Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Elemento Humano
Selección de ContraPeso.info
24 noviembre 2006
Sección: FAMOSOS, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un texto del Rev. Robert A. Sirico, presidente del Acton Institute. Agradecemos al Acton Institute el gentil permiso de traducción y reproducción.

Un gran campeón de la libertad dejó esta vida el 16 de noviembre a la edad de 94 años. Fue Milton Friedman un economista y un pensador moral, cuya vida y obra merece ser celebrada.

En los años 70, cuando yo estaba aún enamorado de los reclamos de las ideas socialistas, alguien me dio varios libros que cambiarían el curso entero de mi vida. Entre esos libros estaba “Capitalismo y Libertad” de Milton Friedman.

En él encontré las mismas metas que yo aspiraba lograr para la sociedad, es decir, la libertad de pensamiento y asociación, participación y prosperidad económica; los medios, sin embargo, eran radicalmente diferentes a los de los diversos esquemas distributivos.

En su lugar, Friedman, valiente, claramente y de manera accesible delineó una defensa convincente de la sociedad basada en el derecho a la propiedad privada y el libre intercambio, como formas más probables para lograr esas metas. Sospecho que mi experiencia es similar a la de muchos otros.

Friedman fue un afamado economista que ganó el Premio Nobel por su trabajo técnico sobre el dinero y el ciclo económico. Mostró que una moneda estable es esencial para un sólido crecimiento económico. Incluso en este campo, apoyó a la libertad al mostrar las fallas de la planeación central monetaria y fiscal.

Su teoría de las expectativas demostró efectivamente que las personas actuando son usualmente capaces de superar a los planificadores, y que la planeación gubernamental a menudo da resultados contrarios a los que persiguen las personas en el poder. “El poder concentrado”, dijo, “no se torna inofensivo con las buenas intenciones de esos que lo crearon”.

Sus contribuciones van mucho más allá de lo que el comité del Nobel nombró. Demostró las fallas de las leyes de salarios mínimos, de las políticas mercantilistas de comercio, del control de rentas, de los monopolios públicos de educación, de las licencias profesionales estatales y de los estados de bienestar.

Fue un apasionado del tema de crecimiento económico. Argumentó que la solución a la pobreza es la expansión del capital, no la redistribución de la riqueza, y citó a un caso tras otro.

En principio, Friedman era un positivista, pero en la práctica nunca perdió la vista del elemento humano. Luchó para llegar a acuerdos con las implicaciones de la selección humana en cada campo de la vida, y sus estudios científicos le llevaron a la conclusión de que una economía libre era el medio económico hacia el desarrollo y florecimiento de la sociedad.

Conocí por primera vez a Milton y Rose Friedman (era más probable encontrarlos juntos, de tan unidos que eran), en 1990 y recuerdo el deleite que sintieron al encontrar a un sacerdote que compartía tantas de sus ideas económicas. Durante años fueron infalibles sostenes y alentadores del trabajo del Acton Institute.

Hay que tener en cuenta que mientras muchas de sus posiciones son ahora comunes en la política, hace 40 años él era por mucho un radical. Para un intelectual de su estatura y brillantez salir en defensa del liberalismo clásico era algo notable. Su llamado de clarín a repensar el mérito del control gubernamental de la economía inspiró varias generaciones a mirar más de cerca la sabiduría de los pensadores de los siglos 18 y 19.

Fue único entre los economistas, especialmente en los años 60, por atreverse a usar argumentos morales a cuenta de sus conclusiones científicas. “La única manera que jamás ha sido descubierta para hacer que cantidad de personas cooperen juntas voluntariamente es a través del mercado. Y es por eso que es tan esencial preservar la libertad individual”.

Mientras que muchos filósofos morales colocaron los asuntos de la libertad como una preocupación secundaria frente a cuestiones de igualdad y justicia, Friedman buscó llevar claridad al tema.

“El uso de la fuerza para lograr igualdad destruirá a la libertad. Del otro lado, una sociedad que coloca primero a la libertad, como una feliz consecuencia terminará con ambas, más libertad y más igualdad. La Libertad… preserva la oportunidad para los menos favorecidos hoy de ser los ricos de mañana y en el proceso, permite a casi todos, de arriba a abajo, a disfrutar una vida más rica y satisfactoria”.

Escribió para la persona promedio precisamente porque creía que las opiniones que las personas tienen de la economía son de importancia para nuestro futuro. Buscó educar a todo el que pudo. Fue un legendario profesor pero escribió en revistas y periódicos, y dedicó gran parte de su fortuna al avance de causas que eran apreciadas en su corazón.

Una caricatura de los economistas sugiere que ellos están sólo interesados en el bienestar de los negocios o en la defensa de las clases comerciales. Que este no es el caso de Friedman se ilustra en una causa que ocupó mucho de los escritos de los Friedman en la última parte de su vida: la educación de los pobres.

Desde su perspectiva, él sabía que los ricos podían cuidarse a sí mismos en la educación. Pero buscó un sistema que proveyera una manera para que los pobres pudieran escoger mejores opciones que las de escuelas fallidas. Su programa de vales educativos buscó hacer eso.

Milton Friedman no fue un confeso promotor de la unidad de la economía y la fe religiosa. Tuvimos de seguro nuestras diferencias en cuestiones de religión, específicamente en la noción de que la libertad necesita ser orientada a la verdad para asegurar su uso adecuado.

Freidman era un real discípulo de la Ilustración y temía que los reclamos de verdad condujeran a la coerción. A pesar de eso, nuestros intercambios en estas cuestiones, cara a cara o por escrito, fueron siempre amables y amigables.

Era su naturaleza el ser amable. Quienes persiguen la visión de una sociedad al mismo tiempo virtuosa y libre, encuentran sostén en su trabajo, ya que su fe estaba colocada en la capacidad de la gente libre para manejar sus vidas en ausencia del despiadado dictado gubernamental.

Vio que la libertad funciona y que la libertad es buena. Todos los que comparten su fe le están en deuda, hoy y por muchas generaciones que vienen.


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