Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Requisito Esencial
Eduardo García Gaspar
28 junio 2006
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Si la misión fuese encontrar una sola virtud para gobernar, la más necesaria de todas, creo que el consenso indicará que esa virtud es la prudencia. Esa rara combinación de hábitos que guía a la conducta para hacer lo correcto previendo las consecuencias futuras de las acciones propias.

La prudencia es mucho más que sabiduría y que conocimiento, más que inteligencia y sentido de deber. Es una combinación de eso y más. Necesita conocimiento para fundar acciones, inteligencia para prever consecuencias, moral para distinguir lo bueno de lo malo, fortaleza para soportar las críticas iniciales, humildad para encontrar en otros puntos de interés.

No creo que haya mucho por encima de una persona prudente.

La virtud es importante en todos, pero en un gobernante es obligación esencial, pues sus acciones afectarán no únicamente a él, sino a muchos. Un imprudente administrando sus propios bienes se daña sólo a sí mismo, pero un gobernante de igual naturaleza puede causar graves daños a millones.

El asunto es serio y bien vale la pena una segunda opinión, especialmente a unos días de las elecciones mexicanas.

Elecciones que han sido avinagradas y llenas de ataques desde mucho antes de que ellas comenzaran oficialmente. Los candidatos descubrieron que los ataques tienen mejores resultados en los electores que la presentación de propuestas y las posturas positivas, lo que no habla muy bien de la calidad general del electorado. Quizá sea que los electores no tienen la capacidad de comparar propuestas y entiendan mejor los ataques.

Pero, lo más importante, no habla bien de los gobernantes futuros, quienes en sacrificio del largo plazo han preferido el resultado del corto, con tácticas ante las que el electorado sí responde.

En otras palabras, quienes debían poner el ejemplo de la prudencia, la han ignorado… no sólo en el sentido de usar esa estrategia de ataques a sus contrarios. La falta de prudencia ha ido más allá.

Las propuestas mismas, vistas desnudas y sin adornos, son en buena parte una oferta comercial para la compra de votos. Eso es lo que precisamente es la oferta de reducciones a precios de energéticos, la apertura de guarderías infantiles, el ofrecimiento de becas a hijos de madres solteras.

No hay planteamientos, pero sí hay ofertas comerciales: “vota por mí y yo te daré dinero de alguna manera”. Peor imprudencia no se puede tener.

La cosa empeora aún más por otra razón. Pero antes de entrar en esto debo señalar la imprudencia de los gobernantes actuales: un presidente de corta visión que confundió a su puesto con la continuación de su campaña electoral, y partidos políticos de visión quizá más corta que creyeron que su labor se limitaba a oponerse a la presidencia, como si la campaña electoral de 2000 continuase hasta 2006.

Esa cortedad de vista se mantiene aún prometiendo un sexenio de miopía política en un ambiente de enemistad y rivalidad, con pocas posibilidades de reconciliación.

A esto debo agregar un elemento adicional, la rivalidad entre los gobernantes se está filtrando a la población, gracias a uno de los mayores actos de miopía política que se pueden tener, la exaltación del odio y la rivalidad entre la población.

Esta elección, mucho me temo, está creando envidia, odio, desconfianza, recelo en el electorado… entre los mismos ciudadanos, que comienzan a verse entre sí como enemigos. La rivalidad entre partidos, entre gobernantes y candidatos, ha comenzado a llegar a las personas. Esto se debe a una de las acciones de mayor imprudencia cometidos en una elección en México.

Y es que en el afán de hacerse de votos y ganar una elección en el corto plazo, las campañas han creado sentimientos de envidia al explotar la idea de que las condiciones de unas personas son la causa de las condiciones de otras. Más ceguera es imposible de pedir en candidatos a elección popular, pues crea sensaciones de rivalidad que minan a la sociedad misma que desean gobernar.

No pretendo tener la ilusión de gobernantes de una prudencia legendaria, pero sí espero que quien aspira a un puesto público tenga la suficiente virtud como para abstenerse de llevar su enemistad con el resto de los gobernantes a la creación de envidias entre las mismas personas que forman un país… y hacerlo para intentar ganar una elección.

POST SCRIPTUM

• El tema me recuerda un libro, el de K. Clark, basado en una serie de televisión de los años 60, llamada “Civilización”. Al final del libro, su autor escribió lo siguiente y que hace ver a estas elecciones como algo salvaje, poco propio de gente civilizada.

I believe that order is better than chaos, creation better than destruction. I prefer gentleness to violence, forgiveness to vendetta. On the whole I think that knowledge is preferable to ignorance, and I am sure that human sympathy is more valuable than ideology. I believe that in spite of the recent triumphs of science, men haven’t changed much in the last two thousand years; and in consequence we must still try to learn from history. History is ourselves.

I also hold one or two beliefs that are more difficult to put shortly. For example, I believe in courtesy, the ritual by which we avoid hurting other people’s feelings by satisfying our own egos. And I think we should remember that we are part of a great whole, which for convenience we call nature. All living things are our brothers and sisters.

Above all, I believe in the God-given genius of certain individuals, and I value a society that makes their existence possible. . .

Clark, Kenneth (1969). CIVILISATION: A PERSONAL VIEW. London. British Broadcasting Corporation. 0563085444.

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