud resentida en el graduado que no logra un modo de vida derivado de sus conocimientos de carrera. Resiente el sistema económico que le impide mejorar y puede radicalizarse en sus ideas, que de por sí tienden a ser socialistas.

La situación se complica con una retroalimentación entre profesores, si están en ese mismo caso, y sus alumnos, a quienes inculcarán sus sentimientos de resentimiento y racionalismo extremo.

Conocer el problema, que es más grande de lo pensado, es un paso en la dirección correcta y pone la pelota en la cancha de las universidades para tomar decisiones en dos campos, el de las carreras disponibles y el de la educación a recibir, que debe ser ajena a los resentimientos de profesores y al extremo racionalismo.

No es un problema sencillo y en buena dosis quizá implique una redefinición del concepto de universidad, que se salga de sus torres de marfil para meterse en el mundo real y tal vez crear otros tipos de profesiones y especialidades.

POST SCRIPTUM

Los libros usados como referencia son los siguientes:

• Oppenheimer, Andrés (2005). CUENTOS CHINOS. Mexico City. Plaza Janés. 9685959587, p. 321.

• Hayek, Friedrich A. von, Bartley, William Warren (1989). THE FATAL CONCEIT : THE ERRORS OF SOCIALISM. Chicago. University of Chicago Press. 0226320685 p. 52 y ss.

• Sowell, Thomas (1994). RACE AND CULTURE : A WORLD VIEW. New York. Basic Books. 0465067964, p. 22 y ss. De éste, AmaYi publicó un resumen en Educación de universidad en julio de 1999.

Esta columna generó un intercambio de opiniones con un lector, el que se muestra adelante, después de señalar que:

La Jornada reportó por la tarde del 21 de agosto” Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición Por el Bien de Todos, en declaraciones al diario británico The Financial Times, señaló que llevará hasta sus últimas consecuencias su movimiento de “resistencia civil” en sus esfuerzos para defender la democracia.”Los cambios más importantes en México nunca han venido a través de la política convencional sino más bien de las calles”, indicó. Al ser cuestionado si había un peligro de que la gente lo califique de revolucionario, contestó: “México necesita una revolución”.”

La nota viene del Financial Times, cuyo texto original dice (cuarto párrafo), ““The most important changes in Mexico have never come about through conventional politics but rather from the streets,” he told the FT in a rare interview. Asked whether there was a danger that people would brand him a revolutionary, he replied: “Mexico needs a revolution.””

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Respecto a la columna “Una Segunda Opinión” del respetado editorialista Eduardo García Gaspar, aparecida el martes 22 de agosto con el título “Desempleo del graduado”, me permito expresar esta “tercera opinión” y solicitar que, de ser posible, sea publicada.

No sabe usted lo que gozo con terceras y cuartas y quintas opiniones, siempre que sean razonadas y razonables. Es la mejor manera de aprender. Le agradezco su misiva.

El desempleo de los egresados de las universidades que plantea Eduardo García Gaspar no es una situación nueva y, como lo señala, es un “problema de compatibilidad entre la capacitación de las personas y su utilidad en el mundo del trabajo”.  En los últimos años las universidades públicas han hecho esfuerzos importantes por vincular la teoría con la realidad, a través de prácticas profesionales, consultorías especializadas a los sectores público y privado, investigaciones de campo, pero sobre todo la reforma de los planes de estudio en función de las necesidades de los sectores y del mercado laboral.

Efectivamente, no es nuevo el punto, al contrario y eso preocupa por parecer que los cambios realizados, cualesquiera que sean, no han tenido efecto. En cambio, sí es nuevo, relativamente, eso de que el desempleo universitario crea inquietudes sociales y no aceptación de trabajos considerados menores a la calidad propia.

A través de la investigación y su aplicación  todas las ciencias, técnicas y disciplinas estudiadas por los universitarios pueden generar ideas innovadoras para los sectores productivos y no sólo esperar lo que el mercado demande;  en eso consiste precisamente el valor agregado de las Universidades en la sociedad, en forjar conocimientos nuevos para resolver y prevenir la problemática económica y social.

Suena bien lo dicho por usted, la innovación juega un papel importante y debe desarrollarse esa mentalidad de innovación tecnológica, y también de inquietud empresarial para canalizar la creatividad de las personas a volver realidad sus invenciones, saber cómo hacerlo y tener un medio ambiente propicio al éxito empresarial. Se trata de crear oferta de bienes y servicios que mejoren el bienestar, si el mercado lo demanda o no, eso lo constatará el emprendedor después.

Contrario a lo que señala el editorialista en su columna, considero que no se necesita la tendencia socialista para “confiar en la razón como la fuente del conocimiento”, porque precisamente la razón es la esencia de la humanidad y su desarrollo, lo que no conlleva necesariamente a “despreciar el desarrollo de las instituciones espontáneas”  y a confiar ciegamente en las medidas estatales en distintos rubros, inclusive se debe considerar que los países que han alcanzado un desarrollo superior lo han hecho con apoyo de un Estado responsable y democrático.

Difiero de usted o quizá no me expliqué bien. Cuando la razón es la única fuente considerada respetable, la tradición tiende a ser despreciada y surgen los grandes planes que pretenden refundarlo todo. Esto es a lo que me refiero y está presente en el nazismo y en el comunismo, como también en manifestaciones de refundaciones, como la de Chávez. Pero un buen uso de la razón, sí respeta la tradición y sus instituciones —no quiere destruir lo existente para hacerlo todo de nuevo. El racionalista extremo, por tanto, tiene a ser estatista.

La teoría económica reconoce que el mercado puede originar fallas por las que los recursos escasos no son eficientemente distribuidos, lo que puede afectar negativamente a las empresas, a los sectores sociales y al propio gobierno, y es ahí donde la labor universitaria debe estar presente, no tan sólo desde el ámbito de las ideas, sino en las propuestas viables para corregir las externalidades negativas provocadas por los llamados procesos espontáneos, otro asunto es que ciertas universidades públicas no hayan dado ese salto de presencia en los sectores social y productivo.

Sí y no. Los mercados son espontáneos y eficientes, pero desde luego tienen fallas, las que son demasiado enfatizadas con respecto a sus aciertos —un descuido grave que inclina la balanza al intervencionismo, especialmente cuando se ignora el otro lado, las fallas del intervencionismo, que también las tiene y suelen ser mayores. Es erróneo ignorar las fallas del intervencionismo creyendo que corrige perfectamente las fallas de la libertad económica.

El problema de la percepción y comprensión de las matemáticas es también añejo y puede radicar en que la enseñanza de esta ciencia es más de memorización y solución mecánica que de reflexión y método en la abstracción de la realidad.  En la actualidad casi la totalidad de las ciencias sociales y disciplinas humanistas requieren de las matemáticas, en especial de la estadística descriptiva y proyectiva, para efecto de una mayor comprensión de la sociedad y sus relaciones, y la estadística misma, como conocimiento, es producto de la razón.

Sí, desde luego. En la realidad, las pruebas abundan: los alumnos mexicanos bajo el sistema actual carecen de esa habilidad matemática y de razonamiento. Esto es especialmente marcado en las escuelas públicas básica, a cargo del estado y que pretenden sustituir a la iniciativa particular en este campo en buena cantidad de lugares, no en todos. Un buen ejemplo de los defectos del estatismo: millones de personas que no tienen la preparación para progresar todo lo que se podría.

Por otro lado, el exceso de estudiantes en estudios humanistas no es en sí mismo la causa del desempleo de los egresados, aunque se debe reconocer que la falta de planeación adecuada en la educación superior pública y privada contribuye al problema; el desempleo existe porque es un resultado natural de la productividad y la competitividad del sistema económico, lo que paulatinamente se ha agudizado en las últimas décadas, posterior a la caída del Estado de bienestar y del bloque socialista.

¿No es causa de desempleo el exceso de estudiantes de sociología, por ejemplo? Es simple oferta y demanda. Lo que usted dice no tiene sentido: para la situación presente, la que sea, la oferta excesiva de un tipo de servicio causará que éste baje de precio o sea rechazado, o las dos cosas (y si el egresado se niega a tener otro empleo menos digno, su decisión de una carrera será causa de desempleo).

¿Desempleo es resultado natural de la productividad, marcadamente posterior a la caída de la URSS? Si lo que usted dice fuese cierto, desde los 90 todo los países tendrían problemas serios de desempleo y la realidad niega eso: Canadá ofrece más empleos en ciertas zonas de los que se pueden llenar (no en ciencias humanas), EEUU mantiene su tasa de desempleo subiendo y bajando, Francia la mantiene en niveles superiores y a pesar del intervencionismo estatal.

No, el desempleo es causado por mala intervención estatal en los mercados, que complica la labor empresarial y la obstaculiza; por crisis recurrentes, como las mexicanas, causadas por un estado que maneja mal sus finanzas. Lo que usted dice no es apoyado por la realidad: vea a Irlanda, como ejemplo, o a Chile. Decir que la productividad y la competitividad agudizan el desempleo es igual a decir que los avances médicos causan mortalidad.

El resentimiento no es provocado por ciertos profesores reflexivos en la Universidad, sino que el resentimiento social lo genera el propio sistema económico;  García Gaspar afirma que  “la situación se complica con una retroalimentación entre profesores (…) y sus alumnos, a quienes inculcarán sus sentimientos de resentimiento y racionalismo extremo”, así entonces el racionalismo “extremo” (¿que se practica mucho?, ¿que es muy profundo?)  provoca resentimiento, y sin embargo históricamente el avance de las ciencias y las disciplinas se debe precisamente a la práctica “extrema” de la razón, además las sociedades más equitativas y democráticas son producto del análisis racional y la praxis de los resultados del racionalismo.

Sí existen profesores que enseñan resentimiento en contra de su sistema económico libre al que culpan de tener fallas (que las tiene) sin reparar que lo que proponen es un intervencionismo que tiene más fallas y causa más daño, aseverando cosas que no son ciertas o que son discutibles (como que el libre comercio daña y es preferible el cierre de fronteras). Y les dejan sembrado el marxismo popular que enseña odio clasista. Las sociedades más equitativas usan la razón, pero la dominan respetando valores; por el contrario, las sociedades sustentadas en la mera razón son las que han dado pie a las dictaduras utópicas del nazismo, del comunismo, queriendo establecer todo de nuevo y tirando por la borda lo ortodoxo y espontáneo.

Si los egresados de las universidades gustan del conocimiento y la cultura obtendrán herramientas personales para enfrentar mejor las condiciones favorables y/o adversas en su vida profesional.  Es claro que los estudios universitarios deben adecuarse a las necesidades del mercado, pero también deben ofrecer conocimientos que puedan eficientar los procesos del propio mercado.

Desde luego.

Para las empresas, para el gobierno y para los grupos sociales son más útiles las personas analíticas y prácticas, que sólo robots exclusivamente dispuestos a los objetivos de la ganancia económica.  La educación superior en los países desarrollados conlleva precisamente a la práctica de la razón, al análisis, al gusto por las artes y la cultura, a la lectura, lo que provoca una sociedad más reflexiva y democrática para hacer efectivo el Estado de Derecho sin cortapisas y sin privilegios gratuitos.

Vamos, vamos, que eso es una exageración. Por un lado, siendo usted economista sabe que los cálculos de utilidad son criterio para el buen uso de los recursos y las ganancias económicas son necesarias para usar responsablemente los recursos limitados. Quite usted el cálculo económico o contable y tendrá un caos de asignación de recursos. No desprecie las ganancias económicas, porque entonces destruye a esa ciencia.

Sí, la buena educación de los estudiantes conlleva eso, razón y análisis, que es precisamente lo que falla en los estudiantes mexicanos gracias a un sistema estatal sin cálculos de utilidad y que por eso hace perder a los padres de familia al darles a sus hijos una educación mala en un sistema sin competitividad y sin productividad. Un sistema que incluso fracasa en crear curiosidad intelectual, gusto por la lectura y causa así una sociedad con buena cantidad de persona impreperadas para ganar más y para gozar más.

En mi modesta opinión la educación superior no tan sólo debe ser humanista o solamente técnica, sino más bien debe contener los aspectos de una verdadera formación integral, que son: formación de excelencia científica, técnica o disciplinaria, para que el estudiante aprenda, comprenda, innove y aplique los conocimientos en la realidad;  la formación profesional que provea al profesional de las habilidades, aptitudes y actitudes para aplicar los conocimientos adquiridos, ofreciendo su capacidad a través de un contrato laboral o como emprendedor en la iniciativa privada; la formación cultural para que se adquiera una visión más amplia de la realidad y que los egresados no sólo se conformen con la información que ofrecen los medios de acuerdo a intereses creados;  y la formación democrática y ciudadana para que los egresados  sean participativos, cooperativos y proposititos en la sociedad, para combatir los vicios que existen en los sectores sociales y productivos.

Sí, todo eso es loable, pero resulta que no se logra y queda en intenciones nada más. El capital humano es uno de los mayores factores de desarrollo y de creación de riqueza, sin duda el mayor de todos y él está en manos del gobierno, en porcentajes que rondan los 90%. Salen preparados de la primaria con bases endebles por una acción estatal que cuesta con recursos que son usados sin utilidad económica, que no dan a los alumnos lo que cuesta su educación. Un buen ejemplo, relumbrante, de las fallas del intervencionismo estatal y de las que pocos profesores hablan.

Gracias.

José María González Lara

Profesor de la Facultad de Economía de la UAdeC.





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