Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Comercio Justo Existe
Leonardo Girondella Mora
9 marzo 2006
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
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Si es cierto que la noción de “comercio justo” lleva algunos buenos años de existir, su aparición en México al menos es reciente y ha causado lo obvio —la incondicional adhesión de quienes no tienen bases de análisis.

Que conste que digo que no me enfrento a la idea de apoyar o no al “comercio justo” usando inferencias, sino al apoyo que recibe por parte de personas que no tienen las bases siquiera mínimas para una discusión inteligente.

Un buen ejemplo de lo que he afirmado es una columna titulada precisamente “Comercio justo” aparecida el 20 de diciembre pasado en el periódico El Norte en Monterrey, México, y en la que se hacen una serie de aseveraciones que examino a continuación.

• Dice la autora que el “mercado como instrumento económico” lleva mucho tiempo de existir, incluso antes de los tiempos romanos y griegos. No, desde mucho antes, desde que en algún momento remoto se realizó el primer intercambio voluntario entre dos personas. Peor aún, no es un instrumento económico, es un proceso, un conjunto de acuerdos voluntarios.

Luego dice que el mercado, “en su modelo actual, empobrece a los pequeños productores y campesinos que están en total desventaja ante los grandes que controlan los mercados del mundo en favor de la acumulación de riqueza y el crecimiento sólo de unos cuantos”.

La afirmación es errónea de cabo a rabo y niega lo obvio, esas empresas grandes en algún momento fueron pequeñas —y crecieron gracias a la preferencia de los consumidores, que es lo mismo que les puede suceder a los pequeños productores ahora.

Igual desventaja tuvieron antes esas empresas que las pequeñas ahora. Ignora la autora que un mercado es dinámico, no estático —lección de primera clase de economía, cuando se ven los movimientos de demandas y ofertas.

Si alguien controla un mercado, existen dos explicaciones. Una, la empresa es notablemente preferida por el consumidor y eso supone un beneficio mutuo a todos. Otra, la empresa es ayudada por el gobierno y eso se llama mercantilismo, algo distinto a mercados libres —otra lección de conocimiento mínimo de economía.

• Dice que son tres los sujetos que rigen a la economía global: “productores, intermediarios y consumidores”. Inexacto. Sólo hay productores y compradores. Los intermediarios son productores de un valor agregado, el acercamiento de los bienes al consumidor y un servicio de distribución a los productores.

• Inmediatamente afirma que los productores que “más valor aportan al ciclo son los más explotados, son 2 mil millones de trabajadores del Tercer Mundo cuyo salario oscila entre uno y tres dólares al día”. Falso en absoluto.

La autora no tiene idea de lo que dice. Cuando un productor recibe un ingreso eso es producto del valor percibido por el comprador —si alguien recibe poco es porque su producto no es valorado por el comprador y al revés. La explotación está en la mente distorsionada de quien eso escribe sin bases, ni conocimientos mínimos. La solución del que tienen ingresos bajos está en elevar el valor de lo que produce.

• Esto, dice ella, da como resultado una “injusticia estructural”, porque los pequeños productores estarán “siempre en desventaja contra el feroz mercado y que la oportunidad de enriquecerse se nulifica ante la competitividad y expansionismo de las empresas multinacionales”.

La confusión mental es digna de hacerse notar: se desea que se enriquezcan los pequeños, pero que no lo hagan los que ya lo lograron. ¿Es malo que el pequeño que ya creció se expanda y sea competitivo? Eso es lo mismo que ella solicita para los productores pequeños.

• Sobre esos débiles puntos, se hace un llamado a que consideremos eso del “comercio justo” porque es precisamente una “nueva relación, libre, directa y honesta”. No es nueva, al contrario, y se llama mercado libre, donde existen intercambios voluntarios, directos y honestos. Un mercado libre es por definición un mercado justo, en el que la libertad de productores y compradores les permite tomar decisiones para su propio beneficio.

• Esa nueva idea según ella, incorpora a tres agentes diferentes: “los productores en vías de empobrecimiento, los consumidores responsables y los intermediarios sin fines de lucro”. Veamos la contradicción. Un consumidor responsable es uno que usa su ingreso de manera decidida personalmente —puede comprar lo que desea, a una empresa grande o a una pequeña.

Pero definir como responsable a quien le compra sólo a un pequeño proveedor implica que es irresponsable el que no lo hace. ¿Gastar más en productos de escaso valor es una conducta responsable? ¿El ser un producto de escaso valor agregado impone en los demás la obligación de comprar sus artículos y lograr que él deje de preocuparse por esforzarse?

Y los distribuidores sin fines de lucro se alaban como mejores sin considerar que tienen la obligación de mantenerse por si mismos y que para eso son las utilidades. La autora se pierde en el real punto que debe enfatizar, la libertad de mercado. Que cada quien compre y ofrezca lo que quiera, que exista libertad de compra y de venta.

Si alguien quiere comprar bienes de productores pequeños, que lo haga, ésa es su decisión —y si no lo quiere hacer que no lo haga. Si los productores pequeños quieren crecer que lo hagan y se conviertan en grandes y se expandan y se conviertan en las transnacionales que serán atacadas después por quien quiere defender a las pequeñas a toda costa.

Lo que la autora muestra es demasiado común. Su desconocimiento absoluto de lo que es un mercado libre le lleva a aceptar lo que sus enemigos dicen de él y sobre eso construir lo de siempre, la supuesta superioridad moral del “comercio justo”.

El efecto evidente que logra es el contrario del que persigue y daña a lo mismo que propone. El comercio justo ya existe y se llama mercado libre, con competencia, donde si alguien quiere vender o comprar Coca-Cola, o Big-Cola, lo pueda hacer en libertad.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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