Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Entendiendo al Socialismo
Leonardo Girondella Mora
30 agosto 2006
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
Catalogado en: ,


Si la nostalgia no es lo que era, el socialismo tampoco. Una columna de Arturo Damm Arnal trató el tema hace unas semanas.

La definición tradicional del socialismo tenía como elemento principal la expropiación de los bienes de producción, que pasaban a manos gubernamentales y así la economía era manejada centralmente por el aparto burocrático —al pleno estilo soviético que llevó a ese país a la nada.

La planeación central de la economía sencillamente no funciona y no es que la economía no deba ser planeada, sino quién la planea, las personas en lo individual, o el gobierno.

La nueva definición del socialismo ya no es ésa, dice Damm. El nuevo socialismo es el de un gobierno redistributivo —su función ya no es planear la economía como dueño de las empresas, ahora su función es quitarle a unos para darle a otros, lo que ha dado origen a la broma conocida de que un gobierno socialista suele tratar de imitar a Robin Hood: robaba a los ricos para darle a los pobres, con la salvedad de que el gobierno socialista cumple sólo con la primera parte de lo que hacía el bandido de Nottingham.

Damm argumenta que esa nueva función es dañina, tanto como la propiedad estatal de los bienes de producción. Un gobierno que promete dar debe de hacerse de recursos que a otros retira, es decir, obtener de ellos dinero, lo que equivale a propiedades también.

Ya no retira la propiedad de los bienes de producción, pero sí sus frutos —es lo mismo al final de las cuentas y obtendrá los mismos resultados que logró la URSS. Nada.

Entre ser dueño de los bienes de producción y apropiarse de sus frutos, no hay diferencia importante. La forma cambia y la esencia es la misma —el disfraz es distinto, el disfrazado es el mismo. Ha sido mencionado que se trata de un neosocialismo que reconoce sus defectos anteriores, que se abre a aceptar los mercados libres y el libre comercio, pero la verdad es que mientras mantenga esa mentalidad redistributiva no dejará de ser igual a su versión anterior.

La transición, sin embargo, es conspicua. Los nuevos socialistas están lejos de tener parecido con los viejos y hay momentos en los que el partido socialista de algún país puede verse como más liberal que el partido liberal en otro país.

La realidad es que el socialismo se ha liberalizado al reconocer que los mercados libres y la internacionalización son mejores estrategias que las del dirigismo y por mucho. En términos muy simples, el socialismo se ha movido a la derecha notablemente y eso es bueno.

Pero esa liberalización del socialismo no ha sido universal —no en todas partes se ha registrado ese cambio del socialismo, teniendo como un ejemplo notable a Bolivia en estos momentos, igual que a Venezuela, países que contrastan con el socialismo de Chile o de Brasil.

Sobrevive, por tanto, la versión vieja del socialismo, la añeja, la que cree en la lucha de clases, en la expropiación de los bienes de producción, en el nacionalismo cerrado y la planeación central y, desde luego, la función redistributiva.

Resumo lo anterior en estos puntos:

• El socialismo liberalizado, indistinguible del liberalismo. No es mi opción política favorita, pero se puede hablar con sus miembros, quienes no son los dogmáticos.

• El socialismo modernizado que insiste aún en la función redistributiva. Mala opción, conducente a producir crisis de finanzas gubernamentales.

• El socialismo tradicional que mantiene las recetas del siglo pasado. La pesadilla mundial.

• El socialismo como pretexto totalitario. La excusa que ha sido llamada “narcisismo-leninismo”.


Con antecedentes desde 1995, ContraPeso.info funciona como información adicional a los medios dominantes.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras