Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Actitud Conservadora
Leonardo Girondella Mora
21 marzo 2006
Sección: EDUCACION, Sección: Asuntos
Catalogado en:


ContraPeso.info publicó en diciembre de 2005 La idea conservadora, un resumen de una parte de la obra de Russell Kirk de los años 50. El libro es considerado un parteaguas en la historia intelectual del conservadurismo, haciéndolo ver como un movimiento respetable y vivo.

Quizá en parte, sea la obra también causante del llamado neoliberalismo, definiéndolo como una mezcla de propuestas de libertad rodeadas de propuestas de responsabilidad moral —en donde caben los llamados “neocons”, es decir, ese grupo de personas tan criticado por la izquierda.

Mi intención es profundizar el el significado del conservadurismo. Pertenecer al grupo intelectual conservador implica decir sí a las siguientes preguntas.

• ¿Apoya usted ideas de libertad de mercados, comercio libre, gobiernos pequeños, impuestos bajos, libertad de expresión, división del poder, libertad religiosa? La respuesta afirmativa a estas preguntas lo coloca a usted del lado conservador, al menos en una de sus dos facetas.

• ¿Apoya usted ideas de valores absolutos, responsabilidad personal, Estado de Derecho, propiedad privada? Contestar que sí a estas nociones, lo acerca un poco más.

• ¿Tiene usted creencias religiosas, cree que Dios existe, que las personas valen en sí mismas, que se tienen obligaciones éticas y morales? Contestar que sí, lo coloca a usted aún más cerca de los conservadores. Pero la prueba de fuego viene del otro lado —me refiero a las cosas que usted rechaza, cosas de las que usted sospecha, cosas en las que usted no cree.

• ¿Cree usted en las utopías propuestas por gobernantes que hablan de repúblicas bolivarianas, de nuevas eras de prosperidad, de sociedades perfectamente justas, de cambios de modelo social? Si usted no cree en esas promesas políticas, casi puede decirse que usted en un conservador —de esos en quienes causa urticaria escuchar promesas irrealizables de mundos perfectos.

Es que la experiencia le ha mostrado a usted que nada de eso funciona. Los sueños de Marx y de Hitler eran de ese tipo, igual que los del New Deal y los de la New Society en los EEUU. El conservador es un tipo prudente, que no se traga esos sueños apoteósicos de mundos futuros —y no se los cree porque la experiencia le ha mostrado que los hombres somos imperfectos y que con esa materia prima las sociedades perfectas son una estafa.

• ¿Cree usted que la ONU debe regir al mundo, que todo se arregla mediante el diálogo, que lo que cuentan son las intenciones, que la diversidad es el más alto valor, que los gobiernos tienen como misión el hacernos felices? Si usted ve con desconfianza esas ideas, es más conservador de lo que usted mismo piensa —porque el conservador es prudente y sabe que no existe la perfección en este mundo, que un gobierno mundial sería quizá peor que uno nacional, que el gobierno que quiere hacernos felices terminará por hacernos llorar.

Dependiendo de las respuestas que usted mismo se haya dado, podrá averiguar sus inclinaciones —tal vez sea más conservador de lo que usted se imagina, o menos. Y aquí entro a enfatizar otros de los rasgos que más pienso que caracterizan a los conservadores. La palabra misma, conservar acarrea un significado muy claro —implica mantener, sustentar, continuar y en eso define la idea conservadora que teme a las ideas demasiado revolucionarias, demasiado extremas, especialmente cuando ellas implican destruir lo existente como requisito indispensable para construir lo nuevo.

Ello generalmente termina en la primera etapa, la de la destrucción, sin que llegue la segunda etapa, la de la construcción. Para el conservador es mejor el cambio gradual, porque así se construye sobre lo que ya existe y lo que existe es más sólido que cualquier sueño de cualquier político.

Quizá por eso la mayor cualidad del conservador es la prudencia, la capacidad de anticipar las consecuencias de las acciones. Quizá sea sorprendente que el conservador tenga otro rasgo opuesto al de los revolucionarios de grandes proyectos —su atención se centra en pequeños detalles, mientras que el revolucionario se dedica a las grandes concepciones sociales.

La diferencia entre ambos es portentosa. Un revolucionario quiere cambiar todo, absolutamente todo y es por eso que propone nuevos modelos, naciones nuevas, proyectos de nación, hombres nuevos. En cambio, un conservador enfatiza cosas menos grandiosas, como sus quejas acerca de la vulgaridad en los medios y propone para mejorar, una por una las cosas.

El conservador no necesita destruir, porque él quiere mejorar lo existente, poco a poco, gradualmente. El revolucionario, en oposición al conservador, es áspero y bronco, impetuoso y burdo —desea quitarse el pasado, las costumbres, la tradición, la religión, los principios, porque todo eso estorba a sus proyectos.

Es un hombre, por eso, soberbio, altanero, lo opuesto al conservador, no desea quitarse de encima el pasado. Al contrario, es sobre el pasado que quiere construir lo que sigue —no es soberbio, es prudente, cuidadoso, paciente y capaz de entender los medios indirectos. Para progresar sabe que se proponen medios directos, como el gasto gubernamental crecido, pero él sospecha de eso que parece tan sencillo y prefiere lo indirecto, como quizá una sociedad de leyes y de valores.

Por eso el conservador suele ser un tipo religioso, que en las religiones ve efectos sociales positivos. Y finalmente señalo otro rasgo de los conservadores. Es un tipo optimista al mismo tiempo que realista, en contraposición al revolucionario, que también es optimista pero al mismo tiempo soñador. El conservadurismo es más frío, más razonable, más difícil de explicar, más complejo y más lleno de sutilezas.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



1 comentario en “La Actitud Conservadora”
  1. Celia Palacios Dijo:

    ¡Qué interesante artículo! Me he visto como reflejada como conservadora al inicio; sin embargo, cuando usted empezó a hablar de la vulgaridad de los medios, me perdí. Creo que las cuatro primeras preguntas son piedra de toque en su tesis, pero cuando uno empieza a asociar -en la vida real- a los conservadores con los "detalles" relacionados con al sexualidad, ahí me hace ¡crich! todo, porque ésa, desfortunadamente, es la bandera de los conservadores más estereotipados: la religión y sexualidad de manera monolítica, fundamentalista. Quizás sean los mediocres conservadores reales los que desvirtuen lo bueno que puede aportar el conservadurismo a nivel política y economía. Pero cuando encabezan cuestiones sociales con su inamovilidad, ¡asustan, amigo, asustan!





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras