Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Más Allá de la Caridad
Eduardo García Gaspar
16 enero 2006
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La posición más perezosa del acto de caridad es dar y olvidarse de haberlo hecho. Es lo que se hace cuando en la calle se da una moneda a algún mendigo, y se sigue el camino sin voltear. Pero también es lo que se hace cuando ya no se da una moneda, sino una buena cantidad de dinero, varios millones de dólares, y no se piden resultados.

¿Fue bueno el efecto de esa caridad o no? En el caso de la pequeña moneda no resulta efectivo el trabajo de voltear a ver los resultados, pero sí es obligatorio en el caso de la caridad sistemática… porque después de todo puede resultar que las grandes cantidades destinadas a aliviar la pobreza no hayan alcanzado el objetivo buscado, o incluso hayan tenido efectos opuestos.

El tema no es nuevo y fue precisamente lo tratado por un libro de Charles Murray que hace años causó sensación.

Su descubrimiento fue que los programas de ayuda a los pobres no sólo no logran sus metas, sino que tienen efectos opuestos, la fomentan. La historia se volvió a repetir hace poco con Bill Gates, uno de los grandes filántropos, que ayudó a cubrir un estudio del Banco Mundial sobre el tema: qué es lo que sí ayuda a los pobres, qué no y por qué.

Al final, todo lo que se quiere de un buen programa de ayuda a la pobreza es sencillo. Se quiere resolver los problemas inmediatos de la pobreza extrema, como por ejemplo una hambruna, pero sobre todo, se quiere resolver la raíz del problema, que el pobre deje de serlo. No hay otra razón que ésa y la clave es averiguar si se logra o no.

El estudio del Banco Mundial encontró que a menudo eso no se logra, que los programas de ayuda a los pobres con frecuencia terminan ayudando a los que no lo son. Las palabras del boletín de prensa son claras,

“los programas de salud destinados a llegar a los pobres suelen terminar ayudando a los más ricos… los programas de salud, nutrición y población no llegan hasta las personas pobres que más los necesitan, en contraposición con las intenciones y suposiciones de los responsables… en casi todos los más de 20 países estudiados, el 20% más rico de la población recibe tanto o más de los servicios de atención de salud materno infantil subvencionados por el gobierno como el 20% más pobre”.

Es la misma conclusión esencial del libro de Murray. No todos los programas fallan. Los hay exitosos y uno de estos en el de Oportunidades en México. Pero la regla se mantiene. El boletín de prensa dice,“A lo largo de decenios, los programas mundiales de salud han tratado de reducir las desigualdades en materia de atención de salud mediante la focalización en los pobres, pero como lo ha revelado la mayoría de las evaluaciones, aún los programas dirigidos específicamente a los pobres terminan brindando más beneficios a los ricos”, dijo William H. Foege, miembro superior del Programa Mundial de Salud de la Fundación Bill & Melinda Gates.

Los hallazgos del Banco Mundial, los del libro de Murray y el mero sentido común son muy valederos en cualquier país en el que se realicen campañas electorales, donde de seguro se harán propuestas para aliviar la pobreza: existe una alta probabilidad de que esas propuestas no alcancen sus objetivos y el dinero se desperdicie. O peor aún, la pobreza empeore. No es una cuestión complicada y muestra eso de que las buenas intenciones no bastan.

Quizá sea esta una de las críticas más devastadoras del estado benefactor, cuya esencia es quitar a unos para dar a otros y que ocasiona lo obvio: todos se vuelven serviles ante el gobierno para tratarlo de convencer de que no le quite y, mejor aún, de que le dé. Ésa es la preocupación única del ciudadano dentro del estado de bienestar y que atrae al mismo tiempo a los más maliciosos y a los más cándidos. No a los razonables.

Visto del otro lado, la pobreza es un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos de los gobiernos y sus promesas electorales. Primero, ellos tratarán de llegar al poder con el argumento emocional de que los pobres son su principal preocupación.

Puede ser, pero si llegan a poder, la probabilidad es que realicen lo opuesto de lo que deben. La economía y por ende la solución de la pobreza, son mecanismos demasiado finos como para ser dejados en manos de un torpe gobernante.

Nada de esto es secreto, ni es complicado, ni es una conspiración. Es la realidad obvia, demostrada en todas partes una y otra vez. Lo fascinante es que aún existan gobernantes que crean que ellos pueden resolver la pobreza con programas romos y torpes, destinados comprar votos y engañar a bobos.

POST SCRIPTUM

El reporte del Banco Mundial fue mencionado en un boletín de prensa.

El libro mencionado es el de Murray, Charles A (1994). LOSING GROUND : AMERICAN SOCIAL POLICY, 1950-1980. New York. BasicBooks. 0465042333 y existe un resumen en AmaYi, Los Pobres No Son Iguales.

Grupo Reforma de México el 15 de enero reportó que, “En México, para combatir la pobreza, el dinero parece no servir de mucho. Chiapas, Veracruz, Oaxaca y Guerrero han estado acaparando la mayor parte de los recursos antimarginación, pero, aunque el dinero fluye, su situación no mejora, de acuerdo con cifras oficiales”.

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