virtudes y vicios

La diferencia entre filantropía y caridad. ¿Cómo distinguir entre ellas y cuáles son sus similitudes? Las dos tienen un enemigo poderoso que intenta monopolizarlas.

Introducción

Una columna de Karen Woods, publicada hace ya tiempo por el Acton Institute, contiene el germen de una gran idea para distinguir dos cosas que suelen ser tratadas como su fuesen lo mismo —caridad y filantropía.

Un ejemplo

Woods usa un ejemplo del mundo real para distinguirlas.

Filantropía es lo que hizo Warren E. Buffett cuando transfirió 31 mil millones de dólares a la Bill & Melinda Gates Foundation —es una acción consistente y significativa de buena voluntad hacia terceros a quienes se pretende ayudar.

Caridad es lo que hace la tía Carmen cuando va a un hospicio dos veces por semana a atender a huérfanos y regalarles la comida de ese día. Es una acción consistente y significativa de buena voluntad hacia terceros, con los que existe un contacto constante o una identificación personal con su situación.

Caridad y filantropía, la diferencia

Para comenzar el examen de la distinción entre ambas, será bueno definir los términos y sus connotaciones.

¿Qué es filantropía?

En ella existe la buena voluntad hacia quienes están alrededor y ella se manifiesta con conductas y hechos que persiguen ayudar a otros y mejorar su condición.

«El término filantropía designa, en general, el amor por la especie humana y a todo lo que a la humanidad respecta, expresada en la ayuda desinteresada a los demás. La palabra deriva del griego φίλος (filos) y άνθρωπος (ánthropos), que se traducen como “amor” (o “amante de”, “amigo de”) y “hombre”, respectivamente, por lo que filantropía significa “amor a la humanidad”. Su antónimo es misantropía». es.wikipedia.org

¿Qué es caridad?

Con las mismas intenciones de buena voluntad y acciones destinadas a ayudar a otros, la caridad es vista de manera distinta.

«La caridad (en griego: αγάπη agapë, ‘amor fraternal’) (en latín: caritas) (o amor, en español moderno) es la virtud de amar al prójimo incluso sobre sí mismo. Tanto el Diccionario de la lengua española, de la Real Academia Española, en su séptima acepción, como la Iglesia católica consideran que la caridad es aquella virtud teologal por la cual se ama a Dios sobre todas las cosas por Él mismo y al prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios». es.wikipedia.org

Las distinciones

Las definiciones anteriores apuntas a las diferencias entre caridad y filantropía.

1. Dignas ambas de alabanza y apoyo

Filantropía y caridad constituyen conductas virtuosas y dignas de imitación. Las dos muestran preocupación con el bienestar del resto, especialmente con quienes están en una situación que puede ser mejorada. Ambas tienen objetivos y propósitos admirables.

2. Institucional y personal

Hay en la filantropía un elemento institucional que no existe tanto en la caridad, que es más personal. La filantropía suele utilizar organizaciones formales, con procedimientos y sistemas, que capturan recursos cuantiosos y que administran según sus objetivos.

En la caridad hay más contacto personal que institucional, menos formalidad y recursos menos abundantes, administrados personalmente.

Discusión

La filantropía es de gran ayuda y debe ser fomentada, especialmente por su capacidad para lograr grandes sumas unitarias necesarias en grandes proyectos. Sus realizadores merecen una alta admiración y grandes alabanzas por esas iniciativas.

Hacerlos de lado, como seres a quienes sobra el dinero y que por eso carecen de mérito es una actitud solo explicable en quienes hacen de la envidia una explicación de la vida.

La caridad es de similar naturaleza, pero hay en ella algo más —la real participación personal de la gente común que en sus grandes números puede rivalizar con las donaciones de los filántropos.

Los estadounidenses dieron 260 mil millones en donaciones personales a caridades, iglesias, ayudas a desastres, con tres cuartas partes de eso proviniendo de personas individuales, unos 200 mil millones.

La caridad es contacto personal con el recipiente de la ayuda, como el visitar enfermos o como el dar clases. Tal vez sea esta la distinción más severa entre las dos.

Dice Woods que la filantropía “a pesar de todas sus buenas intenciones, no necesariamente implica la conexión con la persona necesitada”. Es cierto, algo como la distinción entre lo que es institucional y lo que es personal.

Y repito, la diferencia no hace a una superior a la otra, o al menos, no da causa alguna para menospreciar a una de ellas por ser insignificante o a la otra por ser impersonal. Ambas son buenas y necesarias.

Diferencias

La «gran filantropía» es compleja y necesita procesos administrativos severos. Especialmente los instrumentos de control que miden los resultados de las donaciones y los mecanismos de donación para impedir usos indebidos de los fondos recibidos.

Es una gran herramienta para quienes no tienen el tiempo personal, pero sí los recursos y la inquietud.

La «pequeña caridad» es una operación in situ, de pequeña escala, con vigilancia directa de los involucrados. Lo que la hace sencilla de vigilar y medir, y con la gran ventaja de su localismo: educa a la gente a entender que puede organizarse ella misma para realizar cosas sin necesidad de un organismo superior.

Pero si hay diferencias entre filantropía y caridad, entre ellas hay un común denominador sensacional. El mérito personal de dedicar recursos propios al bienestar ajeno, sin pedir nada a cambio que no sea el uso responsable de lo donado.

Sólo cuando las personas pueden decir que algo es de su propiedad es que puede darse el mérito de la caridad y la filantropía. Se trata del dinero y bienes de Gates, de Buffet y de la tía Carmen y que ellos dan libremente. Ninguna otra caridad tiene mérito.

Caridad y filantropía necesitan medir sus resultados

Con diferencias o no, necesitan tener una idea de sus resultados, sea filantropía o caridad lo que se haga.

El punto central de las dos, cuando son vistas con racionalidad, es realizarlas de la manera en la que mejor rinda resultados —resultados en el receptor de la caridad o la ayuda dada. No tendría sentido dar emplear recursos que nunca sobran, si no se produce el efecto deseado.

En palabras breves, una buena obra de caridad y la filantropía efectiva son las que también miden los resultados obtenidos comparados contra el objetivo buscado, presuponiendo que este es bueno.

En mi evaluación de resultados descarto uno de sus efectos, el de la satisfacción personal del realizador de la obra de caridad. Mientras que la satisfacción personal es sin duda una consecuencia de hacer caridad no es parte integral del resultado buscado, sino una consecuencia lateral de escasa importancia real.

Tipos de caridad

Esas acciones caritativas y filaantrópicas pueden ser de muy diversos tipos —con facilidad pueden crearse clases o categorías de obras de caridad: las realizadas ocasionalmente, las sistemáticas; las personales, las institucionales; las pequeñas, las grandes; las de urgencia inmediata, las de efectos de largo plazo.

De entre todos estos tipos deseo destacar las que son de grandes montos, de naturaleza más bien institucional y que pueden perseguir resultados de corto o largo plazo.

En particular quiero referirme a las obras de ayuda y caridad que realizan empresas y personas con gran cantidad de fondos a su disposición o que son capaces de atraerlos.

Son los casos representados por las muy conocidas acciones de celebridades como Bill y Melinda Gates que presiden una gran fundación y como Bono, el cantante, que tiene un gran poder de convocar y llamar la atención a obras de ayuda.

En lo general, son los casos de las fundaciones que otorgan recursos que facilitan acciones que son de beneficio, sea la compra de redes protectoras contra mosquitos en África o becas a estudiantes prometedores sin recursos.

Resultados, resultados…

Los fondos otorgados por las fundaciones o individuos —es un punto central— en casos de grandes cantidades tienen la obligación inherente de ser usadas con eficiencia. Es decir, deben ser evaluadas para suspender las obras de resultados malos y sostener las de resultados buenos.

Quiero ir más allá de la satisfacción personal y fama del donante: lo que más interesa no es la fama de Bono o de los Gates, ni su satisfacción personal, sino el resultado final de sus acciones caritativas.

En una columna del Wall Street Journal se expresa muy bien esta preocupación mía —William R. Easterly, en «Why Bill Gates Hates My Book», plantea que no hay evidencia que las grandes ayudas de las empresas sean efectivas en el combate a la pobreza.

Caridad a ciegas

El punto es simple: con evidencias que sugieren falta de resultados. Las acciones filantrópicas son puestas en tela de juicio para todos, muy especialmente para quien las realiza y con ellas adquiere una posición reconocida.

La gran idea aquí es muy cristalina: existe la obligación en esos donantes con fines nobles de estudiar los resultados de sus obras. No solo como una forma de elevar la eficiencia de los fondos usados, sino lo más importante: para evitar que se profundice eso que pretenden ayudar a combatir.

La columna de Easterly da datos al respecto: en 2005 el Tercer Mundo recibió 5.1 miles de millones de dólares de ayuda empresarial estadounidense, equivalente a 0.004% de los 12.4 billones de producción. ¿Muy poco y debe ser más?

Antes de entrar en una campaña convocatoria deben darse resultados. No los hay. De seguro es más productiva la otra ruta: facilitar la creación de capital en esos lugares en los que desea combatirse la pobreza —después de todo es el capital el que hace posible elevar los ingresos. La caridad consistente crea dependencia y no eleva ingresos.

Mi gran punto aquí es ver las cosas desde el otro lado. Contrario a lo que Gates cree, el capitalismo ha reducido la pobreza y puede hacerlo más, con más éxito que la filantropía clásica. Más datos de Easterly: en 1950 el ingreso promedio en el mundo era de 2,000 dólares, ahora es 3.5 veces mayor; los países pobres crecen a ritmos que no son diferentes a los de países ricos.

En resumen hasta aquí

No pueden ser más dignos de alabanza los esfuerzos de las grandes fundaciones filantrópicas —ellas poseen compromisos reales y muestran que sí aman al prójimo. Pero esas acciones, por bien motivadas que estén, suele faltar otro ingrediente que es vital y se trata de otra de las virtudes: la prudencia.

Además, esto muestra otra diferencia entre caridad y filantropía. Ya que la caridad implica un contacto más personal e individualizado, ella permite una percepción más directa e inmediata de los resultados mediante el contacto directo entre personas.

El monopolio de la caridad y la filantropía

A pesar de tener diferencias entre sí, la filantropía y la caridad, tienen algo en común, que es un competidor poderoso que pretende monopolizar sus acciones de ayuda.

Para explicar ese intento de monopolización de la caridad y la filantropía, necesito primero hacer una cita del presidente estadounidense G. Cleveland:

«Siempre puede confiarse en la amistad y la caridad de nuestros connacionales para el alivio de sus conciudadanos en desgracia. Esto ha sido demostrado repetida y recientemente. La ayuda federal en esos casos promueve la expectativa de cuidado paternal por parte del gobierno y debilita la fortaleza de nuestro carácter nacional, impidiendo la indulgencia entre nuestra gente de ese amable sentimiento y conducta que fortalece los lazos de una hermandad común».

Eso se dijo en 1887 y obedecía a una forma de pensar. La que sostenía que un gobierno central no tiene la obligación de extender su asistencia a casos no asociados con el servicio público.

En otras palabras, la caridad ni la filantropía no son un asunto gubernamental, sino uno confiado a los sentimientos de caridad y compasión de la gente misma —la que se conmueve al saber de las desfortunas del prójimo.

La mentalidad de esos tiempos ha sido modificada sustancialmente, invirtiendo los papeles: ahora el individuo es el que se considera sin responsabilidad de atender esas situación, la que ha sido tomada por los gobiernos.

La monopolización de la caridad y la filantropía

• Antes: las personas eran responsables de obras de caridad, compasión y ayuda a las situaciones de los demás. Una responsabilidad que nadie más tiene y no puede ser delegada en otros.

• Ahora: los gobiernos son responsables de la caridad, la compasión y la ayuda a las situaciones de los demás. La persona delega esa antigua responsabilidad personal en el gobierno.

En resumen, las obras de caridad han sido delegadas —del antiguo responsable, que era la persona, a una agencia con funciones caritativas, que es el gobierno.

Subsidiariedad

La modificación es contraria al principio de la subsidiariedad —un fenómeno bien descrito por R. Sirico en «Caridad pública o privada, ¿cuál va primero?»

Lo que quiero agregar es esa idea mencionada al principio, la de la monopolización de la ayuda a otros, por la que el marco mental de las personas les hace pensar en un canal exclusivo para obras de ayuda y caridad: el gobierno.

En ese marco mental, la persona se retira de la posibilidad de ser ella el sujeto activo de acciones caritativas y de ayuda a otras en situaciones de apremio —dejando así de verse como responsable de realizarlas.

Y si percibe necesidad de realizarlas, la persona reclama la acción gubernamental. Para ella, el gobierno tiene la función adicional de la caridad y la compasión —una mentalidad opuesta a la expresada en la cita del presidente estadounidense.

La regla cristiana establece como mandato el «amarás al prójimo como a ti mismo» —una clara obligación personal que dirige a la persona su acción personal. El mandato ha sido modificado a «reclamarás al gobierno que él ame a tu prójimo».

Un cambio que extrañamente ha sido aprobado por algunos sectores religiosos —eso que suelen ser partidarios del estatismo en sus diversas manifestaciones y que, con eso, relevan a la persona de sus obligaciones de caridad y compasión.

La mutación mental de la caridad y la filantropía

Bajo esa mentalidad los gobierno y no las personas, son los responsables de la caridad y la ayuda la desfortuna de otros. Es el gobierno quien ahora tiene el monopolio de la compasión.

Si acaso, como ejemplo, la vecina es una madre soltera que necesita ayuda, bajo la mentalidad tradicional, ayudarla es una responsabilidad de su familia, de sus amigos, de sus vecinos.

Bajo la mentalidad actual, quien quiera ayudar a esa misma madre soltera le dirá «Ve a la oficina de gobierno e inscríbete en el programa de ayuda social para mujeres jefas de familia».

Conclusión

Han sido examinadas las similitudes y diferencias entre caridad y filantropía, con énfasis en la medición de resultados de ambas y el enemigo común que ellas enfrentan.



Y unas cosas más para los curiosos…

Debe verse:

El significado de caridad: no es justicia

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[Actualización última: 2020-09]