Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Consumo del Rico
Eduardo García Gaspar
17 agosto 2006
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Quizá sea sólo un impresión mía. Recientemente he escuchado más comentarios de los usuales acerca del consumo de bienes de lujo, los autos caros, los vinos de gran precio, las ropas de diseñador y todo eso que suele causar repugnancia en algunas personas.

El argumento en contra de ese consumo es el del uso alternativo del dinero gastado en esas cosas superfluas.

Vayamos a casos concretos para ilustrar la situación. Suele producir esa reacción la conducta de quienes van a jugar miles de dólares y más en Las Vegas, la compra de corbatas de más de cien dólares, o de camisas de quinientos. Gastar miles de pesos en un restaurante exclusivo o en zapatos de diseñador.

La queja al respecto de conductas como ésa es la siguiente.

Se percibe el gasto hecho al mismo tiempo que se piensa que ese mismo dinero podía haber sido usado en la ayuda a personas que en un año no ganan lo que se ha gastado en, por ejemplo, una comida. La calificación dada a conductas como ésas es directa: son acciones inmorales e injustas. La mayoría de las personas aprueban ese juicio sin mucha consideración. Todo un clisé.

Por mi parte, no estoy tan seguro de ese juicio tan drástico y que tanto agrada a los políticos tratar en sus discursos. Sí, no me agrada el exceso de ese tipo de conductas y las acciones de muchas de esas personas me parecen odiosas.

Pero no sé donde está la frontera a partir de la que una compra de ese tipo de bienes es ya injusta o inmoral. ¿Es una pluma fuente de 500 dólares una compra inmoral? ¿O tiene que rebasar los 750? Muy difícil determinarlo.

Por el otro lado, si soy partidario de la libertad tengo que soportar conductas con las que no estoy de acuerdo, como ésas. Si tengo libertad para escribir columnas como ésta, debo respetar la libertad de que otros compren una pulsera de miles de dólares.

Si alguien prohibe la existencia de esas pulseras, eso es un ataque a la libertad, la misma que tengo yo para escribir. Defendiendo a la libertad termino por defender la de quienes hacen esas compras.

Está además, en lo profundo, la teoría de los efectos no intencionales. Ese odioso consumo de miles de pesos en una comida, termina por dar empleo a meseros, cocineros, comerciantes, proveedores y demás gente que deriva sus ingresos de esos lujos.

Sin ese consumo criticable, ellos estarían sin empleo, igual que los mecánicos de talleres de autos de lujo. Prohibir esos bienes de lujo produciría el desempleo de muchos.

Y luego, también, debemos considerar a la persona separada de sus acciones. Es fácil percibir la acción de quien compra un reloj de miles de dólares y criticarla sintiéndose uno moralmente superior. Es mucho más difícil ver el resto de las acciones de la persona, las que no se ven y que pueden incluir acciones encomiables.

¿Cómo poder criticar a la persona sólo por algunas de las cosas que hace y no por el total? Esto me lleva a criticar a los críticos.

Cuando criticamos a los demás, hay algo de soberbia en nosotros: si los demás hacen cosas que reprobamos, estamos diciendo que somos superiores a ellos, que nosotros de tener ese dinero no lo usaríamos para comprar bienes innecesarios y superfluos. No me agrada esta actitud y por eso trato de evitar los juicios generales a las personas, a menos que tenga mucha información al respecto, y aún así me es difícil.

Lo que he tratado de hacer es complicar los juicios críticos de quienes ven como inmorales o injustas las compras de bienes de lujo. No es tan sencillo evaluarlas. Pero hay una forma razonable de tratar con ellas, bajo dos principios razonables.

Primero, si usted cree en la libertad humana, no hay de otra que tolerar acciones con las que usted esta en desacuerdo y una de ellas es la de esas compras. Defendiendo su propia libertad, usted también defiende ese exceso aparente.

Segundo, aceptar el otro lado de la moneda de la libertad, el de la responsabilidad personal. Las consecuencias de esas conductas aparentemente indebidas afectarán a la persona en algún momento de su vida, para bien o para mal. Es la consecuencia de la libertad humana, el tener responsabilidades personales.

Pero si usted no cree en la libertad humana, entonces hay otras opciones, como la de quitar a las personas sus fortunas para que no las usen irresponsablemente según el criterio del que se las quita.

POST SCRIPTUM

• El problema de la definición de un exceso es de tal magnitud que no tiene una solución lógica. ¿Cuántas veces se tiene que comer jamón de 300 dólares el kilo para ser considerado un exceso, una cada 5 años o dos? ¿Y de un jamón de 100 dólares? ¿Cuántas corbatas de 200 dólares son ya consideradas inmorales?

• El libro clásico de efectos no intencionales es el de Mandeville, Bernard (1970). THE FABLE OF THE BEES. Harmondsworth. Penguin. 0140400168.

• La visión cristiana es aquí reconfortante. Ella implica el juicio de Dios, un juicio perfecto a cada persona individualmente, considerando lo bueno y lo malo. Los juicios nuestros, son humanos y por ello, imperfectos: sería injusto condenar a una persona por gastar miles de dólares en un reloj ignorando el resto de sus acciones.


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