Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Llenos de Pintura
Eduardo García Gaspar
4 mayo 2006
Sección: ARTE, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Mide 268 por 347 centímetros y es difícil olvidar lo que allí se ve. Lo vi por primera vez hace muchos años, por una muy feliz casualidad y en una edad en la que no se sabe qué se quiere ser. Desde entonces, lo puedo recordar sin problema y quizá hasta con obsesión.

Lo pintó Francisco de Goya y Lucientes y la pintura se llama “El tres de mayo de 1808”.

Si se hiciera una lista de los pintores más grandes de todos los tiempos, allí estaría Goya, en un buen lugar. Si se hiciera una lista de las mejores pinturas de todos los tiempos, esa pintura estaría en buen lugar también. Eso lo supe después.

Lo que me sucedió fue la imposibilidad de olvidar ese cuadro. Ignoro la razón de fondo. Sólo sé que la puedo recordar fácilmente y que cada vez que la veo, le encuentro algo nuevo.

Thomas Hoving, quien fue director del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, ha dicho de “El tres de mayo de 1808” que es “la cima” de Goya. La pintura “conmemora el fin de la insurrección popular contra la invasión [francesa] de la capital española… La escena de la masacre capta todos los matices de un grupo de hombres insensibles que casi con alegría asesinan a sus semejantes”, sigue diciendo Hoving.

No sé si con alegría, pero sí como una acción impersonal, pues los hombres de los fusiles no muestran sus caras, como sí lo hacen los condenados. El centro visual de la pintura es un hombre con los brazos levantados, como un símbolo de sacrificio, con la camisa blanca, que ilumina el resto del cuadro. Hay muertos y sangre en el piso, caras tapadas por manos que se niegan a ver lo que sucede. Los disparos son a quemarropa. El cielo es casi negro. Es terrible. Y sin embargo es bello.

Más tarde, varios años después, me sucedió algo similar con “Las Meninas”, de Velázquez. Otra de esas pinturas que me meten en la mente, que pueden recordarse, pero que cada vez que se vuelve a ver permite descubrir algo nuevo.

Quizá la mejor pintura de todos los tiempos. Hoving le aplica el calificativo “sobrenatural”. Mide 318 por 276 centímetros, pero parece infinita y envía a quien la ve hacia adentro de la habitación.

Abundan los personajes, el rey y la reina en un espejo, un cortesano al fondo, una infanta, sus acompañantes, un mastín, una enana, una monja y, creo que en el centro visual al mismo Velázquez, con su condecoración real, dominándolo todo, pintando, viendo de frente a su pintura y al espectador. Es como si estuviésemos dentro de esa habitación.

En fin, todo lo que pretendo comunicar es que el arte emociona, eleva, trastorna y. mi punto central, que conforme más se ve, más se admira. Porque el arte no es para pasar viendo cuadros en un museo, durante diez segundo cada uno, tratando de recorrer todas las salas en el menor tiempo posible. Lo que le digo es que dentro de un museo no se ponga a caminar como loco. Seleccione unas pocas pinturas, las estrellas del museo, y quédese frente a ellas mucho tiempo.

Hoving habla de “saturarse” de arte. Tiene razón. Sin saturación el arte no puede admirarse.

¿Cuáles son las principales pinturas de un museo? Hoving dice que ésas que están en las postales que venden en la tienda del museo: compre las postales principales y vaya a ver los originales. Y si no está en un museo, haga otra cosa. Compre un libro de arte, el de algún museo, el que tenga las ilustraciones más grandes y menos texto.

O busque en Internet archivos de pinturas o museos. Y vea las pinturas una por una, sin prisa. Tárdese un año si es necesario. Satúrese viendo a cada una sin necesidad de leer nada técnico que la explique. Deje que la pintura le conteste ella sola las preguntas que usted le hace.

Pregúntele a Goya por qué pintó de blanco a ese hombre y de negro al cielo. Por qué no pintó la cara de los soldados. Por qué tienen sus mochilas puestas. Qué es ese cubo blanco junto a los soldados. Qué hace el grupo de personas que está en la parte de atrás.

Y a Velásquez, por qué el perro está acostado. Por qué hay cuadros colgados en las paredes. Qué hacen las dos damas de compañía. Pregunte, pregunte. E imagine las respuestas de los pintores que serán más simples que las que dan los críticos. Y entonces un gran mundo se abrirá ante usted.

POST SCRIPTUM

• Los comentarios citados vienen de Hoving, Thomas (2001). ARTE PARA DUMMIES [1999]. Grupo Editorial Norma. 9580457468.

• En Artchive pueden verse cantidad de cuadros, por ejemplo Las Meninas.

•También está Goya.

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