Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Espadas y Palabras
Leonardo Girondella Mora
9 octubre 2006
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Asuntos
Catalogado en:


La disertación de Benedicto XVI en Alemania —esa que tanta agitación causó— presenta un caso clarísimo de análisis de simetrias, es decir, de igualdad de tratamientos y objetividdad, como quiera que desee llamarse. La situación puede ser vista en tres puntos:

• Benedicto XVI habla en un medio ambiente académico, de teología, y sostiene el punto de la necesidad de la razón por encima de la violencia —y una de las citas que hace se refiere al Islam: la de un monarca que señala la inconveniencia de la violencia en la religión. Es una cita solamente.

• Los medios reportan una reacción violenta en algunos segmentos musulmanes que se sienten ofendidos por la cita en esa disertación —una monja es asesinada en Somalia, hay iglesias atacadas en varias partes y se dan amenazas de ataques al Vaticano mismo, con peticiones de disculpas oficiales e incluso de renuncia del Papa.

• Algunos en Occidente, dentro de regiones no musulmanas, reaccionan con opiniones que mencionan incluso la “estupidez papal”. El fondo de este tipo de reacción es fácil de entender y supone que debe existir una actitud de absoluto respeto incondicional hacia el Islam —la religión merece una reverencia universal que impide la emisión de todo tipo de cuestionamientos hacia ella, incluso la de hacer referencias históricas o académicas.

Sobre esto es que deseo ocuparme —sobre la idea detrás de las críticas que en Occidente ha recibido el Papa por sus palabras en Ratisbona y que es ésa, la de considerar imposible la emisión de palabras en Occidente mismo que critiquen de forma alguna a esa religión. Es la oficialización del mandato musulmán que solicita el respeto al profeta del Islam y que debe ser aplicado a todos sin excepción.

Y es así que aceptando ese precepto de respeto incondicional al Islam se emiten opiniones que critican la disertación papal. El punto ahora es el natural del sentido común y se trata de preguntar si ese respecto sin condiciones es un principio universal aplicable a todas las religiones o bien se trata de una práctica aplicable sólo a una de ellas.

Si resultase que es un principio universal el respecto irrestricto a toda religión, llevado incluso al extremo de impedir que se ejerza la menor de las observaciones acerca de cualquiera de las religiones, eso constituiría una renuncia al poder de razón de las personas y sus libertades —pero al menos sería una práctica universal, simétrica para todos, que llevaría a la prohibición de opiniones religiosas de ningún tipo aplicado a todos por igual.

Si resultase, por el contrario, una práctica aplicable a sólo una de las religiones y no a todas, entonces se estaría frente a una situación asimétrica que no tiene mucho sentido por eso mismo —y al final, la religión así respetada sufriría de la falta del uso de la razón.

Esto precisamente es lo que sucede en la actualidad, en las mentes en las que se opina que la libertad de expresión y pensamiento, aplicable a todo terreno, sea suspendida cuando se trata de alguna religión en particular. Quizá sea ya un caso de lo políticamente correcto: un prejuicio aceptado como dogma y que trata de hacerse obligatorio universalmente.

La situación que se enfrenta es la de la asimetría y es fácil verla: el Judaísmo y el Cristianismo son frecuentes blancos de ataques en múltiples frentes, pero cualquier mención occidental del Islam no puede recibir el mismo tratamiento —no podría haber, por ejemplo, una versión de El Código da Vinci usando al Islam en lugar del Catolicismo. O bien podrá hablarse con fuerza criticando severamente la no existencia de mujeres sacerdotes establecida por el Vaticano, pero el tema del tratamiento de las mujeres en el Islam será ignorado.

Con esa asimetría de tratamiento se dan dos efectos negativos:

• Un debilitamiento de los cimientos occidentales, sustentados en la libertad humana y aplicables a terrenos de estudio y expresión —mucho de la fuerza de las civilizaciones judeo-cristianas proviene de esa posibilidad misma, de cuestionar, razonar y pensar.

• Un debilitamiento también del Islam, por la misma causa, que es la renuncia al uso de la razón y la libertad —lo que resulta necesariamente en la erección de líderes religiosos a quienes no puede cuestionarse jamás y que conduce al fanatismo.

Los dos efectos son en el fondo dos renuncias, una de Occidente y otra del Islam —las dos negativas y que llevan al enfrentamiento. Por el contrario, el uso de la razón sí presenta una posibilidad, la de una coexistencia y tolerancia mutua.

Es ésa la idea central que quiero sugerir, pero hay un comentario adicional que debe hacerse y que se refiere a Occidente, una civilización que mantiene en su esencia los deseos de libertad personal pero que ha abandonado sus creencias religiosas —el mantenimiento de la libertad sin las raíces religiosas es lo que la pone en riesgo de debilitarse y aceptar situaciones incongruentes como ésta, la de la asimetría de tratamientos y que permite al mismo tiempo seguir con la crítica de la religión propia pero prohibe siquiera referencias de religiones ajenas.

Es una incongruencia interna de consideración —que vacía a la cultura Occidental de uno de sus pilares fundamentales que complementa al otro. La libertad sin la guía de los principios morales es una ruta aleatoria, que un día permite insultar a las propias creencias y al otro acatar sin limitación las imposiciones forzadas de otros. Ser libre sin remedio acarrea necesidades esenciales, como el uso de la razón y la existencia de criterios que marquen caminos deseables.

La misma observación puede aplicar para el Islam, pero en sentido inverso —con meras reglas religiosas, sin libertades, se impide el uso de la razón y se tiene, por ende, otra situación incompleta.

Si Occidente se ha concentrado en la libertad olvidando a la religión, el Oriente se ha concentrado en la religión olvidando la libertad —y de esta disposición de ambos, los dos sufren la ausencia del don divino de la razón.

NOTA DEL EDITOR

• Un artículo de TCS es recomendable, especialmente por la lista de sucesos siguientes:

— Sheikh Abubukar Hassan Malin, a leader of the Islamic Courts Union which recently seized power in what was the capital of the former Somali state, told worshippers at Friday prayers that “whoever offends our Prophet Muhammad should be killed on the spot by the nearest Muslim.”

—”If I get hold of the pope, I will hang him,” parliamentarian Hafiz Hussain Ahmed, deputy leader of the Muttahida Majlis-e-Amal (“united action front”), told the demonstrators who carried placards reading “Terrorist, extremist Pope be hanged!” and “Down with Muslims enemies!”.

— In London, according to a report in the Daily Mail, Anjem Choudary of the Islamist organization al-Ghurabaa (“the strangers”) led a rally outside Westminster Abbey demanding the Pope’s execution. The group is a refoundation of the former Al-Muhajiroun (“the emigrants”) of the radical Omar Bakri Muhammad. Choudary, who abandoned his wife and three children to devote himself to Islamism, is best known for his calls for the imposition of sharia in Britain. Speaking to several hundred supports, he declared: “Whoever insults the message of Mohammed is going to be subject to capital punishment.”

Es sencillo ver dentro de esos sucesos un visión del mundo conducente al totalitarismo por la ausencia de libertades que vienen del uso de la razón.


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