Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Hora del Reparto
Eduardo García Gaspar
13 diciembre 2006
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Para quienes dependen del gobierno, son estos los momentos de definición: el punto que decide sus destinos. Es la hora del reparto gubernamental y, desde luego, todos quieren una rebanada grande. Es normal, lo que haría todo humano.

Imaginen que usted tiene a su cargo una universidad en alguna ciudad de México. Una universidad pública. Usted depende no de lo que cobra a los estudiantes, sino de lo que le toca en el reparto del presupuesto. Por eso es que su interés principal será el quedar bien con los repartidores y no son sus alumnos (y así la calidad de la educación no será su principal prioridad, sino el quedar bien con esos repartidores).

En lo que sé del presupuesto federal, en el terreno de educación este año hay una disminución de como 3 por ciento que afecta a la superior (o mejor dicho universitaria porque no sé qué tan superior sea). Esto ya ha causado sobresaltos y hasta amenazas entre quienes viven de eso. Acostumbrados a recibir sin necesidades de eficiencia,  es humano que se se tengan protestas.

La realidad es que tiene sentido el reducir subsidios a la educación superior. Primero, porque es un segmento pequeño de la población en relación, por ejemplo, a poblaciones miserables en los estados del sur. Segundo, porque esa educación no es tan prioritaria como la más básica. Y tercero, porque los subsidios a la educación superior son regresivos: ayudan a quienes tienen los ingresos más altos, reales o potenciales.

Entre dar fondos a los programas focalizados de pobreza, de combate a la delincuencia y a programas de salud, el subsidio a la educación superior ocupa un lugar muy secundario. Y esto me lleva a otra consideración, que bien vale una segunda opinión. Para quienes están dentro de “la vida del reparto” el mundo se entiende de manera muy diferente comparado con quienes están fuera de ella.

La verdad es que hay dos formas de entender el mundo en este sentido. Unos creen que todo es una cuestión de repartir. Son los que viven de eso, del presupuesto de un gobierno. Los otros son los que están dentro de “la vida del intercambio”. Son los que no reciben nada si a cambio no dan algo. Son los que se ganan la vida con su trabajo y ahorros. Los otros no: sus ingresos provienen de la distribución.

La mentalidad es muy diferente. En lo general, quien está acostumbrado a recibir de un reparto entiende que los problemas se resuelven de esa manera, repartiendo mejor. Tienden a entender los problemas de la sociedad como siendo causados por una mala distribución de las cosas. Es sensato que piensen así, porque eso es lo que viven y por ello sobreviven.

Pero quien está fuera del mundo del reparto ve las cosas muy diferentes. Para ellos no hay distribuciones ni repartos. Para ellos hay intercambios de un bien por otro, voluntarios y beneficiosos para ambas partes. Todos ganan, lo que no sucede en el mundo del reparto, donde las cosas son un juego de suma cero.

Piense usted en esto: para que la dependencia oficial tenga más presupuesto propio, será necesario quitarle a otra dependencia. ¿Quiere más presupuesto para su universidad? Entonces será necesario quitarle algo a otra universidad, o a, quizá, un programa de seguridad publica. Es un mundo de conflictos en el que unos ganan lo que otros pierden.

Pero el mundo del intercambio es un juego de suma positiva. Todos ganan. Para que usted gane no hay que quitarle nada a nadie. Usted quiere ganar más en su panadería y para ello hay que atraer más clientes con un buen producto a un buen precio. Usted vende más y gana. Los clientes tienen mejor pan y ganan también.

Lo que vemos en las noticias, todo eso sobre el presupuesto, las quejas y reclamos, las negociaciones y ajustes, tiene su origen en lo que acabo de mencionar: una manera de entender al mundo por medio de la distribución. Ese es un mundo de conflictos y de peleas y es por eso que no sorprende que entre esa gente sea popular la noción de la lucha de clases. Creen que el mundo es igual al de su pequeña realidad.

El mundo de los intercambios, por el contrario, es uno de cooperación, colaboración y confianza, incluso entre desconocidos: como ése que usted no conoce, ni sabe cómo se llama y en el que confía su vida: el que armó los frenos de su coche.

POST SCRIPTUM

El asunto se hace aún más extremo por otra razón: los que viven en el mundo del reparto obtienen sus ingreso de los que viven en el mundo del intercambio. Son los impuestos: los pagan quienes hacen intercambios y los fondos así obtenidos son los que pasan al mundo de reparto.


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