Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Más Medios es Mejor
Eduardo García Gaspar
30 marzo 2006
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Una Segunda Opinión
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Ha sido escrito que la gente que apoya a la libre empresa, los ahora llamados neoliberales, favorecen a los monopolios privados. Recuerdo que hace ya tiempo, cuando las elecciones de 1988, se señaló que era curioso que un partido como el PAN estuviera en contra de Televisa y su programa 24 Horas. Todo porque Televisa era una empresa privada y el PAN apoya a los mercados libres.

Muy serios errores hay en esa manera de pensar. Televisa en esos días era una extensión del PRI como partido de estado, y un monopolio descarado. Es difícil si no imposible que un liberal auténtico apoyara a Televisa entonces, una empresa sin competencia, monopolio de la televisión. Ningún liberal apoya a monopolios, sean o no privados.

La situación parece estarse repitiendo ahora, con la nueva Ley de Radio y Televisión. El asunto que ha armado el embrollo público de esa ley es la liberación de frecuencias de transmisión. La digitalización de las transmisiones, se ha dicho, deja frecuencias libres y con ellas pueden hacerse dos cosas. Una es ponerlas en venta a quienes quieran entrar a los negocios de comunicaciones. La otra es dejarlas a las empresas actuales, sin subastarlas a otros propietarios posibles.

Esto es lo que se pelea en público, en lo que se señala que Televisa ha ejercido influencia para quedarse con las frecuencias liberadas, lo que es normal que suceda… pero se reporta que lo ha hecho de manera exagerada, con amenazas indebidas relacionadas con los candidatos a las campañas, a cuyos partidos se acusa de haber cedido a esa presión. Sea lo que sea que hagan al final los partidos principales, con una ley más complicada de lo que parece, el punto se mantiene.

Un liberal, creyente en los mercados libres, tomaría las frecuencias liberadas y las pondría a subasta con la idea de que la competencia es buena y la fragmentación de los medios aún mejor. Conviene tener muchos canales de televisión y medios informativos y de comunicaciones. La posición es una claramente liberal, neoliberal dirían algunos: no a los monopolios, no a la centralización. Que sea la competencia la que determine a los ganadores en cada momento.

Apoyar la no venta de esas frecuencias es una posición no liberal, no congruente con los mercados libres. El asunto va más para atrás, a la publicación de la primera parte de un libro en 1835 y que fue un éxito de ventas. En 1840 fue publicada la segunda parte y ahora lo puede usted comprar con el titulo de “La Democracia en América”. El autor, Alexis de Tocqueville. En una de sus partes, trata sobre la libertad de prensa y dice cosas extraordinarias.

Por ejemplo, dice que los periódicos tienen mucho poder y que por eso es bueno que existan muchos de ellos, para que ninguno acumule demasiado. En conjunto tienen mucho, pero el lo individual poco, si es que hay muchos periódicos. Y dice que hay muchos periódicos cuando es barato y sencillo abrir uno. Esta misma lógica es la que apoya el liberal de nuestro tiempo. Que existan muchas opciones de medios electrónicos y de comunicación tecnológica.

Que tengan entrada muchos de ellos para que ninguno tenga demasiado poder. Ésta es una obsesión del liberal, que nadie tenga mucho poder, porque tenderá a abusar de él. Es la razón de ser de la democracia y su división de poderes.

Es la misma que hace ver conveniente la subasta de las frecuencias liberadas por la tecnología digital: deben ponerse a la venta y compradas por quien sea que las desee aprovechar. La posición de un real liberal en el caso de la nueva Ley de Radio y Televisión en México es muy sencilla: apoyar la competencia de mercado con más oferentes que deseen entrar al mercado y que los consumidores decidan.

Un liberal no apoyaría la concentración que lleve a condiciones de monopolio. El asunto es importante por otra razón. Es muy frecuente el error de demasiados que suelen confundir al mercantilismo con el liberalismo. Son totalmente diferentes y sostienen ideas opuestas.

El mercantilismo apoya el intervencionismo estatal y los monopolios, dos cosas que son combatidas por el liberalismo. Los que cometen el error con insistencia son los socialistas, quienes tienden a ver medidas mercantilistas y creen que son liberales. Error grave. Finalmente, dadas las personas opuestas a esa ley, ella quizá no sea tan mala.

Cuando Bartlett, Pablo Gómez y similares se oponen a ella, hay un sexto sentido que exige meditar más las cosas. Sin embargo, el punto de la fragmentación de los medios se mantiene.

POST SCRIPTUM

• Hay un buen resumen de la idea de Tocqueville respecto a la cantidad de medios aquí.

• La confusión entre mercantilismo y liberalismo acarrea serios problemas por ser un diagnóstico equivocado: se aplican medidas mercantilistas que se piensa son liberales, tienen malos resultados, y se concluye que lo que falló fue el liberalismo, por lo que deben aplicarse medidas socialistas que son las opuestas a las necesarias.

• Hay una aceptable biografía de Tocqueville aquí, que no creo que le haga justicia a su pensamiento complejo.

• El interesado en Tocqueville debe tomarse un tiempo e ir a www.tocqueville.org/

• La siguiente cita de Tocqueville contiene la esencia de la idea tratada. Mi énfasis.

“It has been demonstrated by observation, and discovered by the sure instinct even of the pettiest despots, that the influence of a power is increased in proportion as its direction is centralized. In France the press combines a twofold centralization; almost all its power is centered in the same spot and, so to speak, in the same hands, for its organs are far from numerous. The influence upon a skeptical nation of a public press thus constituted must be almost unbounded. It is an enemy with whom a government may sign an occasional truce, but which it is difficult to resist for any length of time.

“Neither of these kinds of centralization exists in America. The United States has no metropolis; the intelligence and the power of the people are disseminated through all the parts of this vast country, and instead of radiating from a common point they cross each other in every direction; the Americans have nowhere established any central direction of opinion, any more than of the conduct of affairs.

“This difference arises from local circumstances and not from human power; but it is owing to the laws of the Union that there are no licenses to be granted to printers, no securities demanded from editors, as in France, and no stamp duty, as in France and England. The consequence is that nothing is easier than to set up a newspaper, as a small number of subscribers suffices to defray the expenses.

“Hence the number of periodical and semi-periodical publications in the United States is almost incredibly large. The most enlightened Americans attribute the little influence of the press to this excessive dissemination of its power; and it is an axiom of political science in that country that the only way to neutralize the effect of the public journals is to multiply their number. I cannot see how a truth which is so self-evident should not already have been more generally admitted in Europe”.

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