Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Entre el Bien y el Mal
Selección de ContraPeso.info
1 octubre 2006
Sección: ETICA, Sección: AmaYi
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Las ideas tienen consecuencias. Si somos capaces de distinguir entre lo bueno y lo malo, o si no lo podemos hacer, eso traerá consecuencias muy diversas y muy graves.

No es novedad es reconocer que en los tiempos actuales el reconocimiento del bien y del mal tiende a ser ignorado. No es que se niegue la existencia del bien y del mal, sino que el tema ha sido relegado a un mero asunto de opiniones personales imposibles de dilucidar racionalmente. El tema puede parecer demasiado abstracto para quienes defienden cierto tipo de políticas económicas o algún tipo de arreglo social; pero no lo es.

La defensa, por ejemplo, de la libertad humana, necesariamente se sostiene en la noción de que esa libertad es buena, de que atacar esa libertad es malo. Si no podemos establecer diferencias entre lo bueno y lo malo, la defensa de la libertad humana sería un asunto de opiniones y prejuicios, todos válidos y admisibles. Esta razón en sí misma basta para necesitar tratar el tema del relativismo moral, del subjetivismo del bien. Es precisamente el tema de Adler en uno de sus libros.

La idea reportada en esta carta fue encontrada en el libro de Mortimer J. Adler, Ten Philosophical Mistakes, Touchstone, 1985, chapter 5, Moral values, pp. 108-127, ISBN 0-684-81868-X. La exposición de Adler es clara y sencilla. ¡Un pensador al que se entiende es una sorpresa muy agradable!

El autor centra el tema diciendo que esta parte de su obra se destina a investigar un cierto tipo de conocimiento, la filosofía moral.

Un caso de comprensión que no es conocimiento de la realidad, sino de los valores morales: el bien y el mal, lo debido y lo indebido.

Esto es lo que se llama prescriptivo o normativo, en contraste con lo descriptivo que se le limita a describir lo que es.

Aquí el tema es lo que debe ser, lo prescriptivo o normativo.

Cuando uno piensa que algo es bueno en verdad, eso es igual a decir que es algo que debe ser buscado o realizado. Al respecto, existen dos grupos de personas que tienen ideas opuestas.

Un grupo es el que piensa que cuando tratamos con la realidad existente podemos tener conocimiento de ella, de la verdad, aunque nuestro nivel de conocimiento sobre ella sea sujeto de mejoras.

Pero que cuando tratamos el tema de bien y del mal, de lo debido y lo indebido, nuestros juicios prescriptivos, dice este grupo, no son ni verdaderos, ni falsos; son simplemente nuestros agrados y desagrados.

Para estas personas, la filosofía moral no constituye un real conocimiento, sino una serie de opiniones que no merecen ser discutidas.

• El otro grupo toma la posición contraria. Para ellos existen estándares universales de lo bueno y lo malo, de lo que deben y no debe hacerse. Tampoco están dispuestos a discutir su posición, a la que dan un valor incontrovertible.

El primer grupo, si enfrentara críticas, nos las podría resolver para defender su posición relativista y subjetiva.

El segundo grupo, si estuviera en el mismo caso, no encontraría argumentos para defenderse racionalmente, más allá de expresar fe religiosa.

Para mejor comprender lo que sigue en el razonamiento de Adler, él aclara varias ideas.

Lo subjetivo es eso que es diferente para una persona de otra y a su vez del resto. Lo objetivo es lo que es igual en todas las personas.

Lo relativo es lo que es diferente dependiendo del tiempo y las circunstancias. Lo absoluto es lo que no cambia ni en el tiempo ni con los ambientes.

Con esto en mente, es fácil concluir que el primer grupo, el que piensa que los valores morales son simples opiniones personales, tiene una posición relativista y subjetiva.

Lo contrario es cierto para el grupo que piensa que los valores morales son universales; tiene una posición objetiva y absoluta.

La diferencia entre los grupos no es solamente de personas comunes, sino también de filósofos que han adoptado alguna de las dos posturas.

En este punto Adler deja ver su propósito. Quienes creen que los valores morales y juicios prescriptivos son subjetivos y relativos, desconocen los errores filosóficos que cometen.

Y quienes sostienen que los valores morales y juicios prescriptivos son objetivos y absolutos desconocen los argumentos que ellos pueden usar para defender su posición.

Sin duda, el autor persigue explorar el tema dando razonamientos en defensa de la posición que establece a los valores morales como absolutos, universales e inmutables. Esa posición es de extremo interés para los defensores de la libertad humana, a la que salvaguardan como eso, como un valor universal, fijo e inmutable.

El paso siguiente de Adler es explorar las ideas que llevan a concluir que el subjetivismo moral es la posición correcta y demostrar que son erróneas.

La primera de esas ideas es el hedonismo.

Una de las causas de la existencia de la postura relativista es la versión vulgar del hedonismo, la que hace equivalentes al placer y a lo bueno.

Con esta equivalencia es fácil creer que lo bueno y lo malo son relativos, pues los gustos o placeres varían de persona a persona: lo que causa placer a uno, no lo produce en otro. Los goces varían de época a época, de lugar a lugar; pensando así, la conclusión es obvia, los juicios morales son relativos y subjetivos.

Afirmar que el único bien es el placer, significa que no son bienes la salud, la riqueza, la amistad, el conocimiento; lo que significa que cosas como éstas no deseables, ni deseadas por nadie.

Además, la vida que incluye placer y sabiduría, por ejemplo, es mejor que la que incluye sólo placer, lo que lleva a concluir que el placer no es el único bien, algo que Platón ha afirmado. Y a lo que Aristóteles ha agregado que el placer propio de una actividad encomiable es bueno, pero el placer propio de una acción indebida es malo.

Epicuro y sus seguidores crearon distinciones entre los placeres, altos y bajos; los goces intelectuales siendo mejores que los de los sentidos. Hacer esta distinción requiere sin remedio reconocer que existe un criterio adicional para distinguir a lo bueno de lo malo y no únicamente el placer.

A este esfuerzo de distinguir entre placeres se unió J. S. Mill, el que también habla de placeres preferibles a otros.

En esa discusión hay un elemento clave, la diferencia que existe entre los placeres de los sentidos como objetos de deseo y el placer que se tiene al satisfacer un deseo, lo que se llama satisfacción.

Los placeres de los sentidos no pueden ser equivalentes a lo bueno, sencillamente porque no son las únicas que deseamos y porque no siempre las encontramos preferibles a otras cosas, por las que incluso estaríamos dispuestos al sufrimiento.

Además, debe ser claro que el placer que se tiene al satisfacer una necesidad es algo que acompaña al bien, pero que no es idéntico a ese bien.

Cuando Epicuro o Mill hablan de placeres elevados y bajos, por tanto, están en realidad hablando de bienes elevados y bienes bajos: por ejemplo, la superioridad de la sabiduría como un bien más elevado que los placeres de los sentidos.

Los dos sentidos de la palabra placer (el referirse a los sentidos y el referirse a la satisfacción de cualquier deseo) hace insostenible al hedonismo… pero no soluciona el problema de los valores morales, ¿son o no objetivos, inmutables y universales?

Si el bien se equipara con lo deseable y ya no con el placer, el problema se mantiene. Lo que una persona desea, la otra lo rechaza. Lo que se valora en un lugar, en otro se desprecia. Lo que se quiere en un tiempo, en otro se objeta.

Desechar al hedonismo no dio contestación al problema inicial.

Según Baruch Spinoza, el bien es el nombre que se da a los objetos que son deseados. La persona anhela algo, lo que sea, y ese algo es el bien por definición. La causa del bien en los objetos radica en la voluntad de quien los desea. Es el deseo del objeto lo que lo convierte en bueno.

Esta es una posición relativista y subjetivista que puede ser demostrada como errónea. Spinoza, además, también propuso la existencia de niveles superiores e inferiores del bien. Ni él, ni los filósofos anteriores logran defender la validez de sus posturas.

Entra aquí David Hume y ataca con mayor fuerza aún la idea de valores morales inmutables.

Dice que él se sorprende, en sus lecturas, ante el cambio que hacen los pensadores entre lo que es y lo que debe ser; de uno pasan a otro sin justificación y esto es, dice, un hecho al que poca atención se ha prestado y que ataca los cimientos mismos de la moralidad.

Hume, según Adler, tiene mérito. Hume hace la distinción entre lo descriptivo y lo prescriptivo, entre lo que es y lo que debe ser.

Acertadamente Hume afirma que lo descriptivo no puede ser base para determinar lo prescriptivo; lo que es no sirve de base para saber lo que debe ser. La observación de Hume es valiosa, pues una conclusión prescriptiva, no puede estar sostenida en premisas enteramente descriptivas.

¿Hay una salida que resuelva el problema?

Adler dice que sí, esto es, si es que puede encontrarse una manera de combinar una premisa prescriptiva con una descriptiva y usar eso como la base de razonamiento.

Hasta ahora, seguimos en los terrenos de la ética no cognoscitiva, la forma elegante de afirmar que la filosofía moral no es verdadero conocimiento y que se trata únicamente de una colección de opiniones, agrados, gustos y preferencias.

Esto hace de la ética no cognoscitiva un campo en el que no hay ni verdades ni falsedades.

Una posición a favor de la ética no cognoscitiva es otro razonamiento de Hume: nuestro conocimiento de la realidad no puede ser usado para establecer una conclusión prescriptiva. Lo que es no puede determinar lo que debe ser.

A este argumento se une otro de A. J. Sayer, otro filósofo inglés, del siglo pasado. Veamos lo que dice Sayer.

Se acepta que poseemos una verdad en nuestra mente cuando lo que pensamos está de acuerdo con la realidad, con lo que es. Este criterio de correspondencia entre nuestra mente y lo que existe no tiene aplicación en los principios prescriptivos, que hablan de lo que debe ser.

¿Con qué puede haber correspondencia cuando se dice que algo debe ser? Obviamente con nada, lo que se concluye que los valores morales no pueden ser ciertos ni falsos.

Esta forma de pensar sería correcta si existiera solamente un tipo de verdad, el de la coincidencia entre lo pensado y la realidad.

Adler hasta ahora recopiló una serie de ideas que se oponen a la creencia de una moral absoluta, universal, objetiva e inmutable. Lo ha realizado señalando tres posiciones:

• La identificación del bien con lo que le parece bien a la persona. El llamar bien a lo que la persona quiere conscientemente. La idea de Spinoza.

• La imposibilidad de usar argumentos descriptivos para sacar conclusiones prescriptivas. Lo que es no puede sustentar ni fundamentar lo que debe ser. La idea de Hume.

• La única posible verdad es la de las afirmaciones descriptivas que coinciden con la realidad, lo que hace imposible incluir en esto afirmaciones prescriptivas. Lo que es no puede determinar lo que debe ser.

Adler recurre ahora a Aristóteles para señalar una de sus ideas y que ha sido ignorada, especialmente en las épocas modernas.

Muy consciente de lo que dice Aristóteles acerca de lo descriptivo, él mismo aclara que lo prescriptivo tiene otro criterio, una verdad de diferente tipo.

La verdad descriptiva es la coincidencia entre lo que pensamos y lo que es en la realidad. La verdad prescriptiva es la coincidencia entre lo que pensamos y el deseo correcto.

Muy bien, pero queda por determinarse qué es ese deseo correcto. Sin duda ese deseo debe ser el buscar lo que debemos buscar o querer.

¿Qué es lo que debemos buscar o querer? La respuesta no puede ser el bien, pues lo que deseamos puede tener la apariencia de bien, aunque nuestros deseos sean equivocados.

Esto nos lleva a contemplar dos tipos de deseo:

• Los deseos naturales son los inherentes a nuestra naturaleza, es decir, iguales para todos los demás que son humanos también. Los deseos naturales corresponden a la naturaleza humana.

• Los deseos adquiridos son distintos, varían de persona a persona, dependiendo de temperamento, circunstancias y demás.

Dos palabras pueden ayudar a identificar estos dos tipos de deseo, uno es las necesidades (needs) y la otra es los quereres (wants).

Con esto, es posible razonar ya.

Las necesidades son propias de nuestra naturaleza humana y, por eso, lo que necesitamos es bueno para nosotros; no pueden existir necesidades equivocadas porque todas corresponden a la naturaleza misma de los humanos. Por tanto, un juicio prescritivo, que establece lo que debe ser, tiene una verdad si trata de un deseo de algo que necesitamos.

En contraste los quereres, las pretensiones, nuestros propósitos personales nos pueden poner en la posición de desear lo que suponemos que es bueno, pero puede en realidad ser malo.

El bien que deseamos según nuestros quereres puede resultar ser realmente bueno o realmente malo para nosotros. De lo que resulta que el bien verdadero es el que necesitamos por naturaleza, los deseemos conscientemente o no como parte de nuestros propósitos adquiridos.

Algunas veces, el estar privados de algunos bienes que satisfacen necesidades biológicas nos causan dolor, como hambre o sed. Pero hay otras necesidades naturales, como el conocimiento, cuya falta puede no generar la conciencia de satisfacerlas; esta necesidad existe, sin importar si tenemos conciencia de ella, ni de si queremos satisfacerla.

La distinción hecha, entre deseos naturales y adquiridos ha sido descuidada en nuestros tiempos y eso ha evitado encontrar la solución propuesta por Adler.

Hay cosas que parecen buenas por la simple razón de que las queremos; estas cosas tienen aspecto de bien sólo mientras las deseamos y hasta el punto en que lo hacemos.

El punto exactamente opuesto es el de los bienes que son buenos porque los necesitamos, los queramos o no como parte de nuestros quereres.

Reconocer esos dos tipos de deseos, naturales y adquiridos, permite ahora establecer una verdad evidente en sí misma y que sirve de punto de arranque para la filosofía moral: debemos desear lo que es realmente bueno y nada más.

Para probar que se trata de una verdad evidente en sí misma, debemos cumplir con el criterio de que pensar lo contrario resulte imposible. Y efectivamente, resulta imposible sostener que lo que debemos desear es lo que es realmente malo para nosotros; o que no debemos desear lo que es realmente bueno para nosotros.

Con esta verdad podemos resolver el problema expuesto por Hume. Usando ese primer principio como premisa central y añadiendo algunas verdades descriptivas sobre realidades, por ejemplo, sobre la naturaleza humana, podemos llegar a conclusiones que son verdades descriptivas adicionales.

Por ejemplo. Aceptamos como una verdad evidente en sí misma que debemos desear lo que es realmente bueno para nosotros; a esto se añade una verdad descriptiva, que todos los humanos por naturaleza necesitan o desean conocimiento; y llegamos a la conclusión que debemos buscar o desear conocimiento.

Además, eso es equivalente a decir que el conocimiento es un bien para nosotros.

Para ir más allá, y elaborar una filosofía moral cuya base sean estos razonamientos es necesario, desde luego, encontrar evidencias o pruebas racionales que apoyen una enumeración de todas las necesidades humanas.

Igualmente será necesario solventar las complicaciones que surgirán en la distinción que se hace entre necesidades y propósitos.

Sin embargo, lo explicado es suficiente para solucionar todos los problemas planteados por el pensamiento moderno que apoya a la moral relativista. Lo que ha sucedido es que la filosofía moderna ha fracasado en esta solución y por eso ha negado la categoría de conocimiento real a la filosofía moral.

Además, si las necesidades naturales no fueran las mismas para todos en todo tiempo y lugar, carecería de sentido el hablar de derechos humanos; y, por si fuera poco, la noción de que es imposible saber lo que es bueno y lo que es malo, nos expondría al riesgo de que el uso de la fuerza es el bien.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



3 Comentarios en “Entre el Bien y el Mal”
  1. María Elena Rodríguez Dijo:

    Sí, Aristóteles ha sido descuidado, pero en general, la gente no quiere pensar. Prefiere que otros hagan el “dirty work” y aceptan como definitivas las opiniones de “intelectuales” de la tv. Felicidades por pensar por los que no lo hacen!

  2. LILIANA Dijo:

    ESTA SUPER PADRE EL TIPO DE INFORMACION QUE ES PRESENTADA

  3. Rachelle Dijo:

    Buena informacion! Me ayudó mucho, pero quisiera saber la concepción del bien y el mal en cuatro autores filosóficos. Gracias, NOTA DEL EDITOR: haga usted ese trabajo, nosotros ya hicimos el nuestro.





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