Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Virtud del Silencio
Eduardo García Gaspar
22 diciembre 2006
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Para los creyentes católicos, la misa en es asunto serio, o debería serlo. Pero en demasiados casos por alguna razón, la han convertido en un show. Recuerdo en una ocasión hace muchos años, en Florida, la misa contenía un ballet de pequeñas niñas que danzaban alrededor del altar. Otra vez en el centro de México, la misa fue adornada por música cantada por un mariachi y música ranchera con letras religiosas.

Y luego están los coros o cantantes, con guitarras y panderetas, que entonan canciones insufribles con voces desafinadas. Aprecio el esfuerzo, pero suplico corregir esas fallas. La misa no es un espectáculo. No requiere valores de producción, ni ideas atractivas de presentación. Es en sí misma bastante más de eso.

Hace ya tiempo me quejé de esto con un sacerdote y recibí un regaño severo. Me dijo que no debía fijarme en esas cosas, sino en el significado real de la misa. Las canciones, me dijo, eran lo de menos. Lo vital sucedía en el altar. Es cierto, pero aún así sigo pensando que lo que sucede alrededor de la misa debe ayudar, no estorbar. Y mi punto es que se necesitan momentos de silencio.

Después de la comunión, por ejemplo, los cantantes se empeñan en lucir sus habilidades e impiden el silencio imponente que se necesita para estar uno solo con Dios. No necesito canciones, necesito silencio. No quiero distracciones. La cosa empeora porque las nuevas canciones nada tienen que hacer frente a la música sacra de compositores serios que entendían las partes de la misa.

Una vez hace tiempo fui invitado a una reunión de tipo religioso. Todo muy bien, hasta que un pobre muchacho al que habían engañado diciéndole que tenía talento musical fue invitado a cantar. No sabía el pobre hombre que estaba compitiendo con Mozart, Beethoven, Handel, Bach y muchos otros. La música de estos sí transporta a regiones altas. Basta escuchar el Requiem de Mozart para comprenderlo, o su misa, la del Credo de las cuatro notas.

La misa en una ceremonia vital en la que sucede algo que nosotros solos no podemos realizar. Sus partes y desarrollo son lógicos y naturales y culminan con la Eucaristía. Nada puede ni debe robar la atención de eso. Intentarlo es un error serio, cometido una y otra vez por desgracia. Sí, hay espacio para la música, como en el Gloria que tantas veces se canta como si fuera algo lastimero y no glorioso. Los salmos son al final de cuenta letras para cantar, poesías de adoración.

Y en todo esto, las repeticiones tienen su valor. Nos dan un sentido de solemnidad y de solidez profunda que presenta sus variaciones, por ejemplo, en las lecturas asignadas a cada día. Ellas son literalmente, para el creyente, la palabra de Dios: una comunicación del Señor hacia nosotros en lo personal.

Muy cuidadosamente seleccionadas, el total de tres lecturas presentan comunes denominadores para hacernos pensar más que para ponernos a cantar. Recuerdo que en algún momento, durante la vida de Mozart, el emperador prohibió música demasiado elaborada para las misas, porque se había vuelto todo eso una especie de concierto musical. ¡Y eso que se trataba de música como la de Mozart!

Vuelvo a la necesidad de silencios. En un libro dijo el entonces cardenal Ratzinger que se ha olvidado que el Concilio Vaticano II también había incluido la necesidad de eso, del silencio, el que facilita la participación personal, profunda, que permite escuchar en lo interno la palabra de Dios. Sin esos silencios, la misa impide esa oportunidad a los fieles.

Se me ha dicho que lo espectacular que se ha intentado hacer a la liturgia proviene de la idea de atraer más personas a las iglesias. Puede ser cierto, pero es una estrategia equivocada. La liturgia no es comparable a un concierto musical. A ella se asiste por otras razones muy distintas y más elevadas, infinitamente más elevadas.

Por último he escuchado en varias partes una queja frecuente, la de sermones que nada dicen. Hay algo de cierto en esto y quizá se deba a lo más obvio, la falta de preparación previa del sacerdote y quizá también una posible falta de conocimiento de técnicas de hablar en público con efectividad.

En fin, para los Cristianos estas son fechas admirables destinadas a hacernos pensar en cosas como ésta.

POST SCRIPTUM

• La referencia a Ratzinger viene de Ratzinger, Joseph, Messori, Vittorio (1985). THE RATZINGER REPORT : AN EXCLUSIVE INTERVIEW ON THE STATE OF THE CHURCH. San Francisco. Ignatius Press. 089870085X 0898700809, pp. 126-127.


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No hay comentarios en “La Virtud del Silencio”
  1. María Elena Rodríguez Dijo:

    ¡Válgame Dios, no estoy sola! Bienvenido al Club de los Regañados. ¡Feliz 2007 para todos!!!

  2. Victor Alfredo León Mariscal Dijo:

    Totalmente de acuerdo con lo que escribes, la misa esese momento personal y único para que DIOS nos escuche y no se requieren distractores de ninguna índole, de nuevo estoy de acuerdo con tu planteamiento.

  3. MA. LEONOR MORALES RODRIGUEZ Dijo:

    Estoy completamente de acuerdo en el valor que espiritualmente se le debe dar al SILENCIO, ya que es una manera de entrar en contacto con Dios y mà s fuerte debería ser después de la comunián..

  4. Juan Jesús Dijo:

    … Creo que lo importante en la Liturgia Eucarística es dejar aparecer a Cristo, sea proclamando una lectura, sea cantando algún salmo. Participar de esa forma es prestar un servicio a la Asamblea para que pueda encontrarse con Dios y no con aquel que canta o proclama. Eso se ha perdido de vista en nuestras asambleas, lamentablemente.





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