Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Le Doy Mis Ahorros?
Eduardo García Gaspar
1 mayo 2006
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Una de las mejores formas para evaluar a los candidatos a puestos de gobierno es considerar una pregunta. ¿A cuál de ellos le daría todo mi patrimonio para que él lo manejara, sabiendo que lo haría honesta y profesionalmente?

Sí, todos los ahorros personales. Contéstese usted mismo la pregunta con honestidad.

Mucho me equivoco si usted contestó que sí, que le daría al candidato de su preferencia todo su patrimonio para que él lo administrase con entera libertad. No creo que nadie en su sano juicio haría eso de darle a un desconocido todo su patrimonio.

No se lo daría tal vez ni a los amigos más íntimos, ni a los parientes más cercanos. Menos aún a un político en campaña. Pensar así nos pone en perspectiva el asunto de las elecciones.

Estamos seleccionado a una persona a la que daremos un gran poder. Cierto que en un sistema democrático ese poder es limitado, pero aún así es grande. Viéndolo de esa manera, es claro que debemos seleccionar a quien genera confianza, pero pienso que no tanta como para darle todos nuestros ahorros.

El escepticismo es muy aplicable aquí para que el gobernante electo tenga poder, el suficiente para cumplir con su misión, pero no tanto como para afectarnos en nuestro patrimonio.

Si no confiamos en un gobernante como para darle nuestros ahorros totales, cómo es que decidimos nuestro voto. Creo que hay dos maneras básicas que la gente usa para decidir su voto. Una es la miope de corto plazo y beneficio personal. La otra es la más meditada de largo plazo y beneficio general.

Explico la primera. Conozco varios casos del primer tipo. Son personas que votarán por un candidato porque sus familias derivan negocios de su partido. Son las personas que votan por un candidato porque de él reciben una pensión alimenticia. Porque el candidato es de su estado y eso, creen ellos, les ayudará localmente.

Son votos que están en subasta. Se venden realmente porque el candidato ha prometido subsidios, regalos, favores, lo que sea, al grupo al que ellos pertenecen. Lo demás no les importa.

Quienes deciden así piensan de manera diferente a la pregunta que planteé en el principio. En lo que ellos piensan no es en seleccionar a la persona en cuyas manos pondrían su patrimonio, sino en escoger a la persona que incremente el patrimonio de ellos. Son votos realmente prostitutos, que se venden al que paga más.

En muchos casos, la mayoría supongo, no hay conciencia de ese envilecimiento. Simplemente, el voto se reduce a seleccionar al que sea que me dé algo. La otra manera de votar es decidir cuál de los candidatos tendrá un mejor efecto general en el largo plazo. Hablo de un impacto universal, para todos, no en grupos concretos de personas.

Y hablo de dar los cimientos de una prosperidad sólida para un futuro largo. Son los votos más altruistas y mejor pensados, aunque no necesariamente seleccionarán al mejor candidato (menos aún la forma anterior de votar). Es éste un voto razonado, bien intencionado, que debía ser el mayoritario.

En fin, el tema bien vale una segunda opinión. De la pregunta que interrogaba sobre cual candidato tendría tales méritos como para confiarle nuestro patrimonio, pasamos a hacer un descubrimiento: la existencia de personas que hacen lo opuesto, seleccionado al candidato que les eleva su patrimonio a cambio de su voto.

No sólo no confían en él, sino que se pasan a la posición opuesta. Deberíamos seleccionar los candidatos más confiables posibles, idealmente aquellos a quienes pudiésemos dar nuestros ahorros.

Aquí se hace lo opuesto, seleccionar al candidato que les da algo, de corto plazo, sin importarles nada más. No sé cuántos votos se decidan de cada una de esas dos maneras. En mi experiencia he encontrado, sin embargo, varios del primer tipo, tan primitivos como el dar el voto al que me da una pensión o al que me da negocios.

Es un mal voto, primitivo, miope y vendido, pero cuenta igual que el voto más razonado del mayor experto político. Así es la democracia y por eso es que ella no debe ser sujeto de admiración, sino la libertad que ella permite cuando se limitan los poderes de esos que llegan a gobernar con votos tan escasamente pensados.

POST SCRIPTUM

• Escribo esto el 30 de abril por la mañana. Mi tema es el del calentamiento electoral y que mañana, día del trabajo, tiene una fecha crucial en México. Faltan 62 días para las elecciones presidenciales y los siguientes factores tenderán a elevar esa temperatura:

— Las encuestas de abril muestran resultados muy similares para dos de los candidatos, lo que está ocasionando,

(1) entusiasmo en el PAN, el que quizá tienda a ser más agresivo en su campaña;

(2) desesperación en el PRI por su tercer lugar, el que quizá tienda a usar medios más extremos incluyendo fraude electoral;

(3) frustración en el PRD, el que quizá tiende aún más a difundir ideas de falta de credibilidad en el IFE y de la existencia de un complot en su contra; y

(4) activismo violento por parte de seguidores del PRD que nieguen los resultados de las encuestas (un ejemplo de esto será publicado mañana como PS a una columna que resume los datos de las encuestas desde enero; es una carta de un seguidor del PRD que exhibe ese síntoma).

— El otro factor de calentamiento es la situación obrera, con sindicatos que usan violencia y se apoyan entre sí en beneficio de sus líderes. El 1 de mayo eso puede derivar en acciones de repercusiones negativas que calienten los siguientes días antes de las elecciones, para llegar al 2 de julio en medio de inquietud política extrema.

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