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Falacia del motivo cuestionable. Un error de razonamiento por el que se descalifica al opositor acudiendo a motivaciones reales o inventadas.

Explicación

La falacia del motivo del enemigo se sufre cuando quien es sujeto de una crítica argumenta que su opositor tiene un motivo que invalida esa crítica. Y con eso descalifica la crítica que recibió.

Supongamos que un gobernante es acusado de corrupción, las pruebas son claras, hay grabaciones divulgadas en los medios y el gobernante las rechaza diciendo que se trata de una confabulación en su contra.

Cree que con eso anula las pruebas. Lo malo es que el truco le funciona bien. A unos gobernantes más que a otros. Las pruebas son desechadas porque hay un motivo cuetionable de alguien.

La verdad es que el motivo de poco importa si las pruebas y la acusación son ciertas.

Que alguien tenga motivos sospechosos no es algo que invalide las cosas que esa persona afirme.

Funcionamiento de la falacia del motivo cuestionable

El esquema de operación de esta manera errónea de razonar funciona así:

  • La persona A afirma que B es culpable de haber aceptado sobornos y presenta videos que lo demuestran.
  • La persona B responde que la acusación está motivada por un deseo de A de desprestigiarlo.

O puede B afirmar que la acusación es una «cacería de brujas», un «complot en su contra», o «envidia de A». Cualquier motivo que sea cuestionable, pero que incluso sea real, no puede servir para descalificar la acusación de A.

El corazón del la falacia es el empleo de un motivo o causa que sea cuestionable por parte de alguien, para descartar las razones y argumentos empleados en su contra.

El error de lógica

El error de lógica consiste en pensar que los motivos de una persona anulan lo que ella dice.

Si un empresario dice que la iniciativa privada es el mejor remedio para la falta de crecimiento, aunque él tenga un interés personal al decirlo no se cancela la posibilidad de que lo que dice es cierto.

  • La persona C afirma que la propiedad privada debe defenderse de leyes que permiten expropiaciones sin motivo.
  • La persona D acusa a C de ser millonario y tener como motivo el defender sus abundantes propiedades.

Cuando se argumenta que algo no debe ser creído porque hay motivos ocultos, ello es solo un truco para cambiar de tema y desviar la atención. Si C quiere o no defender sus millones, eso no importa ante los argumentos buenos y malos que utilice.

El motivo del complot

Es un motivo cuestionable de los varios que puede usar esta falacia. Se trata de usar la motivación de una conspiración oculta en contra de la persona para que ella pueda evitar la discusión de su defensa.

El razonamiento general dice: como hay gente que busca perjudicarlo, todo lo que se diga en contra de él es en automático descalificado como parte de un cruel complot y la discusión de termina.

  • La persona F afirma que es bueno que los precios del petróleo suban y bajen de acuerdo a oferta y demanda.
  • La persona G dice que F es parte de la mafia que manipula los precios precios del petróleo con oscuros intereses.

El resultado es el fin de una discusión que podía ser razonable, pero que termina en un alegato inútil sobre motivos personales. Es una equivocación que se comete a diario.

Todo tiene un motivo

La falacia del motivo es común y difícil de detectar. Usted la puede constatar a diario en conversaciones y en los medios.

Cada vez que se habla de motivos de conducta se puede estar cayendo en esa trampa y la costumbre es tan extendida que poca cuenta nos damos de ella. Una breve anécdota personal lo explica.

Había yo dado un reporte económico de BBVA a una persona. Eran unas 20 páginas de análisis sobre la pobreza en México. Mi objetivo era demostrarle que la pobreza había disminuido y que las crisis económicas la causaban.

La otra persona se había entercado en su posición de que la pobreza se había elevado desde la entrada del TLCAN.

No quiso leer el reporte porque era un análisis de un banco y los bancos tienen motivos para querer hacernos creer que la pobreza era menor. No sé si los bancos tienen interés en eso, pero supongamos que lo tengan. Eso no anula el contenido del reporte y las pruebas que presenta para alegar lo contrario.

En realidad todo tiene un motivo y tratar de encontrar uno que sea cuestionable para descalificar la posición de otros es racionalmente erróneo.

Es mucho más cómoda la pereza de la falacia del motivo que leer un reporte con datos técnicos y razonamientos complejos.

Y unas cosas más…

Para esta columna me apoyé fuertemente en la obra de Whyte, Jamie (2005). Crimes against logic. New York. McGraw-Hill.

En el capítulo 2 se trata la la falacia del motivo como un crimen en contra de la lógica y tiene razón. Desde luego, en una evaluación de información debe considerarse quién hizo las afirmaciones, pero sin duda son mucho más importantes las evidencias y razonamientos aportadas para sostenerlas.

Las aseveraciones de una persona no pueden desecharse porque la persona tiene simpatías por algunas ideas. La falacia del motivo cuestionable está tan arraigada y es tan sencilla de usar que cuesta trabajo de ser erradicada.

Cualquiera que la use dará la apariencia de ser un experto que ha encontrado la explicación absoluta de un suceso.

Conviene ver:

Bonus track: algo más sobre la falacia del motivo cuestionable.

La acusación de malos motivos e intenciones

Introducir los intereses personales del opositor es la base de esta falacia. Cito una observación sobre el tema:

«Esto como Hannah Arendt observó una vez, fue una de las grandes innovaciones de los Comunistas: la habilidad para disputar cualquier hecho por medio del cuestionamiento de los motivos del presentador». Goldberg, J., The Tyranny of Cliches: How Liberals Cheat in the War of Ideas.

La trampa de la falacia del motivo cuestionable puede ser vista analíticamente con un ejemplo:

  • La persona A ataca las reglamentaciones que impiden fumar en restaurantes y bares. Expone razones, efectos, consecuencias, concluyendo que esas leyes son indebidas.
  • La persona B contraataca a la persona A argumentando que dijo todo lo que dijo porque ella es una persona que fuma y sin necesidad de mencionar siquiera los puntos tratados por A.

Una falacia exitosa

La falacia del cuestionamiento de los intereses del contrario es excepcionalmente útil. Suele tener éxito rápido y cómodo por medio del descrédito de la parte contraria, a la que ni siquiera se le examinan sus argumentos.

Es, también, una falacia en extremo popular, usada por cantidad de personas sin siquiera saber que lo están haciendo, las que en lugar de tomarse la molestia de responder a cada una de las argumentaciones del opositor, simplemente responden cuestionado su interés personal en la materia.

Si alguien defiende a la propiedad privada —usando las más convincentes argumentaciones posibles—, eso no importa a la persona que responde diciendo, «tú piensas así porque tienen muchas propiedades, si no las tuviera, no pensarías así».

No significa lo anterior que los intereses o motivos de la persona deban descartarse, pero sí quiere decir que ellos deben ocupar un lugar secundario en una argumentación lógica.

Un sacerdote puede razonar la existencia de Dios, un banquero puede argumentar sobre las ventajas de la banca, un millonario puede defender a la propiedad privada.

Todos ellos pueden tener intereses personales al hacer eso, pero no son esos intereses un motivo para desechar de un plumazo sus ideas.

El clásico ejemplo de la falacia del motivo cuestionable

O, como escribió Mises acerca del marxismo.

«Lo que la mente produce no puede ser nada más que “ideología”, es decir, en la terminología marxista, un conjunto de ideas que disfrazan los intereses egoístas de la clase propia del pensante». Ludwig Von Mises, Human Action: a Treatise On Economics, 3rd ed. (Chicago: Henry Regnery Company, 1966), 74.

Eso es lo que propone el marxismo: la posición burguesa de la persona es causa de la forma de pensar del burgués y está construida de manera que constituye una defensa de su posición —sin que exista escapatoria.

Si acaso un economista es burgués, entonces por definición sus ideas económicas solamente tienen la utilidad práctica de defender a la burguesía.

Y lo mismo le acontece al empresario que por definición es burgués, o a cualquiera otro que sea clasificado como perteneciente a la burguesía (o «fifí» como se llama en México ahora).

Si la persona A expresa una opinión que defiende a la libertad, la persona B, que es marxista, suele atacar la opinión de A con una afirmación contundente. Algo como esto:

«Eres un burgués y, por tanto, tus ideas son burguesas y todo lo que quieres es defender sus intereses. Yo no soy burgués y no tengo la mentalidad burguesa, por eso mis ideas son correctas».

El efecto global de tener ese defensa es abrumador. Todos los que expresen críticas al marxismo serán descalificados en masa sin examinar el más leve detalle de lo que afirman.

[La columna fue actualizada en 2020-01]