Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Difícil de Desmantelar
Eduardo García Gaspar
6 abril 2006
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


El embrollo es grande, pero en el fondo es una cuestión de sentido común. Piense usted en los hijos consentidos con padres que les dan todo lo que piden: juguetes, viajes, comidas, coches… lo que el hijo quiera. Más desde luego, sobreprotección: si choca con el auto jamás tendrá la culpa, si reprueba tres materias se va con el profesor a exigir que sea aprobado.

Los hijos convertidos en monstruos fabricantes de caprichos sin responsabilidad. Eso crean los padres sobreprotectores que dicen que sí a todo los que los hijos piden.

Eso mismo pero a escala nacional es lo que crea un estado de bienestar. El gobierno benefactor produce ciudadanos malcriados por millones. Ciudadanos a los que les dio útiles escolares, pensiones a los 55 años, pensiones alimenticias, leyes laborales sobreprotectoras, seguro de desempleo…

Es el problema del ciudadano echado a perder, caprichoso, antojadizo, vano, que llora y patalea cada vez que se le quiere retirar un dulce o elevar la edad de jubilación o retirar la defensa contra despidos. El pataleo de un niño malcriado, por tanto, tiene mucho en común con las protestas en Francia por el contrato de primer empleo, en Inglaterra por la elevación de edad de jubilación y en México por lo mismo en el IMSS y otras empresas estatales.

Es un ciclo de enfermedad que comienza con la existencia de gobernantes que creen que un gobierno debe ser el responsable de la felicidad de sus ciudadanos, cuidándolos desde que nacen hasta que mueren. Sigue con una porción de la ciudadanía que se vende a las promesas de regalos gubernamentales, como pensiones alimenticias o regalos de útiles escolares. El proceso se mantiene acostumbrando a los ciudadanos a ser clientes del gobierno, el que sigue regalando más y más, hasta que llega la siguiente etapa.

Los fondos comienzan a escasear y hay previsiones de imposibilidades futuras. La sola posibilidad de cambiar las cosas crea manifestaciones y marchas: los niños malcriados no quieren que se les quiten los regalos, se rehusan a ser responsables y valerse por sí mismos. Quieren más y se vuelven violentos.

Y entonces suceden una de dos cosas. O se cae todo el sistema y se hace ingobernable. O comienzas los cambios, a veces poco a poco, a veces de golpe, lo que les permite sobrevivir en una situación más acoplada a la realidad: su fantasía se ha roto y el irresponsable comienza a regenerarse.

Con diferentes dosis eso es lo que ha sucedido en muchas partes. En la Suecia de los años 60 hasta los 80, o algo así, se mantuvo la fantasía. El gobierno encargado de todo y proveedor de servicios para todos. Gratuitos en apariencia, los gobiernos benefactores necesitan recursos enormes y se hacen de ellos por la vía de los impuestos.

La situación es paradójica: cuando vas a un hospital no te cobro por el servicio y eso suena maravilloso… pero la verdad es que la cuenta del hospital la cobré antes de que fueras allí, por medio de impuestos enormes. El punto al que quiero llegar es sencillo. El establecimiento de un estado de bienestar será recibido en medio de vítores descomunales y gran popularidad, pues en apariencia todo se recibirá gratis: hospitales, educación, pensiones, alimentos, energía.

Así se creará la generación de ciudadanos irresponsables que saldrán a las calles a protestar ante la menos amenaza de retiro de sus regalos. Establecer un estado benefactor es sencillo y será aplaudido. Desmantelarlo es otra cuestión muy diferente. Más difícil y áspera, llena de violencia y protestas.

El punto es importante para México en los momentos electorales ya que en las promesas electorales de todos los candidatos se dan las promesas propias de un estado benefactor, ésas que producen ciudadanos dispuestos a vender su voto a quien más prometa. El gran tema detrás de esto es el de la verdadera función de un gobierno. Unos apoyan la noción del estado benefactor.

Otros apoyan otra idea mejor, la del gobierno que no se encarga de la felicidad de nadie, sino que se limita a crear las condiciones más propicias para que cada quien sea responsable de buscar su propia felicidad. Usted va a decidir esto en las siguientes elecciones.

POST SCRIPTUM

• Lo anterior recuerda la gran idea del hombre masa, de Ortega y Gasset, José (1995). LA REBELIÓN DE LAS MASAS [1930]. Barcelona. Planeta DeAgostini. 8439544898. Existe un resumen de su idea central aquí.

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