Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Hasta Que no se ve
Eduardo García Gaspar
7 julio 2006
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


He recibido recientemente comentarios de lectores. Dos de ellos marcan una diferencia extraordinaria, tanta que me llegaron a recordar eso que decía Kenneth Clark, el del programa de finales de los años 60, llamado “Civilización”. Se preguntaba él cuál era la definición de esa palabra, civilización.

Y contestaba que no lo sabía, pero que la podía reconocer cuando estaba frente a ella. Puedo imaginarme a una persona cualquiera frente a, digamos, Las Meninas, y reconocer que está frente a algo civilizado. O dialogar con alguien exponiendo razonamientos. Pero hay cosas que sabemos que no son civilización, como cuando se usa la violencia para imponerse sobre otros. Civilización es cultura, educación. Es vida en sociedad

Civilización implica convivencia, educación, buen trato, respeto, todas esas palabras que en conjunto nos hacen vivir mejor. Los comentarios que menciono venían de personas que manifestaban su desacuerdo con mi opinión en alguna de estas columnas. Pero hasta allí lo que en común tenían.

En una de ellas se veía la civilización, eso que no se sabe qué es hasta que se está frente a ella. La otra era opuesta, vulgar, insultante, soez. Sabía que no estaba yo frente a algo civilizado.

Con la lectora civilizada tuve un amable intercambio de opiniones, en el que los desacuerdos fueron reconocidos y, mejor aún, los acuerdos establecidos. Con el otro, eso era imposible. El ejemplo de la vida diaria que uso es repetido millones de veces todos los días en todas partes, pues como seres humanos imperfectos es imposible que estemos de acuerdo en todo. No somos robots.

Y ante los desacuerdos nos colocamos frente al dilema de convivencia mayor que se tiene, el de cómo vivir sabiendo que existen desacuerdos, algunos en extremo serios. No tengo la respuesta y creo que nadie la tiene, pero sí sé lo que no debe hacerse y eso es el de la reacción incivilizada. A nada llevan los insultos, las groserías, las acciones violentas, las amenazas.

Por lo menos, hasta ahora, si no sabemos exactamente qué hacer para remediar los desacuerdos, si sabemos qué no debemos hacer. Está bien el adelanto que hemos hecho y a lo que podemos llamar parte del comportamiento civilizado. Aún así queda la mayor parte del problema, ¿cómo pueden convivir personas que piensan diferente, a veces muy diferente?

Suena teórico, pero no lo es. Más aún, lo vivimos en este momento en México, con las elecciones disputadas aún con impugnación. ¿Cómo convivir en una comunidad en la que algunos votarán por candidatos muy opuestos y enemistados entre sí?

La respuesta, curiosamente, puede venir de los deportes: sus reglas han sido aceptadas de antemano por los contendientes. En este caso, se eligen a los gobernantes que esas reglas establecen como ganadores y quienes pierden aceptan su derrota por ese acuerdo previo. Es parte de la civilización, del comportamiento educado y del respeto al compromiso aceptado.

Son dos pasos en la dirección correcta: el trato educado y el respeto a reglas acordadas de antemano. No está mal, nada mal, pero queda por resolver el problema mayor que es el de llegar a acordar reglas comunes aceptadas por personas que piensan distinto. La tarea es fenomenal. Una de las soluciones es la vía constitucional, que es un documento de principios generales aceptados por todos, definiendo “todos” como una gran mayoría.

Y derivar de allí leyes congruentes con esa constitución, incluyendo reglas adicionales para resolver desacuerdos. El nombre que se le da a esto es Estado de Derecho y es un sistema de leyes respetadas. No es la solución perfecta, pero es razonable. Sin embargo, aún queda otro problema más básico, que es la base de los principios que sostienen a la constitución.

No es fácil y quizá la más imaginativa de las soluciones es la de tener principios que den la posibilidad a todos de vivir bajo sus propias ideas personales de tal manera que la convivencia sea posible sin conflictos mayores. Bajo este sistema, nadie impone a nadie sus ideas y éste se torna en un principio no sujeto a votación, del que deriva por lógica lo establecido en la Constitución.

Las democracias parten del supuesto que los gobernantes son civilizados y que consideran que viven bajo reglas que obligan a todos, donde la violencia es inaceptable. México ahora deberá probar que es capaz de ser llamado un país civilizado.

POST SCRIPTUM

• El libro aceptado como una fuente obligada en este tema es el de Nozick, Robert (1974). ANARCHY, STATE, AND UTOPIA. New York. Basic Books. 0465002706 y que es realmente sensacional.

• El tema ha sido analizado en la sección AmaYi, en  Mi utopía o la tuya, basado en una idea de Bastiat, Frederic (1987). THE LAW. The Foundation for Economic Education Irving-on-Hudson, New York. Y también en Ejercicios utópicos, basado en una idea de Murray, Charles A (1988). IN PURSUIT : OF HAPPINESS AND GOOD GOVERNMENT. New York. Simon and Schuster. 0671611003.

• En El Equilibrio del poder hay un largo ensayo que justifica la división de todo los poderes para poder lograr esa libertad individual en la que se sustenta la posibilidad de vivir todos en un sistema que haga posible los ideales de cada uno.


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