Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Honestidad de Gobernantes
Eduardo García Gaspar
15 junio 2006
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Viendo las cuestiones electorales para decidir el voto, la gran variable es la serie de ideas que cada candidato presenta. Este es el foco primario de atención del ciudadano, o debería serlo.

Y en el caso mexicano actual es más o menos claro que la disyuntiva del votante es la elección de dos modelos políticos, el socialista y el liberal; el del retroceso y el del avance.

No tengo la menor idea de que la opción liberal es la mejor y por mucho: las evidencias abundan en su favor y también los razonamientos económicos. No es un sistema perfecto, pero el liberalismo da mucho mejores resultados que el socialismo.

El votante mexicano decidirá en esto seleccionado a un presidente y legisladores inclinados por una de esas dos vertientes.

Hasta allí, la elección mexicana no es diferente que la de muchas otras partes, una decisión del rumbo que el país tomará entre esas dos opciones y muchos puntos intermedios. No hay problema en esto. Es lo normal. Pero en la elección mexicana ha surgido otra variable extra, una que debía darse por sentada y no jugar un papel importante.

La hipótesis del ciudadano es el considerar que la honestidad de quienes piden su voto es una realidad. No son seres perfectos los gobernantes, pero de ellos se espera que sean honestos, lo que para todo propósito práctico significa que no hayan aprovechado para su bien de manera desleal los recursos y el poder que en sus puestos tienen.

Debía ser una cuestión fija, que poco juego tenga en las elecciones pues suponemos que quienes aspiran a lograr votos sean honestos.

Pero sucede que lo que esperamos en términos de honestidad de los candidatos no se ha dado como esperábamos. No de uno de los partidos, sino de todos. La percepción ciudadana, me parece, es que ninguno de los partidos ni de los candidatos está libre de culpa.

No es una cuestión de la última revelación, sino una cuestión que se ha tratado desde el principio de las elecciones: tráfico de dinero, beneficios personales, tráfico de influencias, corrupción, falta de transparencia… en todos los partidos.

Y lo peor, en un sistema de justicia inexistente, el ciudadano no tiene manera de distinguir entre el inocente y el culpable. Las sospechas se convierten así en certezas y se desarrolla la idea de una impunidad rampante entre los gobernantes.

La honestidad, que debería ser un supuesto fijo en los gobernantes, se convierte en una variable de decisión de voto. Ya no se trata sólo de votar por planes de gobierno, sino por el de imagen menos contaminada por la deshonestidad… con el ciudadano quizá creyendo que no hay ninguno inocente del todo.

Los antecedentes vienen de gobernantes del PRI: una serie de personas con fortunas inexplicables que establecieron una tradición. Tener un puesto público es una manera de enriquecimiento ilícito. Atrajeron así al gobierno a gente de moral laxa que sentó el ejemplo a seguir y creó la imagen del gobernante como esencialmente corrupto, lo sea o no.

Por esto es que sin grandes problemas se cree toda acusación de corrupción. Es la probabilidad más alta.

Y lo es porque el sistema de justicia no ha castigado a gobernantes que han logrado fortunas personales. Es lógico por tanto que las acusaciones de deshonestidad sean creídas por las personas, sin necesidad de juicios ni investigaciones serias. Videos, documentos, grabaciones, acusaciones verbales, son por eso lanzados a los medios, sabiendo que el veredicto es seguro: serán considerados culpables, por la gente y por los propios medios.

Por eso, una de las estrategias de campaña electoral es el de lanzamiento de acusaciones, que aprovechan la falta de un sistema confiable de justicia y caen en suelo propicio para ser creídas, sean o no ciertas. Una situación así complica la vida del ciudadano, quien tiene que evaluar las propuestas de gobierno, pero también debe adoptar un nuevo papel, el de juez que dictamina inocencia o culpabilidad de los candidatos.

La tarea del ciudadano se duplica, con una desventaja de consecuencias tremendas: el ambiente electoral se calienta entre los partidarios duros de cada candidato y el resultado de la elección se hace dudoso para muchos, no importa quién gane realmente.

Todo indica, por tanto, que el país enfrentará a las elecciones en medio de una situación muy poco propicia al orden.

ContraPeso.info, un servicio con antecedentes desde 1995, funciona como proveedor de ideas e información adicional a los medios dominantes.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras