El peligro de la solución democrática. Cuando usted solo tiene un martillo, por todas partes se ven clavos. Cuando usted solo tiene democracia, por todas partes se ven votos. La democracia y el martillo tienen en común una cosa, son solamente herramientas no perfectas.

Suponer que sirve para todo

La democracia ha sido exaltada a tal nivel que se cree que ella es la solución a todo problema. Este es el peligro de toda solución democrática. No, la democracia es una herramienta para lograr las libertades.

En las partes siguientes examino algunas de las facetas que toma la distorsión de la democracia y que la cree una solución universal de toda situación.

Cuando todo se reduce a votar

La democracia se mal interpreta cuando es definida como el sistema de votos que respeta las decisiones de la mayoría y que eso es la solución perfecta en política.

Ella es bastante más que hacer lo que la mayoría diga. La democracia un sistema de preservación de libertades y de defensa contra abusos de autoridad. El voto ciudadano es una de las partes de la democracia y no la más importante de ella.

En una dictadura, los ciudadanos están bajo el poder del dictador y sujetos a los abusos de su autoridad. En la democracia puede suceder lo mismo cuando los ciudadanos están bajo el poder de la mayoría, sujetos al abuso de su poder.

El tema ha sido tratado desde hace siglos y existe consenso en ese sentido: la democracia entendida como la voluntad mayoritaria es otro sistema dictatorial. Aún más terrible.

Dictadura de la mayoría

Este peligro de la solución democrática es el de caer en la dictadura de las mayorías. Es real cuando el voto es entendido como la forma perfecta de resolver todo conflicto.

La realidad es que la democracia es un sistema que tiene un objetivo claro: evitar abusos de poder por parte de la autoridad. Y para lograr eso tiene una estrategia central: separar los poderes que pueden realizar esos abusos cuando ellos se unen.

Por esta razón, se separa a las iglesias del gobierno. Y el gobierno se separa en tres poderes distintos. Y se tienen sistemas federales y se hacen elecciones periódicas y se aplica un régimen de mercados libres.

Las elecciones son una parte de la democracia, no son la democracia. Es por esto que un presidente elegido legítimamente no necesariamente significa un sistema democrático. Si en ese sistema no hay división de poderes, no será democrático.

Es la libertad, no la democracia

Exaltar a la democracia como la solución de todo por medio del voto es un error de consecuencias serias. Ella es únicamente la herramienta que se ha encontrado para defender las libertades. Lo que se debe exaltar es la libertad y no la democracia.

No hacerlo es un error que conduce a la dictadura, especialmente cuando la democracia se define como la voluntad mayoritaria. Un peligro de la solución democrática mal entendida.

Esta voluntad mayoritaria es una sub-herramienta de la democracia para defender la libertad.

Ideas de otros sobre el tema

Polibio dio como razón del poderío romano a un gobierno mixto, con elementos monárquicos, aristocráticos y democráticos, donde puede adivinarse una esencia de división del poder (véase Strauss, Leo, Cropsey, Joseph (1987). History of political philosophy. Chicago. University of Chicago Press, p. 164).

El mismo punto esencial es el de Montesquieu, cuando justifica a la democracia como un sistema de defensa ante los abusos de autoridad.

En otro tratamiento del tema, Popper señala a la democracia como una herramienta basada en la posibilidad de cambiar de gobierno por medios no violentos asegurando a la población contra errores de gobierno.

Y, desde luego, es muy relevante la idea de Lord Acton, de que «Es malo ser oprimido por una minoría, pero es aún peor ser oprimido por una mayoría».

«El arrepentimiento de los atenienses llegó demasiado tarde para salvar a la República. Pero la lección de su experiencia perdura para siempre, ya que enseña que el gobierno de todo el pueblo, siendo el gobierno de la clase más numerosa y más poderosa, es un mal de la misma naturaleza que la monarquía sin mezclar, y requiere, por casi mismas razones, instituciones que lo protegerán contra sí mismo y mantendrán el reinado permanente de la ley contra revoluciones arbitrarias de opinión». Lord Acton, The history of freedom and other essays.

Cuando todo se quiere democratizar

Si todo lo que en la mente se tiene es democracia, entonces todo se cree posible de resolver a fuerza de democratizarlo. Nada resultará excepcional a esa mente que supone que la regla universal es democratizar lo que se ponga enfrente.

La democracia aplicable en la política, también es posible de aplicar, nos dicen, en la economía, en el arte, en la cultura, en la familia, en el matrimonio, en la educación.

Es el peligro de la solución democrática universal. Nada se salva. Todo se debe hacer democrático para ser bueno. No hay excepciones posibles, nos insisten.

El problema es el natural. No dicen qué es eso de democratizar la cultura, ni la educación. Por lo tanto, democratizar todo eso es una frase vacía, que cada quien entiende como se le da la gana.

Democratizar la educación

Tome usted, por ejemplo, el caso de la educación que debe volverse democrática.

Unos van a entender eso como el ofrecer opciones educativas, variadas y diversas, para que las personas seleccionen entre ellas la que más les acomode a sus necesidades.

Otros, en cambio, van a entenderlo como el poder de los alumnos organizados en asociaciones para fijar planes de estudio y aprobar o rechazar profesores.

Son cosas muy distintas y las dos son «democráticas».

Democratizar la cultura

Por supuesto, puede y debe hacerse. Basta con dejar que las personas tengan facilidad para ofrecer opciones de cultura entre las que las personas seleccionen su preferencia.

Por ejemplo, tener más cadenas de televisión, o dejar libres a los artistas para que hagan lo que ellos crean que tendrá éxito en la votación de la preferencia.

Todo lo que hay que hacer es dejar en libertad a las personas para que creen, produzcan y ofrezcan cosas entre las que las personas seleccionan lo que quieren.

Sin embargo, el peligro de la solución democrática es que puede entenderse como la voluntad de la mayoría que vota, por ejemplo, no publicar un libro, o censurar una estación de radio, o cancelar un curso de Libre Comercio en una universidad.

¿Puede todo ser democratizado para mejorarse?

No. Por ejemplo, democratizar la religión. Puede lograrse por medio de la libertad religiosa, lo que es bueno. Pero democratizar una religión en concreto, digamos, el Catolicismo, ya es otra cosa. Sus creencias y valores no están sujetos a votaciones democráticas. Usted las acepta o no, ya eso es todo.

Democratizar a la familia es similar. Puede verse como la posibilidad de que sus miembros puedan hablar y opinar (si es que tienen la madurez para hacerlo). Pero puede ser entendido de otras maneras también, incluso como un sistema de votos.

En fin, esos que a todo quieren democratizar pueden llevarse una sorpresa. No todo encuentra solución en el voto de la mayoría. Creer en una solución democrática para toda situación es un peligro que lleva a la dictadura de la mayoría.

Cuando la democracia se toma como un estilo de vida

Ha sido propuesto que la democracia se entienda como una forma de vida, como un estilo de vida, una manera de ser que es deseable en todas las personas.

Esta idea, como resulta obvio, exalta a la democracia a un nivel muy alto. Tan elevado, que deja de ser un sistema político para convertirse en un estilo de vida que se inculca en escuelas.

Al alumno se le instruye en tener una vida democrática.

El estilo democrático de vida

La definición de un estilo de vida democrático está dada por una serie de elementos, como los siguientes:

  • participación en los asuntos de interés público y político.
  • ser tolerante ante diferencias con otros.
  • valorar la libertad, la justicia, la solidaridad con otros.
  • preferir el diálogo a la violencia.
  • aceptar responsabilidad por acciones propias.
  • conocer y estar informado sobre los sucesos de interés público y político.

En resumen, tener un estilo de vida democrático es vivir de acuerdo con esos principios. Y es un estilo deseable en todas las personas que viven dentro de una sociedad.

Una precisión

Una vez explicada la idea de la democracia como un estilo de vida, procedo ahora a hacer una observación. Con eso resalto el peligro de la solución democrática que todo pretende resolver así.

Todas esas cualidades y principios «democráticos» son en realidad una lista de rasgos deseables en una persona. Es una relación de características admirables. No puede argumentarse en contra de ninguna de ellas.

El problema radica en que todas esas cualidades sean calificadas como un estilo de vida democrático. Se trata de rasgos deseables en sí mismos y que artificialmente se han etiquetado como democráticos.

Esos principios son admirables y deseables, dentro y fuera de arreglos democráticos. Son más amplios y tienen mayor cobertura que el sistema democrático.

Una exageración democrática

El estilo de vida democrático es una exageración de la idea de la democracia. Estar informado, amar la libertad, participar en asuntos públicos, y todas las demás son cualidades positivas en toda persona y van más allá del ser democrático o no.

La democracia es más limitada que esos valores. Ella es tan solo un arreglo político que establece mecanismos para la limitación de los abusos del poder estatal y eso es todo.

El mecanismo central de la democracia es la división del poder gubernamental por funciones legislativas, judiciales y ejecutivas, además de la división en el tiempo que evita gobiernos sin límite. Eso es básicamente todo: un simple mecanismo político, no un estilo de vida.

Entender a a la democracia como un estilo de vida contiene un riesgo considerable: el olvidar qué es en realidad la democracia como arreglo político. Y creer que con ciertas cualidades personales ya se tiene democracia.

No, por muchas cualidades personales que se tengan, eso no significa vivir bajo una democracia. Ella es realmente una forma de estructura política, no un estilo de vida.

• Sin embargo, el sistema democrático sí necesita la comprensión de ciertas ideas que las personas deben aceptar para tener una democracia que funcione.

Un mejor análisis de los valores que las personas deben tener en un sistema democrático exitoso es el de Novak, Michael. Dice Novak que en una democracia es necesario que las personas acepten la idea de la verdad, si es que quieren dialogar provechosamente; que deeben aceptar ser oposición leal, que es saber ceder sin actitudes de imposición; y entender que la perfección es imposible, que las minorías deben ser respetadas.

Peligro de la solución democrática: estilo de vida

Las cualidades «democráticas» expuestas no son exclusivas de la democracia, sino virtudes generales consideradas admirables, dentro y fuera de la democracia.

Suponer que la democracia es un estilo de vida debilita el real significado de ella al confundirla con una lista de rasgos positivos del ser humano.

La democracia necesita cualidades más específicas para que funcione, un aspecto que olvida la idea de la democracia como forma de vida.

Cuando la democracia se aplica a la familia

La familia, como todo en la sociedad, debe ser democrática. La frase está vacía porque «democrático» nada realmente específico significa por sí mismo.

La familia democrática, se dice, es una que la que los hijos pueden expresarse con ideas opuestas a las de sus padres. Esa en la que los hijos pueden llevar la contra a sus padres sin consecuencias graves al menos.

Se dice también que las escuelas deben ser democráticas: una escuela en la que los alumnos pueden expresas sus ideas a pesar de que estén en contra de los directores y profesores.

Un problema obvio

No suena mal y tiene su apariencia agradable. Pero ha un peligro en la solución democrática llevada hasta la familia.

En una familia con una hija de tres años, y un hijo de ocho. No puede aplicarse mucho la idea de la libertad de expresión para que ellos le digan que no están de acuerdo con sus ideas.

Aplican mucho más otras ideas, especialmente las de enseñarles disciplina, esfuerzo, responsabilidad y similares. Incluso a pesar de que no están de acuerdo ellos dos.

Otra familia, con dos hijos, una de 16 y el otro de 19. Ya no se tratan igual que a infantes, se les deja deja hablar, se razona con ellos, pero se mantiene la idea de la enseñanza de la disciplina y el esfuerzo.

Esos hijos son aún muy jóvenes como para tener opiniones sólidas y, sobre todo, para anticipar las consecuencias de sus actos.

Podrán hablar expresando sus ideas, pero de allí a que la familia deba ser democrática y regirse por el voto, hay un brinco muy largo. La responsabilidad familiar es de los padres y por eso dan las órdenes que los hijos deben respetar.

Si la hija de 16 dice que piensa dar la vuelta al mundo para meditar sobre su existencia, será difícil no soltar la carcajada, una carcajada escasamente democrática.

Si el hijo reprueba tres materias en la universidad alegando que se encuentra con mucho estrés por la presión de las calificaciones, será difícil que no le llame la atención severamente. Que se ponga en el papel del que paga las colegiaturas y las diversiones del que reprueba materias.

Exaltación exagerada de la democracia

Si es buena en política, se piensa, la democracia también debe serlo en la familia, en la escuela, en donde sea. No necesariamente. Sin embargo, hay entidades que funcionan mejor sin democracia, mucho mejor. Una de ellas es la familia, otra es la escuela.

A los hijos, más aún, hay que enseñarles a saber cuando deben callar y obedecer. Si llegan a creer que en todo pueden participar, se convertirán en niños mimados e insoportables.

La democracia, en política, supone que los ciudadanos están preparados, educados, que son disciplinados lo suficiente como para saber que una opinión requiere conocimiento previo.

Los hijos jóvenes no reúnen aún esas condiciones (muchos adultos tampoco). Hacerles creer a los hijos que lo que expresan es sabio y digno, sea lo que sea, es educarlos en el mimo y la blandura. No serán adultos maduros después.

Esa idea de que la buena familia es una familia democrática, suena bien solo en la superficie. No saldrán de allí adultos democráticos, sino ciudadanos blandengues que crean merecer todo sin necesidad de esfuerzo. Otro peligro de la solución democrática universal.

Cuando se cree que la democracia es perfecta

Una y otra vez, sin temor a parecer exagerado, se cantan las virtudes democráticas sin darse cuenta de sus peligros, de sus riesgos.

Los halagos sin fin de la democracia son parte de la retórica política, pero también de la imaginación popular.

Un problema de origen

Quizá el peligro mayor de la solución democrática es suponer que es un sistema que no tiene errores ni defectos.

Nada en este mundo es perfecto ni libre de defectos. Ningún sistema político, ningún régimen económico, puede decir que es tan magnífico que no tenga errores.

Es cierto que hay sistemas políticos y económicos que son claramente superiores a otros, pero ninguno de ellos puede reclamar la magnificencia de la perfección.

Esto tiene una conclusión poco tratada. Si se selecciona al mejor de los sistemas políticos se hará muy mal si se ignoran sus riesgos y defectos. La democracia no es excepción.

La democracia no es perfecta

El más obvio es el peligro de la solución democrática universal que cree que una vez establecida la democracia, ello garantizará una vida mejor para todos.

La decepción inevitable que sigue es obvia y entonces ese desencanto producirá deseos de abandonarla y moverse a un régimen menos libre, que no es tan bueno como la democracia.

Olvido de la libertad

Otro defecto, uno menos obvio, es el olvido del fondo de la democracia, del valor en el que se sustenta.

Creyendo que la democracia es perfecta en sí misma, se ignora la columna que la sostiene, que es la libertad. Y se llega a creer posible que la democracia podrá existir sin libertad.

Definiciones a gusto personal

La democracia puede ser definida de muy diversas maneras, a gusto del que hable de ella.

Por ejemplo, puede reducirse a la creencia de tener elecciones en las que el voto sea respetado. Eso olvida la esencia de la libertad junto con las nociones republicanas.

Reducida a conteo de votos

Otro peligro de la solución democrática universal es su reducción a contar los votos los ciudadanos. Y dar una victoria incondicional a la mayoría ganadora.

Compra de votos

El ciudadano recibió un derecho a votar, pero no comprendió la obligación que ese derecho le impone: elegir a los mejores candidatos para gobernar, no a los candidatos que más dádivas prometen.

Es decir, la democracia tiene el riesgo de ser convertida en un sistema político de concurso de dádivas a la población: becas, ayudas, subsidios, tratos preferentes.

Esto tiene una consecuencia grande, pues hará que los gobiernos crezcan en poder y manejo de recursos, lo que va en contra de la mentalidad democrática que quiere gobiernos limitados.

Concluyendo

No es como para desesperar, pero sí es para entender que los halagos irreales a la democracia le hacen más mal que bien.

Creyendo que ella es una herramienta que por arte de magia todo lo hará mejor, inevitablemente producirá desencanto. Todo por no entender que a eso a lo que hay que cuidar no es la democracia, sino la libertad humana.

En donde eso no sea entendido, la democracia logrará lo opuesto de lo que se propone, el crecimiento sin medida del aparato gubernamental y, por eso, la pérdida de libertades.

Sí, es este es el peligro de la solución democrática, el suponer que un país ya tiene todo resuelto si tiene un sistema de democracia.

No, de hecho es cuando empiezan los retos y los problemas para los ciudadanos. Pueden ellos vivir en una dictadura con tan solo obedecer a sus amos, pero en una democracia tendrán ellos que valerse por sí mismos.

Una cosa más…

Las lecciones políticas venecianas ofrecen una invaluable fuente de experiencia con los sistemas políticos.