Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Esas Cosas Católicas
Eduardo García Gaspar
13 abril 2006
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Supongo que como buen católico mexicano, mi religión había sido heredada más que obtenida. Los curas con los que me eduqué hasta la preparatoria hicieron bien su trabajo convenciéndome de la conveniencia de “portarse bien”.

La libertad posterior me mareó, pero el tiempo quitó ese mareo que se convirtió en necesidad de convencimiento y su lógica consecuencia: buscar en las fuentes originales y no en lo que es superficialmente tratado.

Tiempo después, puedo compartir algunas reflexiones al respecto. La primera es la que más me impresionó, al menos en el principio. Es la capacidad de entendimiento que la Iglesia Católica acerca de la naturaleza humana, mucho más amplio y real que las ideas a las que fui expuesto como criatura de los años 60.

Las ideas de esa década y la siguiente eran atractivas y actuales, pero había en ellas una dosis de basura intelectual que sigue apestando. Las utopías socialistas, la rebelión sexual, las letras de las canciones de protesta, todo ello era llamativo por moderno e irreverente, pero nada más.

Peor aún fue la política mexicana de esos años, que hizo iniciar mi vida profesional en medio de una crisis económica. El descubrimiento pausado de libros católicos o escritos por católicos fue mi gran suceso inicial y que me llevó a la idea de que sin religión es difícil dirigir la vida propia.

En segundo lugar, estaba el argumento de la legitimidad del catolicismo sostenido por la longevidad de mi iglesia. Dos mil años de existencia, se me decía, era prueba de ser la verdadera. No es una prueba suficiente, pero sí es necesaria, especialmente cuando implica las contribuciones de personas extraordinarias, como Teresa de Ávila y otros muchos que han dejado obras fuera de serie. A eso se acumuló otro personaje que me influyó mucho.

Juan Pablo II. Un papado muy largo, con un legado amplio y que me permitió entender la idea de que la libertad es un don de Dios. Contribuyeron al fortalecimiento de mis convicciones católicas los ataques que mi iglesia recibía. En algunos había poderosas razones, pero en los más se dejaba ver pereza mental y mala intención.

Debe haber algo en una institución a la que se golpea tan consistentemente y sigue en pie. Peor aún, debe haber algo en ella cuando se ha dicho que los ataques externos no la han destruido porque tampoco los internos lo han logrado.

En tercer lugar, la universalidad. Las ideas, las ceremonias, los viajes de Juan Pablo II, todo me hablaba de una sola iglesia en todas partes y en todos los tiempos. Me fascinaron los escritos de gente como Chesterton y Lewis, y otros como los Escolásticos Tardíos en España.

Gente brillante, como Lord Acton, que había sido atraída a mi iglesia por convencimiento, sin mencionar a San Agustín o Santo Tomás. Pero además, había algo que me ayudaba. ¿Cómo poder yo leer la Biblia sin un guía? Los riesgos de malas interpretaciones en su lectura individual son pasmosos, pero allí estaba la tradición interpretativa católica, lógica, coherente y humilde. Me lleva de la mano para entender mejor lo que no entiendo.

Mi convencimiento católico pasó de un acuerdo pasivo con sus principios al entusiasmo alegre del que descubre algo impresionante por sí mismo. El proceso estuvo lleno de pequeños detalles y sucesos: lecturas, conversaciones con sacerdotes mediocres y excelentes, reportajes positivos y negativos en los medios, conversaciones con personas religiosas y ateas. Todo ello está acumulándose llevándome por mi propia voluntad a fortalecer mis convicciones.

Y luego está la Virgen María, algo en lo que me falta entrar con más profundidad, pero sin lo que creo que andaría yo falto de un elemento clave. Es como un viaje de descubrimiento que me ha llevado poco a poco por lo que creo que es el camino correcto cuando al mismo tiempo podría yo haber optado por andar otra ruta.

Estas fechas, además, dan tiempos de reflexión, sin es que uno se libra de las cansadas vacaciones que demasiados toman. Al final, creo, es una cuestión de abrir la mente y de decirle a Dios, “por favor ilumíname, no sé dónde estoy y ni a dónde en realidad voy, tómame de la mano, confío en ti aunque a veces no entiendo y tengo miedo”.

POST SCRIPTUM

Algunas obras recomendables son las siguientes, de acuerdo a mi propia experiencia:

• Scheiffer Amézaga, Xavier (1991). EN BUSCA DEL SENTIDO DE LA VIDA. México. Trillas. 9682438098. Tiene un muy bien capítulo sobre el sentido del sufrimiento.

• Chafuen, Alejandro Antonio (2003). FAITH AND LIBERTY : THE ECONOMIC THOUGHT OF THE LATE SCHOLASTICS. Lanham, Md. Lexington Books. 0739105418. Muestra la faceta analítica brillante de muchos sacerdotes de esa época.

• Teresa de Jesús, santa (2003). SANTA TERESA DE JESÚS AL ALCANCE DE TODOS. (Francisco J. Perea). México. Diana. 9681336801. Una selección de textos de la santa que es una buena introducción a sus textos originales.

• Chesterton, G. K (1997). ORTODOXIA. México. Fondo de Cultura Económica. 9681626419. Algo complejo, pero lleno de giros intelectuales y lógica de pensamiento.

• Lewis, C. S (1997). CARTAS DEL DIABLO A SU SOBRINO. Madrid. Ediciones Rialp. 8432129852. Uno de los clásicos del autor de Las Crónicas de Narnia. Lewis es uno de los autores obligados en estos temas, especialmente con “Mero Cristianismo”.

• Adler, Mortimer Jerome (1980). HOW TO THINK ABOUT GOD. 0020160224. Un enfoque lógico.

• Buckely Jr., William F. (1998). NEARER, MY GOD. San Diego, New York, London. Harvest Book. 0156006189. De donde tomé ideas para esta columna, pp 247-248 y altamente recomendable.

• Dubay, Thomas (1989). FIRE WITHIN : ST. TERESA OF AVILA, ST. JOHN OF THE CROSS, AND THE GOSPEL, ON PRAYER. San Francisco. Ignatius Press. 0898702631. Impresionante.

• Holzner, Josef (1989). SAN PABLO, HERALDO DE CRISTO. Barcelona. Editorial Herder. 8425400473.

• Johnson, Paul (1996). THE QUEST FOR GOD : A PERSONAL PILGRIMAGE. New York. HarperCollins Publishers. 0060173440. Hay una traducción al castellano.

• II, Juan Pablo (1994). CRUZANDO EL UMBRAL DE LA ESPERANZA. Barcelona. Plaza Janés. 8401326052. • Kempis, Tomás de (1996). IMITACIÓN DE CRISTO. México. Ediciones paulinas. 9706120402.

• Kreeft, Peter, Tacelli, Ronald K (1994). HANDBOOK OF CHRISTIAN APOLOGETICS : HUNDREDS OF ANSWERS TO CRUCIAL QUESTIONS. Downers Grove, Ill. InterVarsity Press. 0830817743.

• Martini, Carlo Maria (1989). LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO. Maliaño (Cantabria). Sal terrae. 8429308393.

• Medwick, Cathleen (2003). TERESA DE JESÚS. México. Oceano. 9706517901.

• Moliné, Enrique (2000). LOS PADRES DE LA IGLESIA. Madrid. Ediciones Palabra. 848239018x.

• Ratzinger, Joseph (2004). INTRODUCTION TO CHRISTIANITY. San Francisco. Ignatius Press. 1586170295. Breve, sin complicaciones, inmensamente atractivo.

• Ratzinger, Joseph (2005). DIOS Y EL MUNDO: UNA CONVERSACIÓN CON PETER SEEWALD. Barcelona. Debolsillo/Random House Mondadori. 8497938127.

• Rops, Daniel (1990). JESÚS EN SU TIEMPO. Madrid. Ediciones Palabra. 847118690x. Extraordinario.

• Termes, Rafael (2001). ANTROPOLOGÍA DEL CAPITALISMO. Madrid. Ediciones Rialp. 8432133698. • Weigel, George (1999). BIOGRAFÍA DE JUAN PABLO II. Barcelona. Plaza Janés. 8401013046.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



No hay comentarios en “Esas Cosas Católicas”
  1. carolina Dijo:

    a mi me encanta las cosas de la biblia
    bueno eso

  2. Magdalena Dijo:

    Primero que nada me gustaría agradecerle por haber escrito este artículo que aunque muy conciso, creo que resume todo lo que yo llamaría proceso de maduración espiritual. Citándole a usted como buen católico mexicano, mi religión había sido heredada más que obtenida y creo que apenas hace unos meses me di cuenta de esto.
    Al leer su experiencia he sentido una identificación enorme y por eso un alivio inmenso, al saber que el proceso que alguien más en el mundo ha vivido es muy parecido al que me ocurre desde hace algún tiempo. Al leer su currículum puedo ver que usted es todo un académico, no un religioso, es decir, un hombre común que busca vivir su fe en un mundo donde, al parecer, ésta ya ha pasado de moda.
    Le escribo porque, si es posible, me gustaría conocer más sobre cómo usted llego ese convencimiento católico, como usted lo llama, el entusiasmo alegre del que descubre algo impresionante por sí mismo. Precisamente, si se pudiera, que me compartiera esos pequeños detalles y sucesos que usted vivió. Tengo la esperanza de que conocer más de su historia podría darme alguna luz importante. De antemano le agradezco su testimonio, el cual ha llegado a mi por obra de Dios, no lo dudo. Que Dios le bendiga.





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