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Escuela Austriaca de Economía
Selección de ContraPeso.info
15 agosto 2006
Sección: ECONOMIA, Sección: Análisis, Y MATERIAL ACADEMICO
Catalogado en:


ContraPeso.info presenta un fragmento de texto de Alvaro G. Feuerman, publicado aquí y que hace un resumen de las principales ideas de la Escuela Austriaca de Economía. Esta escuela, sin duda, presenta un reto a la forma tradicional de pensamiento económico. Conocerla es uno de los mejores medios que llevan a la prosperidad. Alvaro G. Feuerman presenta un resumen de las principales ideas de un pensamiento económico vital para el desarrollo.

La Escuela Austríaca de Economía se inicia con Carl Menger, uno de los descubridores de la teoría de la utilidad marginal, la cual expuso en 1871. Los seguidores más importantes de esta escuela son: Eugen von Böhm-Bawerk, Ludwig von Mises, Friedrich A. von Hayek, Murray N. Rothbard, Israel Kirzner y otros.

Veamos entonces los principales conceptos:

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Economía es la ciencia que estudia la acción humana. Estudia todas las implicancias de la acción humana. El hombre es libre y tiene determinados valores e intereses. Dispone de determinados medios y tiene determinados fines, que están dados por sus valores y su forma de comprender la realidad.

Los medios son escasos en relación con los fines. Es por eso que decimos que nuestras necesidades son ilimitadas.

Siempre que el hombre actúa está eligiendo, libremente, avanzar en determinada dirección con el objetivo de, a su juicio y según su escala de valores, pasar de un estado menos favorable a una situación más favorable. Esto es siempre así: aún la persona generosa que dona todos sus bienes a los más necesitados, lo hace porque considera que se encontrará mejor después de donarlos, obviamente no desde el punto de vista de su estado patrimonial sino de su propia escala de valores.

La acción humana es un proceso, no una situación. Es una película, no una foto. Los resultados de cada acción se producen después de determinado tiempo. Por lo tanto, toda acción humana necesariamente implica asumir un riesgo. Toda persona que actúa estima, antes de actuar, que después de esa acción quedará en una situación más favorable desde su punto de vista, pero en realidad no tiene la certeza de que será así.

Con su nivel de conocimiento de la situación, y su escala de valores e intereses, decide actuar. Si realmente después de actuar su situación ha mejorado, siempre desde su propio punto de vista, podemos decir que el sujeto actuante ha obtenido una ganancia.

En caso contrario, representará una pérdida. Esta ganancia o pérdida, definida así en forma general para toda acción humana, no necesariamente es susceptible de valorarse en términos monetarios, y sólo tiene sentido referirse a ella desde el punto de vista de la persona que actúa, no desde algún parámetro objetivo y general, como podría ser una estimación en determinada moneda de sus resultados.

Así, la persona caritativa que dona todos sus bienes, desde su punto de vista y su propia escala de valores, obtiene una ganancia si él valora más la alegría que le produce ayudar a los demás que disfrutar él mismo de todos esos bienes que donó. Estos ejemplos extremos sirven para mostrar la validez general de los conceptos expuestos sobre la acción humana.

Tiene sentido hablar de responsabilidad de una persona por sus actos solamente en la medida en que éstos hayan sido realizados en forma libre. Cuando hablamos de acción humana, nos referimos a un comportamiento deliberado, voluntario, en contraposición con las meras reacciones. Toda persona que actúa debe ser responsable por sus actos, y la responsabilidad solamente existe si las acciones son libres.

Si bien todo ser humano es, en su esencia, libre, y las acciones humanas también, éstas pueden estar sujetas a un mayor o menor grado de coacción por parte de otras personas o del Estado, lo que impediría o restringiría esa condición de ejercer su libertad para actuar.

También podemos ver a la economía o la acción humana como un proceso de intercambios de valores. Algunos de estos intercambios son intrapersonales —interviene sólo una persona— y otros son interpersonales, es decir, entre distintas personas. A su vez, algunos de estos intercambios son susceptibles de apreciarse en términos monetarios y otros no.

En realidad, las acciones humanas involucran intercambios que combinan aspectos que pueden valorarse en términos monetarios y aspectos que sólo pueden valorarse en forma cualitativa, desde el punto de vista de las personas que actúan y sus propias circunstancias y escalas de valores.

En todo intercambio, es decir, en toda acción humana, siguiendo con nuestra definición, están presentes los resultados de ese intercambio y los costos incurridos para actuar en esa dirección o para intercambiar. Podemos decir, entonces, que en todo intercambio existe un precio, que lo definimos como la relación entre los resultados obtenidos y los costos incurridos para realizar el intercambio. Algunos intercambios son susceptibles de valorarse en términos monetarios, por ejemplo, cuando decimos que el precio de una bolsa de cemento es de seis pesos por cada bolsa.

Además de tener valores, cada persona tiene su propia escala de valores. Es decir, cada uno de nosotros tenemos nuestro propio ordenamiento o jerarquía de los distintos valores que reconocemos. Cuando decimos que determinado bien ‘vale’ tantos pesos, lo que estamos diciendo es que el precio en determinado ámbito por ese bien es de tantos pesos, pero el valor no es objetivo, sino que cada persona tiene su propia valoración de cada bien.

Es decir, que más allá de que podamos coincidir en que determinados valores son permanentes y universales, ante una situación dada, las relaciones entre valoraciones de distintos bienes son totalmente subjetivas. Están dadas por las distintas escalas o jerarquías de valores de cada persona, en cada momento.

En este sentido, decimos entonces que el valor es subjetivo. Está dado en función de la utilidad y la escasez. La utilidad es subjetiva, porque un mismo objeto representa distintos grados de utilidad para distintas personas o para una misma persona en distintas situaciones, con distintas escalas de valores, distintos grados de conocimiento, etc.

La escasez, si bien aparentemente es objetiva, en realidad también es subjetiva, porque lo que le interesa a una persona a los efectos de valorar un determinado bien, es la escasez que esta persona percibe, la escasez desde su propio punto de vista. No vale lo mismo un vaso de agua en una ciudad que en el desierto, y aún en el desierto, no vale lo mismo un vaso de agua para una persona que sabe que hay un oasis a 200 m de donde se encuentra, que para otra que no lo sabe. Este principio se conoce como “Ley de Utilidad Marginal”.

El precio, en cambio, es el resultado de la interacción de las distintas valoraciones de compradores y vendedores. A este proceso de interacción de distintas personas que compran, venden, ofrecen y demandan libremente lo vamos a denominar proceso de mercado. El precio resulta de la mencionada interacción y queda determinado por las leyes de la oferta y la demanda.

En otras palabras, el valor tiene que ver con situaciones y supuestos presentes, influidos por la experiencia, y con expectativas futuras. Es individual y subjetivo. El precio, en cambio, es lo que ya pasó, lo que ya se negoció, lo que ya fue. El precio tiene que ver con el pasado. Es un hecho. No es individual, sino que surge del resultado de las interacciones de las valoraciones de todas las personas que integran un mercado dado. Es objetivo.

Sin embargo, nada me asegura que el precio de hace 5 minutos seguirá siendo válido ahora o en el futuro, dado que los precios son el resultado de las valoraciones, las cuales, a su vez, son subjetivas y varían en función de los supuestos, expectativas y escalas de valores de las personas.

Es importante remarcar que, en forma coherente con las definiciones propuestas, en un verdadero proceso de mercado no tiene sentido hablar de “precio justo”. El precio es el precio que cada comprador acordó con su respectivo vendedor. Tanto el comprador como el vendedor, en un mercado libre, actúan libremente, con el conocimiento limitado de cada uno y de acuerdo a las propias escala de valores.

Los intercambios no se producen porque exista algún tipo de igualdad entre lo que se da y lo que se recibe, sino, por el contrario, porque tanto el comprador como el vendedor estiman que obtendrán una ganancia de ese intercambio, obviamente desde el punto de vista de cada uno. El que paga seis pesos por una bolsa de cemento valora más el cemento que los seis pesos, mientras que el vendedor está dispuesto a vender porque valora más los seis pesos que la bolsa de cemento.

Es debido a la diferencia y no a la igualdad de conocimientos, de valores y de oportunidades que son posibles los intercambios. Es decir, que en todo intercambio las dos partes estiman que obtendrán una ganancia, aunque finalmente podría ocurrir cualquiera de las siguientes posibilidades: que tanto el comprador como el vendedor hayan ganado con el intercambio, que ambos hayan perdido, que el comprador haya ganado y el vendedor perdido, o que el comprador haya perdido y el vendedor ganado.

Sin embargo, la posible ganancia de uno no se produce a expensas de la pérdida del otro. De hecho, en los intercambios también es posible la ganancia de ambos, así como la pérdida de ambos. El éxito de cada uno depende exclusivamente de cuán acertados hayan sido los supuestos que lo llevaron a actuar en esa dirección.

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Algunos conceptos ya expuestos son necesarios para que el proceso de mercado funcione como se ha indicado. Hemos dicho que el hombre es libre y que toda acción humana es un acto voluntario. En realidad, aún el esclavo sigue siendo, en esencia, libre, y sus actos son libres.

El esclavo que está eligiendo entre obedecer o morir, está eligiendo. Solamente que sus posibilidades de acción, es decir, su libertad, están casi totalmente restringidas por la acción que lo esclaviza y, dado que solamente podrá actuar en determinada dirección impuesta por otros, es seguro que sus ganancias serán infinitamente menores que las que obtendría en caso de vivir en libertad.

Desde el punto de vista de algún índice macroeconómico, y con certeza respecto de aquel que se beneficia con su esclavitud, podría resultar más conveniente la existencia de esclavos. Pero en la forma como hemos definido ganancias y pérdidas más arriba, con seguridad que desde su propio punto de vista no es más conveniente ser esclavo que no serlo.

También hemos dicho que una de las implicancias de la acción humana es que el hombre dispone de determinados medios que utiliza para lograr sus fines. Quiere decir entonces que existe propiedad privada.

Además, para preservar la libertad y la propiedad privada de las personas, debe haber en el mercado algún sistema de justicia y de seguridad que la garantice.

Hemos dicho más arriba que en todo intercambio existe un precio. En el proceso de mercado, el sistema de precios actúa como un valioso sistema de señales que nos informa, instante a instante, las elecciones y preferencias de los integrantes del mercado. Este sistema de información tiene una función muy importante, que es la de guiar a los individuos, a los consumidores y a los empresarios en sus decisiones de inversión, compras y ventas.

Si se distorsiona este sistema, se generan malas inversiones, que provocan disminuciones de capital, más pobreza y por lo tanto bajas en los salarios en términos reales, dado que éstos dependen del nivel de capitalización del mercado.

Llamaremos “mercado libre”, o simplemente “mercado”, a un sistema así definido, donde se respeten los derechos de las personas. En el mercado, existen sólo dos formas de actuar -es decir, intercambiar- para obtener ganancias:

• Ofrecer a los demás un producto o servicio que sea valorado, no necesariamente desde el propio punto de vista, sino desde el punto de vista de los demás. Para decidir intercambiar conmigo, mis clientes deben percibir que después de hacerlo obtendrán una ganancia, es decir, que lo que les estoy ofreciendo vale más, desde su punto de vista, que el precio que deberán pagar por ese producto o servicio que yo ofrezco.

• Robar, asaltar, engañar, estafar a los demás. Sin embargo, esta posibilidad estará excluída en la medida en que existan sistemas de justicia y seguridad que protejan la vida, la libertad y la propiedad de las personas integrantes de este mercado.

Es decir que, en un mercado libre, si queremos obtener ganancias con nuestros intercambios, no nos queda más remedio que mejorar las condiciones de vida de los demás.

En un sistema como éste, todos los incentivos del empresario, y de toda persona que realiza intercambios —es decir, que actúa—, están puestos en mejorar la calidad de vida de los demás, y siempre desde el punto de vista de los demás.

A un empresario que quiere mejorar su propia condición, crecer, triunfar, tenér éxito, aumentar su poder adquisitivo, no le queda más remedio que buscar la forma más ingeniosa que encuentre para ofrecer algo valioso a sus clientes, incurriendo en los menores costos posibles.

Puesto de otra forma, este sistema presenta los incentivos de sus integrantes alineados de tal manera que, más allá de las convicciones personales de cada uno, a todos les conviene cooperar con los demás.

Por lo tanto, mientras más amplio sea el mercado, mientras tengamos más libertad para intercambiar, tendremos mejores posibilidades de mejorar mutuamente nuestra calidad de vida.

Hemos dicho que en todo proceso de mercado, acción humana o intercambio, interviene el tiempo. La denominada ‘Ley de Preferencia Temporal’ nos dice que si nos interesa alcanzar una determinada satisfacción, entonces preferimos alcanzarla antes que después.

Según cuánto más valoremos a un mismo bien hoy que dentro de un tiempo, tendremos más o menos preferencia temporal. Este concepto es el origen de las tasas de interés. Dado que existe la preferencia temporal, un dado bien vale hoy más que lo que ese mismo bien valdrá mañana.

Los bienes pueden clasificarse en ‘bienes de consumo’ y ‘bienes de capital’. Los primeros son aquellos que se utilizan para satisfacer directamente nuestras necesidades. Los bienes de capital, en cambio, se utilizan para producir bienes de consumo u otros bienes de capital. Obviamente, la distinción no es muy precisa. Un mismo bien podrá utilizarse, según el caso, como bien de consumo o como bien de capital.

A lo largo del tiempo se han ido adoptando distintos medios de cambio para facilitar los procesos de intercambio de bienes en el mercado. A estos medios de cambio los llamamos ‘dinero’. Son bienes o mercancías que tienen determinadas particularidades que los hacen aptos para ser utilizados como medios de cambio: son fácilmente transportables, son fraccionables, son valorados por la mayoría de las personas, su valor es estable, etc.

La existencia de dinero facilita los intercambios, puesto que funciona como una unidad de medida común de aceptación generalizada. La existencia de una unidad común potencia la interpretación del sistema de precios y aumenta enormemente la utilidad de este último para tomar decisiones de compra, venta, inversión, etc.

El ahorro es la abstención de consumo en el presente. Puede tener distintos objetivos. Puede ahorrarse simplemente para acumular bienes o dinero para el futuro, por seguridad o con distintos fines. Pero también la abstención de consumo en el presente puede efectuarse para utilizar esos bienes para adquirir bienes de capital que permitirán aumentar nuestra productividad, es decir, producir, con el mismo esfuerzo, mayor cantidad de bienes de consumo en el futuro. En este último caso, el ahorro se transforma en inversión. Cuando los resultados son los esperados, la inversión aumenta nuestra calidad de vida.

Mientras más extenso sea el mercado, mayor la cantidad de intercambios y la cantidad de bienes intercambiados, los precios concentrarán mayor cantidad de información útil para tomar decisiones, es decir, servirán mejor como guías para empresarios, inversores, ahorristas y consumidores.

Mientras mejor funcione el sistema de precios, la información que contenga representará mejor las valoraciones de las personas. Por lo tanto, las decisiones de consumo, ahorro, inversión, etc., estarán orientadas a mejorar la calidad de vida de todos los integrantes de ese mercado.

En función de los conceptos enunciados, vemos que la teoría expuesta reúne las siguientes características:

• Presenta a la economía en un sentido muy amplio, que abarca todo tipo de intercambios, es decir, de acciones, y no está restringida a las compras y ventas, transacciones financieras, etc.

• Tiene por objeto de estudio la acción humana en toda su extensión y sus implicancias. Para lograr su cometido, comienza con el estudio del hombre como persona individual y única, y no como una parte indiferenciada de un conjunto, sociedad o país.

• Contiene una teoría del valor y una teoría de formación de los precios que nos permiten comprender los procesos de intercambios de las personas. La existencia de los precios no implica ningún tipo de unificación o igualdad de las valoraciones de las personas. El valor es subjetivo, y por lo tanto también lo son las ganancias y las pérdidas resultantes de todo intercambio. Los precios expresados en dinero sólo indican el resultado de la interacción de distintas personas con distintas valoraciones, pero de ningún modo el valor de las cosas susceptibles de intercambios está acotado o definido por los precios.

• Considera las diferencias de las distintas personas y acepta la existencia de distintos puntos de vista. Son justamente las diferencias de valoración por parte de distintas personas, lo que hace posible los intercambios.


Con antecedentes desde 1995, ContraPeso.info funciona como información adicional a los medios dominantes.



5 Comentarios en “Escuela Austriaca de Economía”
  1. Nicasio Villa Dijo:

    Magnífica lección de Economía, una de las mejores que he leído.

  2. Arzeni Alfredo Dijo:

    Estudie en la Fac de Ingenieria donde se daban tanto economia clasica como la de la escuela austriaca, tengo que reconocer que me quedaron grabados conceptos de esta última, lo que me impulsa a seguir leyendola por deporte, espectacular….

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