Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Liberalización Total
Eduardo García Gaspar
15 diciembre 2006
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
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En ocasiones se encuentra uno con textos que son interesantes. Otros son curiosos. Los hay que causan risa. Y de entre todos ellos, hay algunos que son dignos de ser separados del resto, no por su originalidad, sino por su extrañeza.

Entre esos existen los que llaman a la liberalización total, como una especie de dejar atrás todo para ser libres absolutamente.

¿Puede serse realmente libre en todo? Lo dudo. Nuestra existencia está llena de dependencias. No creo conveniente, por ejemplo, liberarme de la necesidad de comer. De seguro moriría en el intento. Tampoco creo posible liberarme del deber de obedecer ciertos mandatos, como el intentar sostener a mi familia. La liberación total, mucho me temo, es una fantasía.

En una de las entrevistas hechas al entonces cardenal Ratzinger se trata brevemente el tema. Benedicto menciona a Elisabeth Schüssler Fiorenza, una teóloga de fama, especialmente en temas relacionados con la liberación femenina. Fue una de las pioneras en la solicitud de mujeres ordenadas como ministros religiosos entre los anglicanos, lo que se ha logrado, pero lo que ella ve ahora como una subordinación, no como una liberación.

El punto es el natural: ser un ministro religioso equivale a subordinarse a un orden de ese tipo dentro de una jerarquía. Sea hombre o mujer, ese ministro no se libera, al contrario, se somete voluntariamente a un orden.

Poco de liberación tiene en el sentido de dejar atrás toda responsabilidad. Parece como si ella pensara que una religión es una que no llama a un orden, sino que deja atrás a todo orden posible: la regla es que no hay reglas.

En otros escritos, hace muchos años, he leído que se trata de liberarnos de la necesidad de trabajar si es que queremos ser realmente libres. Sí, ser libre significa tener los medios necesarios para vivir sin haber trabajado para lograrlos. Es gracioso el asunto, pero al parecer lo consideran seriamente y por eso condenan al capitalismo, porque nos hace tener que trabajar para vivir.

¿Qué tanto podemos en realidad ser libres? Estamos rodeados de limitaciones impuestas por la realidad y sus leyes físicas. No hay manera de liberarnos de esos frenos. No podemos salir de nuestros tiempos para irnos a otros.

Y en lo que podemos movernos con libertad, el hacerlo nos significa esfuerzo. Peor aún, si tratamos de liberarnos de algunas limitaciones sufrimos las consecuencias tarde o temprano. Con el simple hecho de ser humanos ya estamos sometidos a una serie de limitaciones. Lo queramos o no.

Es irreal pensar en la posibilidad de salirse de ese sometimiento, pero dentro de esas reglas inevitables tenemos márgenes de acción. No somos una especie que pueda volar, pero podemos construir máquinas que lo hacen. No estamos libres de enfermedades, pero desarrollamos medicinas y tratamientos. La subordinación a la realidad del mundo es lo que nos ha permitido liberarnos parcialmente de algunas limitaciones.

Dentro de esas limitaciones, sin embargo, hay algunas que no son leyes físicas y que en apariencia pueden ser ignoradas dando un sentimiento de libertad. Me refiero a los principios morales. Cosas como tratar bien a los demás.

Alguien que quiera ser liberado puede pensar en esa posibilidad, el ya no estar obligado por principios morales, es decir, por el deber ser. Estará sujeto a enfermedades, pero sus acciones incluirán ahora la posibilidad de no respetar al resto.

Quizá se sienta liberado de obligaciones como ésa, o como el respetar la libertad ajena, el no lastimar a otros, el no robar. Ser liberado en ese sentido es igual a creer que a nadie se le rinden cuentas, que nadie existe superior a uno ante quien deba responderse. La liberación de ese tipo lleva a la soberbia y por eso a un tipo de esclavitud: el liberado de las convenciones morales es realmente un esclavo de sus limitaciones.

Veo mucho más libre a un sacerdote que ha aceptado ser un subordinado que a un liberado que todo desdeña y nada respeta. El contraste es más que una paradoja. Hay más libertad en, por ejemplo, quienes prefieren morir antes de renunciar a sus ideales, que entre quienes viven sin tener ideales. Porque quizá el acto mayor de libertad sea el subordinarse por voluntad propia ante lo que es superior a uno, pudiendo hacer lo opuesto.

POST SCRIPTUM

• Nuestro mundo tiene una severa limitación de recursos y sin embargo los aprovechamos de maneras que nos permiten generar abundancia. Es el caso de las viejas palabras que aseguran que para dominar a la naturaleza hay que someterse a ella.

• La idea mencionada está en Ratzinger, Joseph, Seewald, Peter (1997). SALT OF THE EARTH : CHRISTIANITY AND THE CATHOLIC CHURCH AT THE END OF THE MILLENNIUM. San Francisco. Ignatius Press. 0898706408, p. 210.


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