Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Indiferencia Política
Eduardo García Gaspar
1 septiembre 2006
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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No hace mucho que una empresa encuestadora presentó en la radio los resultados de una investigación. A una muestra representativa de mexicanos adultos les preguntaron en que posición política se encontraban ellos. Las respuestas fueron en esencia las siguientes.

Alrededor de la mitad dijeron estar claramente en la derecha (50). Una quinta parte dijeron estar en la izquierda (20) y una tercera en el centro (30).

Si esto es cierto, es posible especular sobre diversas hipótesis acerca del comportamiento político de los mexicanos. Ideas que suenan razonables, pero que requerirían mayores datos para probarlas.

Primero. Las probabilidades de victoria de los partidos de centro y derecha son mayores que las de la izquierda. En las pasadas votaciones votaron por la izquierda un número ligeramente menor que por la derecha, lo que significa posiblemente que AMLO atrajo a votantes del centro y algunos de la derecha. Algo totalmente dependiente de su personalidad y no de sus creencias.

Segundo. Por la izquierda clara votó un tercio de la población, más de lo esperado, pero muy lejos de lograr un giro de opinión mayoritario hacia la izquierda. Digamos que la población de votantes mexicanos no es de izquierda, al contrario. Parece lógico ante lo anterior que ante la conducta actual de AMLO, la izquierda haya perdido parte importante de votantes originales que tuvo y que no eran de izquierda.

Tercero. Los votantes en el centro pueden estar revelando una posición de indiferencia y quizá representar una buena parte de quienes no votaron, es decir, el 40 por ciento de los votantes totales. Ser de centro puede revelar una posición política media, es cierto, pero también puede significar indiferencia. La tesis aquí indica que los votantes en cualquiera de los extremos tienen más inclinación a votar que los de centro. Puede ser, pero habría que investigarlo.

Cuarto, otra posibilidad fascinante. La firma encuestadora preguntó en qué posición política se encontraba cada encuestado y eso puede ser irreal, porque es posible encontrar personas que sencillamente no tengan opinión política alguna, ni siquiera la de centro y ellas sí serían quizá las más propensas a no votar. Esta especulación por investigar tiene su fundamento en algo real.

México no tiene una historia de tradición política fuera de regímenes autoritarios. Si tomamos la historia mexicana desde la fundación de la capital azteca, tenemos que más o menos un 90 por ciento del tiempo hemos vivido bajo regímenes autoritarios: imperio azteca, colonia, porfiriato, PRI.

Como un 7 por ciento bajo desorden político: independencia y revolución. Y el resto bajo sistemas democráticos. Esa historia no deja una huella importante de tradición de valores políticos.

Por tanto, es muy posible que para el ciudadano mexicano la idea de pertenecer a la izquierda o a la derecha o al centro no tenga un significado claro y se defina más como una posición de favoritismo partidario o de primeras impresiones superficiales.

Puede ser que en la actualidad el panorama político mexicano sea mucho más la selección entre partidos y personas que la elección entre posiciones políticas.

Una investigación más completa podría profundizar en estas cuestiones. Recuerdo, por cierto, otra encuesta, de hace tiempo, en la que se concluía que se estaba desilusionado con la democracia y que había cierta aceptación de gobiernos autoritarios si es que ellos solucionaban problemas de desarrollo. La orientación política mexicana, me da la impresión, más que estar basada en principios y valores, está sustentada en dos creencias.

Esas dos creencias son el personalismo y los resultados prácticos. Quizá los mexicanos estamos más orientados a seleccionar entre personas y lo que pensamos que ellas puedan dar como resultados… y menos a pensar en la coincidencia entre esas personas y nuestros valores políticos. La causa de esto es que no tenemos creencias políticas arraigadas.

Puede ser que en el fondo, nuestra historia sólo nos muestre dos alternativas: orden bajo un sistema autoritario, o desorden bajo una situación de luchas por el poder. Me parecería obvio que se prefiera el orden al desorden y que la democracia sea descartada si es que ella produce caos.


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