Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Empresarios y Financieros
Leonardo Girondella Mora
14 febrero 2006
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


En septiembre de 2003, Rafael Termes (1919-2005) dio una conferencia en la Universidad Francisco Marroquín, en Guatemala. Su título fue “¿Qué es una empresa y quién es empresario?”. Una parte de esa conferencia, a la que me quiero referir, trata sobre la manipulación de resultados financieros.

Tomo ideas de Termes y a ellas añado comentarios míos.

• Una empresa es una comunidad de personas que hacen aportaciones para lograr el objetivo de ella, dice Termes.

• El objetivo de la empresa tiene dos justificaciones, la material y la moral.

• La justificación material es económica y significa crear riqueza para quienes han hecho aportaciones a ella, escribe Termes. Visto del lado económico, sin duda se trata de lograr una mejoría en la situación de esa comunidad de personas que se ha unido para formar una empresa.

• La justificación moral es el brindar un verdadero servicio, definiendo esto como la elevación del bien común —una fundamentación sin la que una empresa deja de tener justificación.

Con lo anterior como antecedente, Termes critica la forma de pensar que establece que el único fin de la empresa es crear valor para el accionista, definido éste como la maximización del precio de las acciones de la empresa.

Dice Termes que el valor de mercado de una acción es “el valor actual del flujo de beneficios esperados, a lo largo de un horizonte dilatado, descontando al coste de capital, que viene determinado por la rentabilidad que los accionistas espera obtener de su inversión que, lógicamente, supone añadir una prima de riesgo a la rentabilidad sin riesgo, tipificada en la propia de los títulos de deuda del Estado”.

En otras palabras, las acciones de la empresa tienen una base que es la inversión “segura” de bonos estatales más un riesgo mayor y una evaluación del potencial de la empresa en el tiempo. Esto ha dado pie a una serie de manipulaciones que persiguen alterar las expectativas de potencial, para elevarlas, sobre bases endebles que benefician a unos sobre bases fraudulentas.

Estos son los escándalos financieros que tanto ruido han causado: representaciones inexactas de resultados financieros que engañan a accionistas —si un alto ejecutivo recibe bonos de acuerdo al valor de la acción, existirá un incentivo para manipular mentirosamente las variables que determinan su precio.

Lo anterior, en mi opinión, abre una puerta valiosa para entender la diferencia entre empresarios y financieros. Los empresarios van a la razón de la empresa, eso que es su razón de ser: su descubrimiento de mercado y el servicio que ellos ofrecen —los financieros son vitales, pero no manejan el corazón de la empresa.

Llevan ellos resultados, análisis y facilitan la obtención de recursos, pero no son quienes determinan el valor de la empresa. El corazón de la empresa no puede estar en sus finanzas, pero sí está en sus productos, sus procesos, su organización, su tecnología, su distribución, sus precios y aspectos similares.

La función financiera no es la más importante, ni siquiera en las instituciones financieras —pero sí es vital y absolutamente necesaria. La función financiera es como una especie de auditor del uso de los recursos y un proveedor de opciones de ellos, especialmente de capital monetario.

El corazón de un restaurante es su comida, su localización, sus precios, su servicio — con las finanzas como ayuda indispensable de sobrevivencia. Ningún consumidor selecciona un restaurante por la calidad con la que lleva sus finanzas —ni una botella de vino por lo admirable de la gestión de su departamento contable.

Esto es lo que provoca un problema serio, apuntado por Termes: cuando la gestión de una empresa se convierte en un asunto financiero, el mercado deja de ser atendido, para concentrar la atención en el estrecho objetivo de elevar el precio de la acción por el medio que sea y en el más corto plazo posible.

Dije antes que el corazón de la empresa está en sus productos, sus procesos, su organización, su tecnología, su distribución, sus precios y aspectos similares —pero no en sus finanzas.

Por eso, cuando los financieros toman la administración de una empresa, ya no se dará atención a sus productos, sus procesos, su organización, su tecnología, su distribución, sus precios, que son la razón de su existencia. Todo, por la razón que apunta Termes: la estrecha visión que afirma que el fin de la empresa es solamente el elevar el precio de las acciones.

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