Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Iglesia y Estado
Eduardo García Gaspar
7 febrero 2006
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Una Segunda Opinión
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Un tema de fondo se presentó recientemente en la escena mexicana, cuando dos de sus celebridades expresaron puntos de vista contrarios, y que se refieren a la separación entre religión y gobierno. El tema bien vale una segunda opinión.

Primero, Abascal, secretario de gobernación, hablando en una conferencia sobre ética.

Dijo cosas como éstas: que es necesario recuperar con absoluta libertad de credo a la religión para la vinculación del ser humano con su destino, para que le dé sentido a los valores éticos. Criticó a la democracia neoliberal por sacrificar los valores para consentir con la voluntad de las mayorías, que aprueba el aborto, la infidelidad conyugal o una violación de los derechos humanos de una minoría por razonamientos relativistas.

Segundo, la reacción de Monsiváis, un intelectual mexicano por decenios, durante una ceremonia en su honor.

Dijo que como ciudadano y creyente, el secretario está en su perfecto derecho de hablar de las ventajas de la fe, pero no como Secretario de Estado. Defendió el laicismo como parte de la sociedad moderna e incluso ensalzó a la secularización. La oposición entre ambas creencias es la suficiente como para atraer la atención de los medios, reportar los hechos y dejarlo al nivel de una confrontación política entre la modernidad y el fanatismo, sin ver el fondo de la historia. Y esto es lo que creo que bien merece esta segunda opinión.

Comienzo por lo obvio. En un sistema maduro político, las declaraciones del secretario producirían nada parecido a la reacción de Monsiváis. La madurez es prudencia y la prudencia llama a entender las cosas. Pero en un sistema inmaduro como el mexicano, que un secretario exalte la religión es una falta mayor, que debe reclamarse abiertamente. Creo que Abascal debía haberlo sabido y evitado.

Y creo que Monsiváis exagera y cae presa de lo mismo que ve en el ojo ajeno. Ya en algo más profundo, el tema merece una serie de precisiones. La separación de la iglesia y el estado es conveniente y saludable, pues evita la concentración de poder. La separación claramente se refiere a la distinción entre las jerarquías religiosas y las gubernamentales y se fundamente en la libertad religiosa sin intromisión estatal. No es complicado de entender.

Hace siglos que eso se escribió. El laicismo en México dio un paso más, que se ha convertido en dogma: la educación laica pública. La educación que se da en establecimientos propiedad del gobierno no puede ser religiosa. No puede haber cursos de religión, incluso aunque lo pidiesen los padres de familia… una curiosa situación de violación de libertad educativa. El resultado de esto es que millones de estudiantes salen sin instrucción religiosa, de ningún tipo.

Hay otro paso que se ha dado en México y que ya no es el de la separación de Iglesias=Gobierno, ni el de la imposibilidad de instrucción religiosa pública. A esto lo podemos llamar secularización y es más que separación y que laicismo. Es una modalidad de censura, por la que los puntos de vista religiosos son atacados. Si la separación entre Iglesias y Estado llama a la libertad religiosa, la secularización propone la limitación de esa misma libertad religiosa. Es un fenómeno interesante y asimétrico, muy bien ejemplificado en la situación de esos dos personajes.

A un secretario de gobierno se le reclama el uso de su libertad de expresión para señalar que la religión es fuente de valores. Y un intelectual usa esa misma libertad para atacar la libertad del otro. ¿Puede o no un funcionario público decir que la religión es fuente de valores? Ésa es la pregunta real. Si la pregunta se responde afirmativamente, estamos en un sistema de libertades mutuas, iguales para todos, los religiosos y los no religiosos.

Si la pregunta se contesta negativamente, estamos en un sistema de libertades selectas, discriminadas, por la que un funcionario público podría hablar criticando a las religiones, pero no podría exaltarlas. Abascal cometió un error, el de no prever la reacción de personas como Monsiváis. Podía haber mesurado sus palabras. Monsiváis cometió el error mayor, al negar la libertad de un secretario de gobierno para establecer una opinión propia. Entre el sistema de Monsiváis y el de Abascal, me quedo con el de éste último, donde hay más libertades.

POST SCRIPTUM

Este asunto, trae a la mente la idea de San Agustín y cómo es que las creencias cristianas causan bienestar en el mundo terrenal: esas creencias imponen sobre sus miembros valores y principios éticos de alta virtud y comportamiento, lo que ayuda a contrarrestar las malas costumbres, como la corrupción.

Véase, por ejemplo, Strauss, Leo, Cropsey, Joseph (1987). HISTORY OF POLITICAL PHILOSOPHY. Chicago. University of Chicago Press. 0226777103, p. 201. Alexis de Tocqueville trata la misma idea esencial: las religiones son guías de las personas libres. Sin religión, la libertad es esclavitud. La misma tesis se sostiene en el capítulo introductorio de Johnson, Paul (1992). MODERN TIMES : THE WORLD FROM THE TWENTIES TO THE NINETIES. New York, N.Y. HarperPerennial. 0060922834.

La separación iglesias-gobiernos es sana. Es uno de los mecanismos que evitan la acumulación del poder. Pero esa separación no significa la cancelación de la religión anulando sus libertades de expresión.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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