Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Estado de Bienestar
Selección de ContraPeso.info
1 mayo 2006
Sección: Sección: AmaYi, SOCIALISMO
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Cuando con objetividad se estudia lo que está detrás de un Estado de Bienestar emergen sorpresas muy desagradables. La noción del Estado de Bienestar es, sin duda alguna, conocido y aceptado, más por los bienes aparentes que promete que por los males reales que esconde. Los, sin duda, loables objetivos que persigue un Estado de Bienestar han servido para ocultar las fallas de ese sistema.

Poner en tela de juicio es un ejercicio obligatorio para quitarse la venda que ciega ante los innegables defectos de un gobierno de ese tipo y, de paso, para encontrar sugerencias sobre las correcciones de esos fallos.

Eso es lo que hacen Milton y Rose Friedman en un libro clásico y lo hacen con un enfoque de mero sentido común que no ocupa gran espacio. El enorme aparato del Welfare State es así destruido en unas pocas páginas con razonamientos al alcance de todos.

La idea de esta carta está tomada de la obra de Friedman, Milton, Friedman, Rose D (1990). FREE TO CHOOSE : A PERSONAL STATEMENT. San Diego. Harcourt Brace Jovanovich. 0156334607, Chapter 4, Cradle to Grave, The Fallacy of the Welfare State, pp. 115-119. El libro es, desde luego, uno de los más recomendables para ser leídos, especialmente por quienes desean recordar conceptos básicos de economía y política o quienes se inician en esos terrenos.

El comienzo de los autores en el tema es simple. Plantean ellos la interrogante acerca de la decepción que han causado los resultados de los Estados de Bienestar.

Después de todo lo que esos sistemas han intentado alcanzar son objetivos sin duda admirables.

Sin embargo, por alguna razón, esas metas no han sido alcanzadas.

El resto de esta sección está destinada a una mirada analítica del por qué del fracaso del Estado de Bienestar.

Una visión histórica ayuda a contestar al menos en parte esto. En los arranques de un sistema de Estado de Bienestar, la estructura de la población era una ayuda sólida a ese régimen.

El número de personas que debía recibir los beneficios era reducido y el número de personas que debían cubrir los costos de esos beneficios era mucho mayor.

De esta manera, en tiempos pasados, una pequeña cantidad pagada individualmente por un grupo muy numeroso hacía posible reunir una cantidad total suficiente para pagar los programas de asistencia a un conjunto muy diminuto.

Con el transcurso del tiempo, esos números han cambiado y los programas del Estado de Bienestar se han expandido.

Pero la visión histórica es sólo una explicación parcial de ese fracaso, el que se debe más a poderosas razones en el diseño de un sistema defectuoso por naturaleza propia.

Inmediatamente después de esa introducción, los Friedman utilizan una herramienta que les permite analizar los tipos de gasto que realiza una persona.

Desarrollan ellos cuatro tipos de gasto posible, dependiendo de quién hace el gasto y de a quién se dedica ese gasto.

Con esos conceptos se tienen, por tanto, cuatro posibilidades o categorías de gasto.

Categoría I. La persona gasta su propio dinero en su propio beneficio. El ejemplo más claro de esto es toda compra que uno hace de un bien que uno mismo usará. Puede ser el gasto que alguien realiza en un supermercado para adquirir artículos para su propio consumo, o bien la compra de un automóvil para su propio uso.

Claramente existe en esta categoría un fuerte incentivo para realizar una compra eficiente y económica, comprando el bien que más valor representa para la persona.

Categoría II. La persona gasta su propio dinero para beneficio de un tercero. El ejemplo más típico de esto es la compra de regalos de Navidad o cumpleaños.

Igualmente en esta categoría se tiene un fuerte incentivo para economizar, aunque algo menos para lograr el máximo valor para el receptor del regalo.

Categoría III. La persona gasta dinero ajeno en ella misma. Es el caso de las cuentas de viaje cubiertas por la empresa.

En este caso, la persona no tiene un fuerte incentivo de ahorro, aunque sí tiene una motivación para obtener el máximo valor posible para ella.

Categoría IV. La persona gasta dinero ajeno en terceras personas. Es el caso de pagar uno mismo la cuenta de otra persona con cargo a la empresa.

No hay aquí incentivo para gastar menos ni para buscar el máximo valor.

Los gastos que realiza un Estado de Bienestar son del tipo III y IV.

Es decir, el gobernante gasta dinero de otros en sí mismo, por ejemplo, con un programa de seguridad social para burócratas; o bien, el gobernante gasta dinero de otros en programas de vivienda para trabajadores de empresas.

Obviamente, por diseño, en esas categorías de gasto existen motivos débiles para el ahorro y, dependiendo de la categoría, puede tenerse un escaso incentivo para lograr valor en la compra.

Ésta naturaleza del gasto de un Estado de Bienestar es la causa central de los defectos de ese sistema. El mecanismo puede ser visto de la manera siguiente.

Los legisladores votan eligiendo la manera en la que el gasto se realizará y los ciudadanos que han elegido a esos legisladores están de manera indirecta seleccionando la manera como su dinero será gastado en ellos mismos.

Pero ese gasto no es igual al de la Categoría I, pues el gasto realizado no es elegido por cada ciudadano en lo individual. Los burócratas que realizan el gasto están en realidad usando dinero que no es de ellos, por lo que no debe sorprender que los gastos se eleven escandalosamente.

En una situación en la que alguien gasta dinero ajeno en terceros no puede funcionar la fuerte motivación de ser eficiente y gastar esos fondos de la manera que sea de mayor beneficio para los beneficiarios del gasto.

Por esto es que tampoco debe sorprender el desperdicio y la ineficiencia de ese tipo de gasto en un Estado de Bienestar.

La cuestión no para allí. Debe considerarse la tentación de obtener dinero de terceros. Una tentación difícilmente resistible, que provoca que los burócratas quieran el dinero para ellos mismos y no para esos terceros a quien se supone debe beneficiar el gasto.

Las oportunidades de corrupción, de engaños y fraudes en un Estado de Bienestar son amplias y no siempre se rechazan o evitan.

Pueden, al mismo tiempo, existir maneras legales por las que el dinero se desvíe a los burócratas, por ejemplo, con sindicatos de burócratas que consigan sueldos y prestaciones superiores a los del mercado.

Esta realidad, además, tiene dos consecuencias que no han sido suficientemente examinadas.

La primera de ellas es la situación por la que esos programas gubernamentales tienden a favorecer a grupos organizados de ingresos medios y altos y no a quienes se supone son sus receptores naturales, las personas de ingresos muy bajos.

Y es que las personas pobres lo son por carecer de habilidades bien pagadas en el mercado y tampoco poseen las habilidades para entrar al juego político que logre planes gubernamentales para su beneficio.

La elevación de las prestaciones de trabajo de un sindicato poderoso que ya ha logrado sueldos superiores para sus trabajadores, es un ejemplo de esta posibilidad.

La segunda consecuencia es de naturaleza cuantitativa: la cantidad total transferida a la autoridad puede ser mayor que el beneficio neto recibido por los destinatarios del programa.

Si por ejemplo existiera un programa con beneficios iguales a un millón y que cualquiera puede obtener, entonces tiene sentido para el recipiente potencial gastar hasta un máximo de esa cantidad para obtenerlo.

Puede gastar en cabildeo, en campañas de comunicación, en contribuciones a campañas políticas, en marchas de apoyo y otras muchas actividades.

Ninguno de esos gastos es de beneficio para el ciudadano.

Esos gastos, en realidad, deben ser deducidos del beneficio total obtenido por quien los haya realizado, haciendo que el beneficio neto sea menor a la cantidad destinada al programa, incluso con resultados de déficit.

La búsqueda de esos beneficios a grupos organizados, subsidios sectoriales, explican la presión que existe adicionalmente para la obtención de cantidades crecientes de recursos para más y más programas de gasto, para más y más gasto.

En esos programas de bienestar los resultados iniciales suelen fallar, poniendo aún más presión en los burócratas para elevar los dineros disponibles para ellos.

Es natural que ante resultados no satisfactorios, los gobernantes concluyan que requieren más programas y más dinero para el bienestar de la sociedad.

Gastar dinero de acuerdo a las condiciones de la Categoría IV tiende a corromper a las personas que realizan el gasto, ya que las coloca en una posición con buena dosis de soberbia.

Son ellas las que se han puesto en la posición de decidir qué es lo que es bueno para los demás, lo que les crea un complejo de divinidad con gran poder sobre otros. Y en los otros, crea un sentimiento de dependencia infantil que atrofia sus sentido de responsabilidad personal.

Un Estado de Bienestar, por tanto, no sólo desperdicia recursos de una sociedad sino que también erosiona el tejido moral que debe tener una sociedad.

Además, un Estado de Bienestar se sustenta en la posibilidad de retirar dinero de los ciudadanos por la vía de impuestos usando la coerción del gobierno.

Por tanto, es obvio concluir que detrás de todo Estado de Bienestar está la amenaza de un poder gubernamental desmedido. Un real ataque a la libertad personal.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.


1 comentario en “Estado de Bienestar”
  1. Contrapeso » Celebración de la Fantasía




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