Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Mejor Medida Económica
Eduardo García Gaspar
2 octubre 2006
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Alguien ha dicho que no sabía definir a la pornografía, pero que al verla sabía muy bien reconocerla. A nosotros nos puede pasar algo como eso, pero al revés: podemos no saber definir muy bien qué es un estado de derecho, pero cuando no lo tenemos lo echamos de menos. Es decir, el estado de derecho es como la salud: la echamos de menos sólo cuando no la tenemos.

Sabemos que no tenemos estado de derecho cuando el crimen abunda y la seguridad escasea. Cuando la excepción es la captura y condena de criminales. Cuando la autoridad se preocupa más de los derechos humanos de los criminales que de los ciudadanos. Cuando se habla de que en otras partes hay una criminalidad mayor a la del país.

Lo opuesto es el estado de derecho, un régimen en el que se aplica la ley, se persigue a los criminales y se les condena. Es la diferencia entre salir a la calle sintiéndose seguro o creyendo que se puede ser sujeto de un crimen. Hay estado de derecho cuando el ciudadano común puede confiar en la policía y en los tribunales.

Sabemos que no hay estado de derecho cuando la corrupción abunda, es notoria y nada se hace por combatirla. Cuando se tiene que pagar al burócrata por conseguir un sello de aprobación para un permiso. Cuando las obras públicas salen más caras de lo que le saldrían a un particular. Cuando hay videos de políticos recibiendo dinero y ellos siguen libres consiguiendo nuevos puestos públicos. Cuando los parientes de políticos se tornan millonarios en poco tiempo.

Lo opuesto a eso es un estado de derecho, en el que la regla es la honestidad de los gobernantes y los fondos públicos se manejan con trasparencia. Cuando un escándalo menor es capaz de motivar la renuncia personal de un funcionario público que tiene el suficiente amor propio como para reconocer que actuó mal. Cuando las obras públicas son bien hechas y el pavimento no presenta baches a los pocos días de colocado.

Sabemos que no hay estado de derecho cuando las acciones indebidas de grupos de presión no son tratadas de acuerdo a lo que la ley haría con un ciudadano común. Si al ciudadano se le prohibe estacionarse en doble fila con más razón se le prohibiría a otros bloquear una calle o acampar en ella. Cuando los derechos de unos cancelan los derechos de otros. Cuando las reglas no son iguales para todos.

Lo opuesto a eso es un estado de derecho, en el que nadie puede bloquear una calle, ni poner barricadas en ellas, ni tomar una tribuna en el congreso, ni reclamar un gobierno pirata. Donde las mismas reglas son aplicadas a todos, independiente de si son miembros de un sindicato o de una organización popular o de un organismo empresarial.

Sabemos que no hay estado de derecho cuando la autoridad hace lo que quiere sin apego a la ley ni a la división de los poderes. Donde los legisladores y gobernantes perdonan los delitos de los miembros de sus partidos y se rasgan las vestiduras cuando la gente de otros partidos hace lo mismo. Cuando quienes apoyan a algún partido reciben favores que violan las leyes y a cambio son carne de cañón en protestas. Cuando los contratos no son respetados y en caso de violación los culpables no son castigados.

Alguna vez leí que estado de derecho es exactamente lo opuesto de esa frase que dice “el estado soy yo”. Es cierto. El estado es al final el ciudadano mismo, considerado individualmente, con derechos y con obligaciones iguales para todos sin excepción, incluyendo muy especialmente a los mismos gobernantes. Quizá sea eso de un sistema de instituciones, en la que las instituciones son principalmente reglas de comportamiento aceptadas por todos y aplicadas.

El tema es de fondo por una razón simple: para prosperar se requiere estabilidad y para tener estabilidad se necesita un estado de derecho funcional, cuya importancia sea entendida por todos, especialmente los gobernantes. Sin este estado de derecho, usted podrá emprender los más ambiciosos programas de combate a la pobreza que ellos no funcionarán.

No funcionarán por una razón: sin estabilidad el crecimiento económico es imposible o muy lento. Por eso es que la mejor medida económica que puede tomarse por parte de un gobierno no es económica, sino política y consiste en lograr un estado de derecho real, que funcione.


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