Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gobiernos Sin Sentido
Leonardo Girondella Mora
26 septiembre 2006
Sección: EDUCACION, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Si el sentido común es el menos común de los sentidos, eso tiene una explicación —la mente humana se contamina con el enemigo número número uno de la razón, la ideología, esa terquedad mental de bonitos nombres que tiene la osadía de querer explicar toda la realidad ignorándola.

Sin ideologías que estorben, queda libre un gran instrumento, el sentido común, eso que acumula la sabiduría de millones de personas que han aprendido que ciertas acciones producen ciertos resultados.

Un ejemplo de lo que quiero decir, fue una columna publicada a finales de junio, unos pocos días antes de la elección mexicana, por  A. Damm quien habló de “los siete principios universales del buen gobierno, apuntados, en el siglo XIX, por Abraham Lincoln:

  • No se puede alcanzar la prosperidad combatiendo el ahorro.
  • No se puede ayudar al asalariado derribando al patrón.
  • No se puede promover la fraternidad humana fomentando el odio entre las clases.
  • No se puede ayudar a los pobres destruyendo a los ricos.
  • No se puede uno librar de sus dificultades gastando más de lo se gana.
  • No se puede construir el carácter y el valor arrebatándole a un hombre su iniciativa.
  • No se puede ayudar a los hombres haciendo por ellos lo que ellos deben hacer por si mismos.

No sé la fuente de Damm para esos principios. Sin embargo, es fácil ver que se trata de una serie de ideas de simple sentido común —nada ideológico, al contrario, parecen provenir de la acumulación milenaria de conocimiento.

Todos esos “nos” llevan dentro de sí la experiencia de cientos de generaciones. Si se quiere prosperar, es necesario ahorrar; si se quieren tener empleos habrá que respetar al que los crea; si se quiere cooperación deben evitarse los odios; si quieres tener dificultades gasta más de lo que tienes.

Todo eso da la impresión de ser obvio y lo es —lo que causa sorpresa es que eso que aplica a la vida práctica de las personas se ignora cuando se trata de la función gubernamental. Muchos gobiernos hacen exactamente lo opuesto —para generar prosperidad gastan más de lo que tienen, para ayudar a empleado atacan al empleador, para mejorar a los ciudadanos les quitan responsabilidades.

Añado otros principios, también de sentido común, obtenidos en un texto de Christopher J. Derry, Lawrence W. Reed, “Seven Principles of Sound Public Policy for Kentucky”:

  • La gente libre no es igual y la gente igual no es libre.
  • Las propiedades personales son bien cuidadas; las propiedades ajenas tienden a ser descuidadas.
  • Las políticas requieren considerar los efectos de largo plazo en todas las personas, y no sólo los efectos de corto plazo en unas pocas.
  • Si algo es fomentado, habrá más de eso; si algo es desalentado, se tendrá menos de eso.
  • Nadie gasta dinero ajeno con tanto cuidado como gasta el suyo.
  • Los gobiernos no tienen nada que dar a nadie, a menos que antes lo hayan tomado de alguien y un gobierno que es lo suficientemente grande para darle todo a todos, es lo suficientemente grande como para quitarle todo a todos.
  • Es la libertad lo que hace la gran diferencia en el mundo.

Todos sabemos esas cosas. Podemos anticipar que los carros rentados serán menos cuidados que los propios, que no vale la pena gastar en una fiesta inútil hoy cuando mañana nos puede faltar dinero, que el que tiene poder va a abusar de él, que hay que trabajar para ganar más.

Son estos principios como una recopilación de lecciones aprendidas durante siglos y que sabemos que funcionan —cualquier hombre de campo en su gran sabiduría puede repetirlas.

Pero el gran tema se mantiene. Si sabemos eso, ¿cuál es la causa por la que muchos gobiernos hacen lo contrario? Mi respuesta ha sido establecida al inicio de la columna: las ideologías ciegan hasta tal punto que van en contra de lo aprendido por generaciones de seres humanos.

Uno de esos principios es en especial notable. Dice que los gobiernos no tienen nada que dar a nadie, a menos que antes lo hayan tomado de alguien —es tan cierto y absoluto que no puede ser negado. Los ingresos de los gobiernos provienen de los impuestos nada más, es decir, de dinero retirado de los ciudadanos.

Cuando un gobierno da un subsidio a una persona, ese dinero se lo ha quitado a otra —así de simple es el mecanismo, incluso a pesar de las complicaciones económicas y contables (el endeudamiento público para financiarse hoy es equivalente a impuestos mañana).

Otras serían las condiciones de las naciones si en lugar de las ideologías fuesen aplicados estos principios, pues nada hay en ellos de izquierda o de derecha, de socialismo o de comunismo.

NOTA DEL EDITOR

Una de las grandes muestras de falta sentido común fue ilustrada durante las campañas electorales mexicanas. En ellas, candidatos de casi todos los partidos hicieron promesas de reducir los precios de la electricidad a los ciudadanos. Se argumentó a favor y en contra de esa promesa, usualmente esgrimiendo razonamientos económicos y políticos, pero no de sentido común.

Nunca se dijo que si fuera posible manejar los precios así, por decreto, entonces también era posible manejar el precio de los demás bienes, reduciéndolos por decreto oficial y que entonces, tal vez, podría decretarse una reducción del precio de las casas y de los alimentos. Este reductio ad absurdum es una buena prueba de sentido común.


ContraPeso.info, un servicio con antecedentes desde 1995, funciona como proveedor de ideas e información adicional a los medios dominantes.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras