Lecciones proteccionistas y el TLCAN. Lo aprendido al inicio de ese tratado y las circunstancias de su renovación posterior. La lección central es que el proteccionismo no funciona.

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Introducción

Es querencia y usanza mexicana el llevar las cosas a los extremos y desde allí atacar sin piedad a quienes están en la posición discrepante —y, peor aún, es el desear el triunfo de la posición propia, el triunfo absoluto propio y la derrota total del enemigo, sin que medie posibilidad de diálogo ni de acuerdos.

Un caso al respecto es el de NAFTA o TLCAN, el tratado de libre comercio entre los tres países de América del Norte.

Sus adversarios lo acusan de todo y suelen argumentar con protestas violentas en contra de la globalización —dicen que es imperialismo, que es colonialismo, que es saqueo, imposición cultural, homogeneización internacional, complot de transnacionales y otras expresiones de la letanía de los años 60.

Cierto que muchos de sus partidarios son más calmosos, pero aún así, suelen irse del otro lado y afirmar que el libre comercio es la solución buscada.

Una aciaga secuela de ese extremismo fundamentalista de ambas posiciones es la impracticabilidad de alcanzar una conclusión realista de ese tratado —y eso es desesperanzador para quien tenga deseos de analizar con objetividad los sucesos de la realidad.

Lo aprendido

Me parece procedente examinar el TLCAN, y el libre comercio en general, bajo tres condiciones imposibles de ignorar y que son en sí mismas lecciones proteccionistas:

• Hacer de lado las oposiciones y apoyos de los extremos fundamentalistas, muy en especial la de quienes no pudiendo argumentar con sus mentes se dedican a abuchear al libre comercio con marchas sin sentido y violencia callejera.

Esta es una lección del TLCAN: existe gente opuesta o a favor con la que jamás podrá tenerse una polémica ordenada y civilizada.

• Incorporar en la discusión elementos filosóficos e históricos que esclarezcan la discusión considerando la fuerte inclinación humana a comerciar en todos los tiempos independientemente de lugares y fronteras.

Más la conclusión necesaria que sigue a la noción de una naturaleza humana libre y que en el libre comercio tiene una de sus ocurrencias naturales.

Esta es otra de las lecciones proteccionistas del TLCAN: considerar que es congruente con la naturaleza humana y que es un seguimiento de la tendencia histórica.

• Colocar al TLCAN en la mesa del análisis y examinar sus logros, defectos, alcances, consecuencias por medio de evidencias empíricas variadas y de diversas fuentes.

No hay magia

Esta es otra lección del TLCAN: no es el libre comercio la solución hechicera que todo lo resuelve, ni la catapulta mágica al desarrollo.

Sobre esas tres lecciones o bases, conviene ahora recordar un comunicado del Banco Mundial de hace dos años y que dijo que ese tratado

«ha estimulado el desarrollo económico en México, pero no es suficiente para lograr la convergencia económica con Canadá y los EEUU, incluso en el largo plazo sin inversión en innovación, estructura e instituciones adecuadas». Banco Mundial (enlace cancelado)

La idea es reiterada en otra parte del comunicado, que dice que el tratado ha tenido efectos positivos en México, pero que podían haber sido mejores.

El razonamiento de fondo fue bien expuesto por David de Ferranti, Vice Presidente para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, en 2003, cuando dijo que «el libre comercio definitivamente trae nuevas oportunidades económicas pero…el comercio solo no es suficiente, sin reformas significativas políticas e institucionales».

Se tiene aquí otra de las lecciones que deben aprovecharse sobre el tema: el tratado de libre comercio es como tener una buena carta jugando póquer, pues se necesitan otras para lograr un buen juego —la carta sola de poco servirá.

Para el caso específico del TLCAN hay una variable adicional que impone escollos en el análisis.

La crisis de 94-95 oscurece los efectos capaces de ser medidos —los enemigos del libre comercio usan las cifras sin considerar esa crisis y demostrar un efecto negativo y sus defensores opinan que gracias a ese tratado la crisis tuvo una menor duración.

Lecciones anti-proteccionistas

Los resultados sumarizados del reporte sobre el TLCAN en 2003, por el Banco Mundial, indican lo siguiente.

Un crecimiento desigual regional, mayor en el norte y centro, menor en el sur; mayores rendimientos agrícolas en tierras con irrigación, pero no en las de temporal.

Aumento de salarios y empleo en las regiones con mayor inversión extranjera directa y en los sectores con mayor relación a la actividad internacional.

Las deficiencias en educación e investigación y desarrollo son limitantes importantes.

Finalmente, los tiempos electorales en México son concordes con la visión extrema fundamentalista del libre comercio, muy clara en uno de los candidatos a la presidencia quien ha establecido como parte de su campaña la revisión de partes agrícolas —y lo ha hecho sin considerar las sutilezas de las evidencias, solo las rudezas de sus prejuicios.

En posiciones como las de ese candidato dominan las imágenes de inicios del siglo 20, que hicieron de los campesinos un icono de la revolución sin posibilidad de éxito, porque al tenerlo dejaría de ser esa imagen revolucionaria.

Para el agricultor, que es como debe llamársele y no campesino, el TLCAN es una oportunidad igual que para el empresario fabricante de vasos o de bolígrafos y las lecciones del tratado son aplicables a él también.

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Una idea de Manuel Sánchez González en su columna de abril de 2018, ahora a la luz de las nuevas circunstancias de esa fecha. Esta columna fue publicada anteriormente en El Financiero. El autor fue subgobernador del Banco de México de 2009 a 2016.

Lecciones proteccionistas

Las implicaciones de una posible guerra comercial de gran escala propiciada por la actual postura proteccionista de Estados Unidos podrían asemejarse a las del pasado.

El repaso de la historia es instructivo

La referencia más clara es la Ley Smoot-Hawley de 1930, que dispuso una elevación del arancel promedio estadounidense al nivel máximo observado en un siglo.

La pretensión era resguardar los empleos y la actividad económica interna contra la competencia externa.

Dos años antes, el par de congresistas, cuyos apellidos dan nombre a la mencionada ley, habían impulsado un proyecto de incremento de tarifas agrícolas.

La creciente productividad del campo, favorecida en gran medida por la electrificación, así como el aumento de la producción europea después de la Primera Guerra Mundial venían reduciendo los precios internacionales de esos productos.

La resultante «sobreproducción» se veía como una amenaza para la supervivencia de los granjeros de Estados Unidos. Además, el déficit comercial agrícola, que entonces prevalecía en ese país, se percibía como una desventaja.

El inicio de la Gran Depresión en 1929 acentuó el interés de los políticos por limitar las importaciones.

De esta manera, el plan de mayores aranceles, originalmente diseñado para la agricultura, se extendió a los sectores industriales, lo que abarcó a miles de productos importables.

La promulgación de la ley el año siguiente motivó a otros países avanzados a responder, de forma inmediata, con aumentos tarifarios significativos. Por la magnitud de su reacción, destacaron Canadá, Gran Bretaña, Francia, Italia y Alemania.

Tres grandes consecuencias parecen haberse derivado del conflicto arancelario, el cual se prolongó, en su mayor intensidad, por cuatro años.

Lecciones proteccionistas

La primera consistió en una reducción del comercio global.

Al disminuir la actividad económica, la Gran Depresión derivó, por sí misma, en un menor intercambio de bienes.

Sin embargo, los mayores aranceles exacerbaron ese efecto. La influencia negativa fue evidente en el retraso registrado por el comercio durante la recuperación de la producción en el mundo, posterior a la Gran Depresión.

La destrucción del intercambio comercial por las mayores tarifas restringió las posibilidades de las naciones de beneficiarse de las ventajas comparativas y de la especialización.

El segundo efecto fue la profundización de la caída del producto y del empleo.

La Gran Depresión tuvo su origen en factores ajenos a la guerra comercial. La explicación más convincente hace referencia a la contracción de la oferta de dinero en un contexto de un aumento súbito de la demanda por liquidez.

Empero, la disminución del comercio implicó un deterioro de la eficiencia, al encarecer los insumos anteriormente importados. Asimismo, los sectores exportadores vieron disminuida su actividad, lo que afectó en especial a la agricultura.

En contraste con el propósito inicial, la ley acrecentó los problemas de los agricultores, como se hizo evidente en la multiplicación de quiebras bancarias en las zonas rurales de ese país.

Además, es probable que la preocupación sobre la incertidumbre del régimen tarifario haya influido en las caídas bursátiles y de la confianza del consumidor.

El tercer impacto fue que el ambiente de hostilidades económicas propició, en algún grado, el aislamiento de Alemania en un régimen de autarquía.

Ello podría haber contribuido a fortalecer las tendencias nacionalistas que desembocaron en la Segunda Guerra Mundial.

Simplemente no funciona

Independientemente del grado de estos efectos, el proteccionismo no generó las bondades perseguidas. Los costos sociales superaron con creces cualquier beneficio temporal de los sectores protegidos.

El reconocimiento de los daños condujo a Estados Unidos a cambiar su política comercial a partir de 1934, hacia el fomento de acuerdos bilaterales recíprocos de reducción de aranceles.

La nueva orientación se transformó posteriormente en la promoción de esfuerzos de remoción multilateral de barreras al intercambio, lo que incluyó la creación del GATT en 1947.

Con algunas excepciones, durante las últimas siete décadas, Estados Unidos ha buscado liderar la disminución internacional de aranceles, en beneficio del comercio mundial.

La postura estadounidense actual representa una notable digresión de ese progreso.

A la luz de las mayores conexiones internacionales, los riesgos potenciales de una batalla comercial podrían superar los de su antecedente histórico. Igualmente, los fracasos previsibles permitirían pronosticar una eventual corrección de rumbo.


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Y unas cosas más solamente…

Las lecciones aprendidas de experiencias anteriores son una buena fuente de inspiración que ayuda a evitar cometer los mismos errores.

Debe verse al menos una de estas dos:

Las lecciones económicas de Suecia
Lecciones políticas venecianas: ser una república

Otras ideas relacionadas:

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[Actualización última: 2020-08]