Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Leyes Perfectas
Eduardo García Gaspar
11 septiembre 2006
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Todo empezó cuando escuchando la radio, un par de comentaristas de noticias propusieron la idea de terminar con la ceremonia del informe presidencial. Según ellos, “un formato desgastado del pasado que ya no tiene sentido y debe ser descartado”.

No fueron originales, pues eso se ha dicho durante años. Quizá esto sea un síntoma de algo más profundo.

También es frecuente escuchar propuestas de cambios de leyes electorales, pues se argumenta que las actuales no sirven para nada dados los resultados que se tienen en la realidad política. Las leyes electorales, como el informe, deben ser tirados a la basura y comenzar de nuevo otra cosa, distinta y mejor.

¿Qué otra cosa? Ya no pregunte usted eso. Los mexicanos somos buenos para tirar cosas al cesto.

Buenos para ideas grandes esquemas ideales que resolverán todo y harán de este país algo perfecto y envidiable. Pero no llegamos a eso de crear cosas y cuando lo hacemos, les encontramos fallas y queremos tirar las cosas a la basura para emprender otra ronda de búqueda de lo perfecto… lo que desde luego nunca llegará. Pero dará ocasión a más comentarios que propongan tirar lo anterior por la ventana para comenzar de cero.

¿Tirar las leyes electorales porque no funcionaron? La verdad es que funcionaron muy bien, detectaron un ganador bajo reglas sabidas. No fallaron las leyes electorales. Fallaron las personas, especialmente quienes se comprometieron a respetar esas leyes y no lo hicieron al final.

Sí, podría pensarse en una segunda ronda, pero eso es una mejora y no es cuestión de arrojar al fuego lo que tanto trabajo ha costado. Las leyes electorales son muy aceptables en este país.

Las elecciones fueron limpias, verificadas por miles de ciudadanos. Desde luego hubo errores, pero no fraude como antes. Con ese adelanto, no hay razón para cambiar todo el sistema electoral.

No fallaron las elecciones, falló un grupo de personas que no se apegó a sus resultados. No hay razón de cambios totales en las leyes. Lo mismo va para lo del informe presidencial.

Esa fecha tiene un valor de tradición y deshacernos de ella tiene consecuencias. Sí, ha sido abusada, pero también lo han sido los gobiernos, y no nos desharemos de ellos. La presencia del presidente en la cámara es importante y lo es escucharle a él y a los diputados.

Lo que ha fallado es la gente, no la ceremonia. Fallaron quienes en tiempos pasados y actuales la tomaron como una ocasión de comedia barata, para gritar y protestar. La culpa es de ellos, como ahora, de quienes no saben respetar un recinto formal.

Las leyes, en otras palabras, no van a crear situaciones perfectas ni mundos ideales. Y cuando se intenta, eso producirá estupideces aún mayores. La clave está en tener leyes razonables, pero también personas razonables, que no se pongan orejas de burro en los informes presidenciales ni impidan subir al presidente a la tribuna. L

a clave está en aceptar que las leyes suponen que las personas son más o menos razonables y conscientes de lo que hacen. La ley no puede sustituir la razón de las personas.

Señalo esto, que quizá sea una impresión equivocada, pero que suelo escuchar por todas partes: la ley debe prever todo, absolutamente todo para llegar a una situación tan utópica que cualquier desviación llama a crear otra ley aún más detallada, la que tendrá fallas y será ocasión para otra ley mejor. Es una pérdida de tiempo, tonta e inútil.

Todo porque en lugar de trabajar, en este país nos la pasamos haciendo leyes que desde luego fallan, por lo que hay que hacer más leyes. Cierto que ha habido algunas medidas correctas, como la de Concursos Mercantiles, pero la realidad es que si el PIB mexicanos se midiera por fabricación de leyes seríamos un país desarrollado. Quizá esto valga una segunda opinión: la buena conducción del país depende más de la racionalidad de las personas que de la perfección de sus leyes.

Y, desde luego, hacemos otras cosas, igual de inútiles. Tenemos un gobierno que hace publicidad y que es seguramente el anunciante mayor del país, pero ésa es otra historia.

Queremos tirar todo lo que tiene la más pequeña de las fallas, sin pensar que lo que falla no es la ley, sino las personas que deben respetarla o que deben hacerla cumplir.


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