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El Mercado de Bebés
Selección de ContraPeso.info
2 octubre 2006
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un texto de Kevin Schmiesing. Agradecemos al Acton Institute el gentil permiso de reproducción. Kevin Schmiesing, Ph.D., es research fellow del Center for Academic Research en el Acton Institute y autor de “American Catholic Intellectuals”, 1895-1955 (Edwin Mellen Press, 2002) y de “Within the Market Strife: American Catholic Economic Thought from Rerum Novarum to Vatican II” (Lexington Books, 2004).

“Provee un servicio muy deseado. Estamos haciendo felices a las personas”. De esta manera justifica el doctor Jeffrey Steinberg, director médico de Fertility Institutes, la práctica de selección de embriones por sexo, de acuerdo a un artículo de la AP del 20 de septiembre. En otras palabras, mientras la gente lo quiera, alguien debe venderlo.

Una encuesta reciente —la primera de su tipo en EEUU— encontró que casi la mitad de las clínicas de fertilidad en ese país permiten a los padres seleccionar a los embriones de acuerdo a sexo, y que 9% de las peticiones resultaron en esa selección.

Por su parte, China e India están ya enfrentando dificultades producidas por décadas de selección de sexo por medio del aborto. Los hombres superan a las mujeres por amplio margen. Esa práctica, que habría aparecido tabú en Occidente, ha mostrado ser ahora común. Los abortos suceden más pronto en el proceso y (quizá) no existe una preferencia significativa de niños sobre niñas, pero esas no son diferencias esenciales.

Uno estaría tentado a decir que este es un paso más en la dirección de la existencia de un “mercado de bebés”, en el que los padres seleccionan y escogen los rasgos que quieren o que no quieren en sus hijos, pagan a los técnicos sus honorarios y regresan felices a casa. Pero no puede decirse que este inquietante suceso se trate de “un paso más” en esa dirección —ya llegamos allí.

Hace 15 años, Juan Pablo II escribió que “Existen importantes necesidades humanas que escapan a la lógica (del mercado). Hay bienes que por su propia naturaleza no pueden ni deben ser vendidos ni comprados” (Centesimus Annus, n. 40).

La prisa en convertir en mercancía todo bien humano, lejos de ser prevenida por las palabras del pontífice, ha continuado realizándose.

Cuando yo estada en la universidad hace una década, había anuncios en el periódico del colegio solicitando donadoras de óvulos. Usualmente, especificaban el tipo de donadora que se tenía en mente: blanca, bien parecida, de alto Coeficiente Intelectual.

En julio de este año, la British Human Fertilization and Embryology Authority otorgó permiso a un centro de fertilidad para pagar a las mujeres por los óvulos que necesitaban para realizar una investigación. Antes, los investigadores dependían de óvulos donados.

Estos dos pequeños casos demuestran que el mercado para el cuerpo de las mujeres tiene dos facetas: sexo y fertilidad. Puede predecirse que el patrón del último siga el del primero. Las mujeres con familias, amigos y otras opciones de soporte financiero no venderán su fertilidad al postor más alto, como tampoco estas mujeres son generalmente las que venden sus cuerpos en las calles.

La dignidad de hombres y mujeres es mantenida por la sexualidad intrínseca dentro de una relación de amor. Cuando esa relación es separada y se crea un mercado para ello, las oportunidades de explotación crecen.

Suena cada vez más anticuado, pero solía ser que los bebés eran concebidos por actos de amor entre sus padres y eran bienvenidos al mundo por ellos con gratitud (o al menos, en  circunstancias menos ideales, aceptados como la responsabilidad que los niños significaban, por ser después de todo su propia sangre).

La idea del hijo como un don está sujeta a presión creciente para ser visto como una alternativa y a veces bajo nociones conflictivas de derecho, carga, o bien de consumo. Los deseos de los padres de salud, belleza y talento en los hijos son perfectamente comprensibles. Pero es una urgencia llevada demasiado lejos cuando los rasgos “menos deseables” en los niños son desechados en la etapa embriónica. La implicación es que un cierto niño no es merecedor de amor y aceptación, a menos que llene un perfil imaginario.

El mercado es una cosa admirable. No hay instrumento mejor para la medida de la productividad humana y el aprovechamiento del ingenio para las necesidades humanas. Pero sus ventajas se vuelven perniciosas cuando cubre a bienes humanos que nunca debieran haberse reducido a términos monetarios. La idea de un “mercado de bebés” nos debe ser repulsiva. Que exista ya uno debe causarnos alarma.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.


No hay comentarios en “El Mercado de Bebés”
  1. María Elena Rodríguez Dijo:

    Tristemente, la tendencia es a percibir estos argumentos como “cosas de los católicos”, porque, efectivamente, nos alarmamos. Lo que falta es denunciarlo a todas voces. Gracias por hacerlo aquí!





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