Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Empezar Por el Principio
Selección de ContraPeso.info
1 enero 2006
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: AmaYi
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¿Es la libertad humana compatible con las reglas éticas? Más aún, ¿es la libertad económica congruente con los valores religiosos? Las preguntas son sugerentes dada la existencia de personas con profundas convicciones religiosas que tienen posiciones de total oposición a la libertad económica. El asunto sólo puede resolverse revisando una de las dos posiciones y así lograr la congruencia de la no contradicción entre principios y descubrimientos de diferentes fuentes.

En 2003, el Acton Institute envió un boletín electrónico que recomendaba la lectura de un texto que establecía principios sobre el Personalismo Económico, que propone una declaración de principios abstractos que justifican a la libertad humana, incluyendo su faceta económica, y hacerla compatible con valores morales y religiosos.

Las ideas de esta carta están tomadas de The Academic Research Center, del Acton Institute en ese boletín titulado Statement of Principles for Economic Personalism. No es este resumen una carta tradicional, al estilo de las anteriores de la serie.

Se ha intentado tomar un texto breve y ampliarlo, lo que necesariamente conlleva el riesgo de distorsionar el significado original del autor (algo a todas luces evitado en las cartas anteriores); sin embargo, ese riesgo puede presentar la ventaja de una mayor riqueza.

En un establecimiento de principios, como lo es ese documento, se suele tener una breve lista de creencias o valores centrales que sustentan una posición específica.

La declaración del Personalismo Económico comienza lógicamente con una concepción de la persona humana, haciendo una mención específica de su dignidad.

La persona humana, dice, por haber sido creada en semejanza Divina, debe ser entendida como una esencia que es individual, racional, única, sujeta de disposiciones morales y co-creadora.

De esto, es lógico suponer un valor intrínseco en la persona, lo que implica derechos y deberes dirigidos a la protección de la dignidad propia y ajena.

La idea de la persona así definida proviene de la Revelación pero también puede ser discernible por medio del uso de la razón.

El punto de arranque es la individualidad humana con atributos de racionalidad e individualidad irrepetible, a los que se une la capacidad de actuar co-creando.

Más aún, la semejanza Divina acarrea una cualidad importante, que es la dignidad de la persona entendida individualmente, en cada persona, y eso implica la necesaria existencia de preceptos que salvaguarden esa dignidad.

Hay dos maneras de dar fundamento a esta idea de la persona: por medio del razonamiento humano y por medio de la Revelación de Dios; ambas coinciden según el documento analizado.

Continuando con la persona humana el documento habla ahora de la naturaleza social de ella.

Comienza el tema aclarando que aún cuando algunas personas pueden encontrar su total realización sólo cuando están en comunión con Dios, debe reconocerse que un aspecto esencial de la persona es su carácter social, lo que comprende su capacidad para realizar acciones que le llevan a satisfacer fines desinteresados.

Las personas se realizan participando en acciones moralmente buenas que son básicas a su naturaleza y en acciones de relación con los demás.

Se reconoce, por tanto, otro rasgo de la persona humana al que se le da un rango de esencial, su naturaleza social.

La persona vive dentro de comunidades que implican relaciones con otros y dentro de esa situación, las personas actúan realizando acciones que incluyen a las que tienen objetivos más allá del interés personal. En realidad, los actos humanos pueden ser de diversos tipos.

Hay acciones que son voluntarias, como las de intercambio en transacciones dentro del mercado, las que tienen un valor económico, pero que también tienen un contenido moral.

Hay relaciones también voluntarias de dependencia mutua cada vez que la persona acepta compromisos, logra amistades, contrae matrimonio, o cría una familia; acciones que pueden coincidir con la realización de otros valores, religiosos, económicos, estéticos o de otros tipo.

Puede verse, por tanto, un entendimiento de la persona humana que tiene capacidad de acción. Esas acciones, de varios tipos, tienen una carga moral, así sea el simple acto de compra y venta de algún bien.

Adicionalmente existe otro elemento derivado de la naturaleza social, la dependencia recíproca que lleva a acciones específicas en donde existen responsabilidades y reconocimiento de valores de diversos tipos.

Los actos de la persona están, pues, llenos de cargas de diversos tipos como valores económicos, pero también valores morales, religiosos o estéticos.

Trata ahora ese documento la importancia de las instituciones sociales. Afirma que dada la naturaleza social de la persona se han creado y desarrollado varias instituciones sociales dentro de la sociedad humana.

Las instituciones de la sociedad civil son las fuentes centrales de la cultura moral, especialmente la familia.

Ninguna de esas instituciones sostienen su legitimidad sobre bases gubernamentales; sin embargo, las autoridades deben respetar la autonomía de esas instituciones y crear bases para que ellas puedan funcionar con libertad y orden en cada una de sus áreas.

Resulta lógico aceptar que si la persona humana es de tal naturaleza, sus acciones hayan desarrollado una variedad de instituciones dentro de la sociedad en la que se vive. Son instituciones de diversos tipos cuya función central, se dice, es la de servir como veneros de la moral para la persona; de todas esas instituciones, la familia tiene un papel muy destacado.

Agrega el documento, por primera vez una mención de la autoridad, cuando dice que esas instituciones sociales no fueron creadas por los gobiernos ni de ellos proviene la legitimidad que esas instituciones; para agregar con claridad que una función del gobierno debe ser la de respetar la autonomía de esas instituciones y dar soporte para que ellas funcionen de manera apropiada.

De allí pasa el documento a una declaración en extremo breve: la acción humana.

Dice que las personas son por naturaleza seres que actúan. A través de esa acción, las personas son capaces de lograr sus potencialidades al seleccionar con libertad los bienes morales que llenan su naturaleza.

La afirmación resulta lógica y su brevedad impresiona. Un ser individual, libre, racional y único debe tener la capacidad inherente de actuar con libertad.

Esa libertad tiene un sentido, el de estar en posición de seleccionar libremente los bienes que sirven para potenciar esa naturaleza humana.

De allí se pasa a hablar del papel del gobierno, al que le da una naturaleza subsidiaria. Los gobiernos tienen una responsabilidad esencial, que es la promoción del bien común.

El bien común es el mantenimiento de un estado de derecho, es decir, respeto de la ley y la preservación de deberes y derechos básicos.

En esta segunda mención del gobierno, el documento reitera su posición: las personas han creado instituciones que deben ser respetadas por la autoridad y garantizado su funcionamiento por medio del establecimiento de un estado de derecho.

La responsabilidad gubernamental es grande pero no incluye la sustitución de las iniciativas personales; a una persona humana, entendida como aquí, no se le debe despojar de su capacidad de actuar.

Un gobierno no debe usurpar las acciones libres de las personas, pero sí debe actuar intentando reducir los conflictos que surgen cuando las personas e instituciones actúan con libertad brotando intereses en conflicto.

El documento incorpora aquí una buena dosis de realismo, pues resulta inevitable anticipar la existencia de choques entre personas individuales que actúan con libertad, incluso dando por supuesta la existencia de principios morales.

En esta responsabilidad estatal debe aplicarse el principio de subsidiariedad y sus dos componentes:

(1) las instituciones de jurisdicción mayor deben abstenerse de sustituir las acciones que deben ser realizadas autónomamente por la persona misma y las instituciones más cercanas a ella; y

(2) las instituciones de jurisdicción mayor deben asistir a las personas e instituciones más cercanas a las personas, cuando estas últimas no son capaces de funcionar adecuadamente y hasta el momento en el que lo puedan hacer.

La definición no puede ser más clara.

El papel de la autoridad es subsidiario, lo que significa dejar en las personas la responsabilidad de la acción, pues ellas pueden actuar. Y sólo cuando existe una clara evidencia de no poder hacerlo, pueden actuar esas instituciones de más amplia competencia.

El asunto resulta lógico sólo si se entiende a la persona humana como esa esencia individual, única y capaz de razonar.

La creación de riqueza es el tema siguiente.

La primera afirmación del texto en este terreno es simple: la pobreza material lastima las condiciones que permiten el florecer humano. La manera más efectiva de reducir la pobreza es la protección de la propiedad privada como un derecho que es amparado por la ley.

Gracias a esa protección de la propiedad personal, las personas podrán tener la oportunidad de realizar acciones voluntarias de intercambio en las que expresan sus dimensiones creativas como personas.

Hay en esto un reconocimiento explícito al problema de la pobreza al que se le dimensiona gravemente, pues la miseria es una razón por la que las personas no pueden realizarse.

Visto de otra manera, las personas necesitan cierto nivel de riqueza material para poder satisfacer los fines de una esencia a la que se le ha dado una naturaleza Divina. La pobreza, sin duda, es una dificultad seria, para la que se propone una solución.

Según el documento, la manera más efectiva para remediar esa situación es algo lógico cuando se tiene a la persona humana como el eje central del pensamiento: los medios que están a disposición de esa persona, sus propiedades.

Entra aquí, de nuevo, la autoridad en una función que es parte del estado de derecho, proteger y respetar a la propiedad personal. Esa propiedad personal inequívoca es la que permite a la persona acceder a posibilidades de intercambio con otros y realizar su potencial personal.

De allí, el documento pasa a hablar de libertad económica.

La libertad, entendida en un sentido positivo, es alcanzada al lograr la realización de la naturaleza humana cuando la persona puede seleccionar por voluntad propia hacer lo que debe hacerse.

Esta afirmación propone una definición en extremo refinada de la libertad, no como la posibilidad de hacer lo que venga en gana, sino como la posibilidad de hacer por elección propia y voluntaria eso que debe hacerse.

Desde luego, la libertad de la persona puede ser de varios tipos. La libertad económica es una faceta de la libertad humana e implica la existencia de derechos y deberes. Esta afirmación tiene muy severas consecuencias de gran repercusión.

Una persona humana entendida como lo establece esta declaración de principios es libre por naturaleza y una de las manifestaciones de esa libertad es la que se dan en los terrenos económicos. También en sus actividades económicas, la persona debe ser libre y estar sujeta a principios éticos.

Una persona humana en pleno goce de su libertad, podrá en un terreno económico entrar al mercado de los bienes que desee, lo que necesariamente significa el deber de los demás de no interferir con esa libertad; un deber especialmente aplicable a las personas que tienen el poder para interferir en el mercado, para quitar barreras artificiales de acción humana y para proteger derechos individuales y compartidos de propiedad.

La persona humana que es libre realmente debe poder tener acceso a los mercados, entrando y saliendo de ellos según sus decisiones individuales; este derecho de entrar y salir impone en los demás la obligación lógica correspondiente de no impedir esas entradas y salidas.

La obligación es clara y obliga especialmente a las personas que tienen el poder para impedir las entradas y salidas a los mercados.

Pero la persona económicamente libre también tiene el deber hacia otros de participar en el mercado como un agente moral y en acuerdo con bienes morales. Es natural que en esto deba existir una actuación gubernamental apoyada en leyes que respeten y garanticen el respeto a la propiedad personal y a los intercambios voluntarios.

Quien realice actos económicos, por tanto, también está bajo obligaciones morales y lo está adicionalmente la autoridad obligada a hacer respetar a la propiedad personal y las acciones de las personas en el mercado.

Pasando al terreno del valor económico, el documento señala que el valor de las cosas es necesariamente subjetivo ya que depende de lo que “sienta” la persona.

Otra de las derivaciones lógicas de la concepción inicial de la persona humana expuesta en el documento, es la propuesta de que el valor de los bienes proviene de la percepción de los mismos.

El valor económico es naturalmente un valor que cada sujeto da a cada bien que conoce. Por definición, entonces, el valor económico no puede ser objetivo.

Más específicamente, el valor económico es el significado que la persona da a los bienes sobre la base de una relación que la persona percibe entre ese bien y la satisfacción de su necesidad.

Esta es otra conclusión lógica de la concepción de la persona humana, pues si se le reconoce como una esencia racional será capaz de establecer una relación de causa y efecto entre cada bien y la complacencia de una necesidad, es decir, de la mejora de su bienestar personal.

Desde luego, ese juicio subjetivo puede ser erróneo, pues la persona puede equivocarse cuando atribuye a un bien un valor de satisfacción que el bien no tiene.

El punto es importante, pues por primera vez el documento reconoce una naturaleza humana imperfecta: la percepción del valor de un bien puede estar equivocada, definiendo este error como la incapacidad del bien para lograr lo que de él esperaba la persona.

El valor del bien puede ser determinado, por tanto, estableciendo los atributos que tiene para satisfacer la necesidad como lo esperaba la persona. Esto no implica el reconocer otro tipo de valor más allá del económico, pero no es incompatible con el reconocimiento de un valor moral en el bien por virtud de su bondad moral objetiva.

De nuevo surge la carga moral, ahora en los bienes económicos, cuya percepción de valor subjetivo no significa que ellos carezcan de valor moral.

Poco antes del final, el documento trata sobre la prioridad de la cultura. Afirma el documento que la libertad florece en las sociedades que están sustentadas por una cultura moral que acepta la verdad acerca del origen trascendente y el destino de la persona humana.

Esta cultura moral lleva al orden y a la armonía de la sociedad, con la familia siendo el principal sustento de la moral en la sociedad.

De nuevo llama la atención la brevedad de la afirmación. En ella existen varios elementos. Ante todo, la cultura es prioritaria en una sociedad, tanto que la valorada libertad de la persona prospera y se acrecienta en una relación directa con el reconocimiento que el modo de pensar de las personas hace del reconocimiento de su preeminencia.

La aceptación de la dignidad de la persona humana es una causa de ese florecimiento de la libertad, a lo que el documento añade un claro elemento religioso, el origen trascendente y el destino final de la persona.

Una cultura moral, más aún, es un factor de concierto, tranquilidad y concordia en los tratos sociales de la comunidad, donde de nuevo se menciona a la familia como el pilar central de esta idea.

El último de sus puntos es el del trabajo interdisciplinario. Dice el texto que la tarea esencial de toda disciplina es la búsqueda de la verdad.

Las verdades descubiertas en cada área de especialidad no pueden contradecirse entre sí, lo que es producto del Principio de la No-Contradicción.

De acuerdo con este principio, si algo es, entonces no puede al mismo tiempo decirse que no es; una tarea complicada cuando se intenta reconciliar los descubrimientos de las disciplinas.

Debe, sin embargo, esperarse que todas las disciplinas tengan en última instancia descubrimientos compatibles que amplíen nuestro conocimiento del mundo, una tarea que requiere la cooperación de todos los dedicados a las ciencias en sus diferentes especialidades.

Esto lleva al tema de la introducción de este resumen: el de la compatibilidad de los descubrimientos en áreas diferentes.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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