Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Problema del Recién Casado
Eduardo García Gaspar
27 noviembre 2006
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
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Las personas organizadas manejan su agenda con pendientes de hacer al día, a la semana, al mes. Y suelen dividir esos pendientes en urgentes, importantes y demás. Supongo que en el caso del nuevo gobierno mexicano se estará haciendo algo similar, aunque notablemente más complejo que la agenda diaria suya o mía.

Pero simplificando las cosas, quizá podamos ver algunos de los pendientes del nuevo gobierno.

La más obvia categoría de pendientes es la de las reformas estructurales. Son las medidas destinadas a modernizar al país y sus instituciones. Las conocemos de sobra y forman una ambiciosa lista.

Está por ejemplo, la reforma laboral destinada a hacer más flexible ese tipo de legislación y facilitar así la creación de empleos. O la reforma fiscal, para ampliar el número de contribuyentes, facilitar el pago de impuestos, reducir sus tasas y en general, facilitar la actividad económica. La de telecomunicaciones. Más la que a usted se le ocurra, incluyendo desde luego, el combate a la delincuencia.

Todo el objetivo de esas reformas es la modernización para mejorar productividad y a partir de eso crecer a ritmos mayores. Hasta allí las cosas no se ven demasiado complejas, pero lo son, y mucho, por la otra lista de pendientes que tendrá el nuevo gobierno, cuyo problema central es similar al del recién casado la noche de su boda: sabe lo que tiene que hacer, pero tiene que decidir exactamente cómo.

Las complicaciones surgen del medio ambiente político. Por ejemplo, las relaciones de la presidencia con el legislativo, una labor sutil y vital para concretar reformas, la que se complica por la existencia de cámaras sin dominio partidario y el PRD con franco antagonismo.

La complicación empeora por otras razones: AMLO y su “legitimidad” actúa como una piedra en el zapato que impide la velocidad deseable en la modernización.

Más y graves complicaciones vendrán de los grupos de presión. Allí hay de todo. Están, por ejemplo, los sindicatos que saben que perderían privilegios y poder si se realizan las reformas. Una reforma educativa haría perder poder a ese sindicato.

Lo mismo sucedería en caso de reformas laborales, de energía y demás. Pero a esto se une otro grupo también poderoso, el de grupos privados de presión, los que desean mantener privilegios de empresas con escasa competencia.

Todos estos grupos representan presiones corporativistas: buscan presionar a la autoridad para seguir en posiciones de ventaja artificial que les reditúan grandes rentas. Ninguna sorpresa en realidad, pero digna de ser mencionada abiertamente. Manejar esas presiones no es algo sencillo y necesita no sólo habilidad, sino valor y decisión. Pero las presiones no paran allí.

El nuevo gobierno, como todos en el mundo, tiene presiones adicionales internas en su propio partido. Los partidos políticos están formados por personas y las personas se mueven según sus motivos individuales.

Tome usted, por ejemplo a la familia Fox y póngase en su lugar: le interesará mucho tener garantías de no pasar por investigaciones posteriores, como la de muy sospechosas fortunas personales de parientes muy cercanos. Y la de algunos miembros del mismo PAN, no precisamente interesados en el éxito del ganador de las elecciones.

A lo anterior, sin duda, debemos añadir las presiones que una vez escuché calificadas de “presiones remotas”. Son las de personas que están detrás de los poderes y que no suelen aparecer en público. El nombre más frecuentemente mencionado en esta categoría es Carlos Salinas, pero no es el único.

En fin, vuelvo al problema del recién casado: saber lo que se tiene que hacer, pero tener que decidir cómo hacerlo para ser exitoso, esa noche, y el resto del tiempo.

La modernización es la meta y urge para poder hacer prosperar al país a tasas más elevadas. Pero realizar eso implica considerar las circunstancias y manejarlas, es decir, las presiones. No es sencillo y requiere dos componentes, ninguno de ellos exhibido por Fox.

Me refiero a habilidad política, que es el manejo de presiones para llegar a metas. Y el otro componente puede llamarse agallas, valor, decisión, aunque quizá en nuestro lenguaje existan otras expresiones de mayor riqueza descriptiva.


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