Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Discriminación, Una Definición
Leonardo Girondella Mora
8 agosto 2006
Sección: DERECHOS, Sección: Análisis
Catalogado en:


Una recopilación de los artículos de un célebre economista en Business Week ha sido publicada en el libro  de Becker, Gary Stanley, Nashat, Guity (1997). THE ECONOMICS OF LIFE. New York. McGraw-Hill. 0070059438.

Un muy interesante artículo de esa serie es el titulado The Evidence Against Banks Doesn’t Prove Bias, es decir, la evidencia contra los bancos no prueba sesgos (de discriminación).

Allí, Becker define a la discriminación en las actividades económicas como la renuncia voluntaria a utilidades, ingresos y sueldos para satisfacer prejuicios —tomo elementos de los Becker y añado los míos.

La idea es clara, pues puede verse en la negativa de un empleador para contratar trabajadores de un segmento de la sociedad aún a pesar de que esos trabajadores le produjeran mayores ingresos que los de sus trabajadores actuales.

El otro lado de la moneda también es claro, una persona que se rehúsa a trabajar dentro de un grupo en el que tuviera mejor sueldo, haciéndolo por razones de no querer mezclarse con ese grupo, es otro caso de discriminación.

Igualmente, habrá  discriminación en el caso de un banco que se niegue a dar préstamos a un grupo social concreto a pesar de que ese grupo es una buena fuente de negocio.

Este es un buen punto de partida, pues se tienen los elementos centrales de un proceso económico. Existen dos personas, cliente y proveedor, empleado y empleador. Y existe también un principio de acción, la existencia de un beneficio máximo para ambos dentro de un intercambio.

Si cualquiera de esas personas no aprovecha ese beneficio  —y lo hace por cuestiones que tienen como razón el desprecio a algún grupo social, entonces, según esa definición, se está en presencia de un acto discriminatorio.

Por ejemplo, un hombre soltero puede ganar mensualmente 5 mil pesos en una tienda de departamentos pero no acepta ese trabajo y se emplea en una oficina ganando 4 mil; la razón de esa extraña decisión es la percibida existencia de una gran cantidad de empleados homosexuales en la tienda de departamentos y él no desea estar cerca de ellos todos los días.

Algo similar puede pasar con un empleador que se niega a contratar mujeres a pesar de con ellas gastar menos en salarios y tener, por eso, una mayor utilidad.

La esencia del caso puede ampliarse a la situación de una discoteca en cuyas puertas los empleados seleccionan a las personas que hacen fila para entrar sin respetar el orden de llegada, sino siguiendo una selección posiblemente guiada por la apariencia física de los clientes.

Podría argumentarse que el establecimiento pierde dinero al no aceptar la inmediata entrada de quien está en fila, pues ese tiempo es dedicado a esperar que llegue la gente “correcta”.

La esencia central de estas situaciones de discriminación es la existencia de las dos partes de un posible intercambio económico y la no realización de ese intercambio juzgado como el óptimo por razones que tienen que ver con una actitud negativa ante algún tipo de persona.

Lo que trataré de hacer es demostrar que la definición es en realidad algo mucho más complicado que eso, lo que me llevará a señalar la importancia de tener una clara idea acerca de la naturaleza humana —si es que se quiere evaluar una conducta humana.

Es decir, un análisis meramente económico por necesidad lógica implica la aceptación, explícita o no, de una concepción humana.

¿Existe una decisión lógica única?

Si un empleador renuncia a mayores utilidades por causa de su negativa a aceptar mujeres en su planta, de acuerdo con lo anterior se tendría un caso de discriminación.

En más detalle, la situación sería la siguiente. Una empresa tiene diez empleados, todos hombres, y cada uno de ellos gana 10 pesos mensuales, lo que totaliza un gasto de 100 pesos.

Las ventas de esa empresa son de 300 pesos, los costos de personal son de 100 y el total del resto de los costos es de 100; eso deja a la empresa con 100 pesos de utilidad.

La hipótesis es que existe la posibilidad de contratar mujeres en lugar de esos hombres y que las 10 mujeres estarían dispuestas a ganar menos que los hombres, por ejemplo, 5 pesos mensuales, la mitad que los hombres.

De contratar mujeres, esa empresa estaría en una situación aún mejor, pues con ventas de 300 pesos, costo de personal de 50 y el resto de los costos de 100, su utilidad será de 150 pesos.

Empleando hombres su utilidad es de 100, pero empleando mujeres esa utilidad es de 150 pesos. Si a pesar de eso, la empresa contrata hombres solamente, se estaría en presencia de una situación de discriminación.

El ejemplo es extremo y necesariamente simplificado para hacer así claro el caso. Desde luego, se parte de la hipótesis de que ambos grupos, mujeres y hombres, tienen la misma capacidad para realizar ese trabajo. Si eso es cierto, entonces habría un diáfano caso de discriminación.

Esta hipótesis es la que lleva a la necesaria intervención de un elemento obligatorio de considerar —el juicio del empleador, el del empleado, el del cliente y el del proveedor que renuncian a una utilidad máxima obedeciendo a prejuicios personales.

¿Por qué se niega el hombre a ganar más en la tienda de departamentos y prefiere ganar menos en una oficina? ¿O, porqué la discoteca niega la entrada a personas con cierta apariencia?

El análisis de una situación así implica primero aceptar que existe una solución racional, lógica y objetiva en cada situación. Esa solución, que es fácilmente vista por todos, es la de la maximización del ingreso.

Entre dos empleos que puede realizar una persona, la decisión obvia es la de aceptar el trabajo que represente la mayor cantidad de sueldo. Es preferible contratar a los trabajadores que haciendo el mismo trabajo acepten sueldos menores. Este criterio de solución se produce haciendo unos sencillos cálculos inmediatos y aparece como la solución real.

Si un restaurante abre, aceptará a quien sea el comensal que llegue, pues resultaría tonto tener una mesa desocupada esperando a que lleguen los clientes de apariencia mejor que aquél que ya ha entrado. Aceptar la existencia de ese criterio objetivo es inevitable y útil a pesar de que pueda ser criticado por quienes se revelan en contra de la noción de un homo economicus.

Esa solución racional proviene necesariamente de un cálculo realizado por quien toma la decisión de aceptar un trabajo o darlo, de aceptar a un cliente o rechazarlo.

Es decir, se trata de una decisión personal y por eso, subjetiva que incorpora en ella cálculos de costos que no son tomados en cuenta por esa solución racional. Eso puede ser fácilmente demostrado con el caso del empleado que rechaza trabajar en la tienda de departamentos —él prefiere ganar menos que trabajar allí.

Igualmente, el empleador ha rechazado una utilidad mayor al preferir contratar hombres y no mujeres.

Si la solución que he llamado racional es la aceptada como criterio único, entonces debe aceptarse una decisión equivocada por parte de esas personas, pues han actuado fuera de la razón lógica. Pero si se acepta una valoración subjetiva, entonces la decisión de la persona puede ser absolutamente lógica.

Hay por tanto necesidad de ir dentro de la persona y entender sus razones.

Puede ser que el empleador que no contrata mujeres a pesar de que con eso gana menos, tenga algunas razones que lo hagan plenamente justificable según él –quizá piense que las mujeres son en general personas menos estables en su trabajo y que eso le representa mayores gastos de capacitación que si contrata hombres, o tal vez tenga la idea de que las mujeres no serían vistas con respeto por parte de sus clientes quienes prefieren tratar con hombres.

También puede ser que este empleador sea un misógino empedernido que de verdad odie al género femenino, o que tenga la vaga noción de que las mujeres hablan demasiado y nunca se quieren quedar a trabajar horas extras por tener que salir a cuidar a sus familias.

La variedad de posibilidades de bases de decisión es infinita –y todas ellas están dentro de la persona que decide una acción.

El hombre que rechazó trabajar en una empresa que según él tiene demasiados homosexuales puede justificar esa decisión por motivos numerosos. Quizá crea que en ese medio ambiente no podrá tener amistades que sean aceptadas por sus demás amigos —o tal vez piense que esos empleados no compartirán sus aficiones por el deporte, o incluso puede percibir que él será sujeto de burlas ocasionadas por no ser homosexual.

De nuevo, solamente entrando a la mente del tomador de decisiones es posible entender su razón.

Desde luego, en el exterior es posible percibir la realidad que es el contraste entre la solución racional y objetiva contra la decisión efectivamente tomada.

Es obvio que para el hombre que no aceptó el puesto en la tienda de departamentos, él ha valorado el costo de no trabajar en un ambiente que le disgusta en al menos la diferencia de sueldos entre un lugar y otro.

También el empleador ha puesto en la superficie muy visiblemente el costo que acepta, pues existe un costo en la contratación de mujeres que él ha valorado en al menos la diferencia de las utilidades que tendría si las contratara.

En resumen, existen varias soluciones posibles en las tomas de decisiones de las personas y no una sola. Sí puede aceptarse la existencia de una solución objetiva y racional, a la que es posible llegar haciendo cálculos comprensibles para todos, pero, sin embargo, debe también aceptarse la existencia de soluciones subjetivas que se alejan de la solución racional.

La distancia entre la solución racional y la decisión subjetiva puede ser una medición del valor subjetivo que la persona da a algo que ha afectado su decisión. Es ese algo lo que más interesa examinar.

Dos personajes en dos situaciones

Las situaciones planteadas más arriba implican la existencia de dos situaciones, cada una con dos personajes que toman decisiones.

En la situación de contratación de personal, están el empleado y el empleador. El primero de ellos toma decisiones sobre el lugar en el que trabajará y el empleador tomará las decisiones respecto a qué personas emplear. Es razonable suponer que ambos buscarán la decisión de mayor provecho personal —la que sea de acuerdo con los criterios de decisión de cada uno de ellos.

En la situación de ofrecimiento de bienes, están el cliente y el proveedor. El cliente toma decisiones sobre aquello que va a adquirir y el proveedor toma decisiones sobre lo que va a ofrecer, para lo que es también razonable suponer que tomarán la decisión que más convenga a sus propios intereses.

Esto supone la existencia de seres autónomos y capaces de razonar por sí mismos —lo suficiente como para tomar una decisión. Si todos los personajes tienen iguales derechos, ellos deben poseer simetría de posición, es decir, estar en la posición de aceptar o rechazar a su contraparte.

En concreto, si un cliente tiene el derecho a una selección libre de compra, por ejemplo, entre varios restaurantes no podría negarse sin dificultades el mismo derecho al propietario del restaurante para seleccionar a su clientela.

Lo mismo, si un  empleado posee la libertad de seleccionar a la empresa en la que prestará sus servicios, por simetría de derechos debe aceptarse que el empleador tiene la libertad de seleccionar a quien sea que acepte para trabajar en la empresa.

Este razonamiento choca frontalmente con la costumbre políticamente correcta de aceptar la libertad de decisión del cliente y del empleado, pero considerar discriminación a la misma libertad del proveedor y del empleador.

Aceptar la condición de libertad de ambas partes —las dos en una posición simétrica de derechos, lleva a considerar el nivel de interés de ellas dos en la realización de un intercambio. Necesariamente debe aceptarse la existencia de un interés previo de ambas partes, antes de realizar la operación.

Ese interés personal es el algo que debe analizarse y que puede distanciar a la decisión real de su solución racional.

Un cliente potencial de un restaurante considerará varias opciones y seleccionará la que según él sea la más conveniente bajo una serie de criterios que él tiene, por ejemplo, cercanía del lugar, precios, tipo de comida, lugar de estacionamiento y muchos más, como experiencias previas, recomendaciones de amigos, críticas de periódico y demás.

El propietario de un restaurante seleccionará a su clientela lo quiera o no al tomar decisiones de negocios, como el lugar, el tipo de comida, los precios y muchos aspectos más, como publicidad, ambiente y decoración.

En ambas decisiones, por tanto, hay por tanto, criterios de selección inevitables. El restaurante chino discrimina contra quienes no gustan de esa comida, contra quienes viven lejos de él, contra quienes no desean pagar sus precios y demás.

El cliente también discrimina contra los restaurantes que tienen ciertos precios, que no están en sitios cercanos y demás. Esto puede verse como un proceso de ajuste entre los criterios de decisión de ambas personas, quienes toman una decisión de aceptar el intercambio mutuo cuando se dan las condiciones de una coincidencia de criterios.

La posición del empleador y del empleado presenta la misma naturaleza —que es la de un intercambio al que se llega de mutuo acuerdo.

La empresa que tiene como criterio la selección de una persona a contratar que sea graduada de ingeniería mecánica, con un cierto sueldo para trabajar en un lugar determinado, está haciendo una selección implícita, pues discrimina en contra de quienes han estudiado marketing, química y otras carreras, contra quienes no aceptarían ese sueldo y demás.

El empleado utiliza igualmente criterios de selección, como sueldo, tipo de empresa, lugar del trabajo y otras más. La decisión de intercambio mutuo resulta cuando se da la coincidencia de criterios buscados por ambos.

Dije más arriba antes que existen varias soluciones posibles en las tomas de decisiones de las personas y no una sola; y que sí puede aceptarse la existencia de una solución objetiva y racional, a la que es posible llegar haciendo cálculos comprensibles para todos, pero que también debe aceptarse la existencia de soluciones subjetivas que se alejan de la solución racional o meramente económica.

La distancia entre la solución racional y la decisión subjetiva puede ser una medición del valor subjetivo que la persona da a algo que ha afectado su decisión —y es ese algo lo que más interesa examinar. Este examen estará basado en los criterios personales de las partes involucradas en un intercambio.

Es decir, se ha dado un paso adicional al reconocer que lo que puede alejar a la decisión real tomada por una persona de la decisión racional es la serie de criterios de decisión que sean considerados por cada persona en cada momento.

Entrar a los terrenos de los criterios de decisión será una invaluable ayuda para comprender decisiones concretas y evaluarlas. Más aún, así podrá verse con claridad la inevitable suposición de que las decisiones económicas y humanas en general parten de una manera de entender al ser humano.

Este escrito, por ejemplo, ha partido de la idea de que el ser humano es por esencia libre, racional e igual en derechos, pues tiene criterios de decisión que utiliza para llegar a acuerdos mutuos con otros, sin que medie la fuerza, y cuando los criterios de ambas partes concuerdan entre sí. Ese algo que debe ser explorado es el de los criterios de decisión.

Los criterios de decisión

La toma de una decisión, sea la que sea, en economía y otros terrenos, requiere como paso previo la existencia de criterios.

Los criterios son guías de muy variada naturaleza que permiten entender una situación particular con el resultado final de una decisión, la que sea. Los criterios pueden ser vistos como faros de luz, como brújulas, que permiten decidir un curso de acción —sea la selección de una marca de cigarrillos, o la  compra de un automóvil. Es intuitivo aceptar que la lista de criterios de decisión debe ser compleja y numerosa.

Es posible pensar en criterios específicos de una decisión y criterios generales, al igual que pueden verse criterios internos y externos, propios y ajenos, temporales y de muchos tipos más.

Comprar una simple camisa, por ejemplo, puede involucrar criterios como el gusto personal, la marca, el precio, el lugar de compra, la amabilidad del dependiente, la disponibilidad de tallas, el largo de las mangas, el uso que se le dará, la facilidad de lavado y planchado, el material, la posibilidad de combinación y muchas más.

Más aún, esos criterios tendrán variaciones temporales, pues quizá sea más probable la compra de una camisa cara cuando se ha recibido una promoción en el trabajo que cuando eso no ha sucedido —quizá influya en la compra la existencia de alguna rebaja, la experiencia previa favorable con otra camisa de la misma marca y muchas variables más.

La decisión estará afectada claramente por los estilos de toma de decisiones y los valores personales —una camisa no tiene iguales probabilidades de ser comprada por un joven que por un anciano, por un avaro que por un espléndido.

Es razonable aceptar que existen una gran cantidad de criterios de decisión que afectan a los intercambios de manera directa e indirecta, que pueden o no ser temporales y que, adicionalmente, tienen prioridades diferentes en cada persona. La marca de la camisa puede ser muy importante para algunos, mientras que para otros no lo sea.

Se tiene, por tanto, una complicada lista de criterios de decisión que son cambiantes en el tiempo y que pueden cambiar su jerarquía dependiendo de las personas y sus circunstancias específicas.

Al amparo de lo anterior puede concluirse que sería extraordinariamente raro que dos personas coincidan en sus decisiones y, desde luego, se esperaría una amplia cantidad de decisiones distanciadas de la decisión óptima calculada; todo por la sencilla razón de la existencia de gran cantidad de criterios con diferentes ponderaciones de importancia personal y bajo circunstancias cambiantes..

Bibliografía

Becker, Gary Stanley, Nashat, Guity (1997). THE ECONOMICS OF LIFE. New York. McGraw-Hill. 0070059438. La definición de discriminación se encuentra en la página 119.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



2 Comentarios en “Discriminación, Una Definición”
  1. Contrapeso » Explicaciones, no Modas
  2. Contrapeso » El Negro y la Loción Bronceadora




esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras