Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Fin de Sexenio
Eduardo García Gaspar
3 octubre 2006
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Era temor mexicano el esperar alguna crisis económica al final del período presidencial, como sucedió con Carlos Salinas y otros antes (remember López Portillo y Echeverría). Todo indica que eso no sucederá en este sexenio. La economía mexicana está estable y ninguno de sus indicadores señala peligros serios inmediatos que lleven a una crisis de nuestra economía.

Ésa es la buena noticia y la realidad es que es altamente bienvenida. Es un gran descanso saber eso. La mala noticia es que la administración actual dejará una crisis política, de otro tipo, pero crisis al fin, y de proporciones mayores a las anteriores. Para aquellos que extrañaron la crisis de fin de sexenio al terminar Zedillo y que veían con extrañeza que no hubiera crisis en 2006, ahora tienen algo de qué hablar.

Tenemos ya declarada la crisis, es abierta y explícita. Es política y fue producida por decisiones de gobernantes y partidos. La responsabilidad de la crisis es de los gobernantes, de la administración presente y de los partidos. Veamos esto parte por parte, comenzando por la presidencia mexicana.

Fox probó ser un presidente con algunas fortalezas, como el manejo de la estabilidad económica, pero una debilidad terrible, su miedo o pavor a aplicar la ley, de lo que dio una indicación con el asunto de Atenco. Para todos propósito práctico, Fox y su gente ignoraron la ley y establecieron que todo aquél que la violara tenía derecho de diálogo con ellos. La miopía se convertirá en anécdota recordada durante años y me parece que terminará por dar a Fox la imagen de un presidente que también dejó una crisis a su sucesor.

Pero para bailar un tango se necesitan dos. La otra parte de la crisis mexicana de fin de sexenio es la de los partidos, cuyo valor central durante la administración que termina fue el evitar llegar a acuerdos para la modernización del país. Así como Fox y su equipo ofrecían diálogo con cualquiera que violaba la ley, los partidos entre sí se negaron a dialogar y llegar a acuerdos. Si acaso algún acuerdo se daba, se reclamaba que había “mayoriteo”.

Y eso es muy notable. Los ciudadanos,  me imagino, reclamaban a los legisladores que estos dialogaran y llegaran a acuerdos entre sí. Pero cuando algo se lograba, el partido que perdía la votación se rasgaba las vestiduras y hablaba peyorativamente de “mayoriteo”.

Es decir, para algunos legisladores llegar a acuerdos era negativo, pues la misión de sus puestos era permanecer en un desacuerdo eterno. Recuerde usted la expresión del “PRIAN” que despectivamente hablaba del acuerdo de dos partidos.

La situación es paradójica al menos (quizá hasta surrealista), pues la presidencia debía dialogar con todos, sin importar la ley, pero los partidos no debían dialogar entre sí, sino vivir entre reclamos y confrontaciones mutuas apuntando sus baterías a las elecciones de 2006. Y dentro de los partidos, entonces, surge el otro gran coprotagonista de la crisis de fin de sexenio, el ala rabiosa del PRD que se niega a reconocer los resultados electorales y establece un gobierno alterno.

La gran víctima de la acción conjunta de estos protagonistas es la ciudadanía, rehén de una situación de falta de estado de derecho: Fox coloca al diálogo por encima de todo, López Obrador se niega a todo diálogo, pero al mismo tiempo los dos ignoran a la ley.  Fox y López Obrador tienen en común su falta de respeto por la ley y sólo difieren en su inclinación por el diálogo.

El resultado es un vacío político, la crisis misma de la que hablo y que es ocasión pintada para acciones como la de Oaxaca, una insurrección práctica que tiene en común el mismo elemento de Fox y López Obrador, el hacer de lado a la ley, basar todo en la posibilidad de diálogo y negociación que una de las partes rechaza. Estamos en crisis de fin de sexenio, otra vez, aunque no es de índole económica, sino política y provocada en esencia por la ignorancia de la ley.

Creo que las crisis económicas anteriores dejaron lecciones que se aprendieron, al menos no cometiendo los mismos errores. Ahora los errores cometidos fueron políticos y sufrimos otra crisis, diferente, pero crisis al fin, cuya solución tendrá el mismo efecto: retrasar las perspectivas de prosperidad de los mexicanos.

POST SCRIPTUM

• Quizá, según lo anterior, pueda establecerse que la crisis actual ha sido causada principalmente por la falta de aplicación de la ley; ni la presidencia, ni López Obrador la han respetado, ni tratado de aplicar, menos aún los guerrilleros operando en Oaxaca. Las posturas de ambos son iguales en ese sentido, el de hacer de lado a la ley. Y así todo pasa a sustentarse en la posibilidad de diálogo, el que Fox privilegia y López Obrador rechaza.


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