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Leí una columna de Álvaro Vargas Llosa titulada “Mediamorfosis” —y que hace referencia a los cambios en los periódicos, o mejor dicho a las condiciones que les han obligado a realizar medidas importantes. Todas ellas para enfrentar la realidad de una circulación que va lentamente cayendo. No es una noticia nueva, aunque recientemente ha cobrado notoriedad. La referencia obligada es el NYT y sus ajustes ante la caída de lectores —el origen de tales cambios es viejo también y se refiere a los avances tecnológicos, quizá no diferentes a la situación por la que se dijo que atravesaría el cine a causa de otro adelanto, la televisión. La realidad es obvia, la tecnología modifica la vida de las personas y altera a las empresas que deben acomodarse a situaciones cambiantes o morir. Los periódicos no son la excepción a ese dinamismo tecnológico, que los periódicos han enfrentado mal, según Vargas Llosa —quien tiene razón. Lo periódicos han creído que se trata de un problema de tecnología y del impacto financiero respectivo y por ello han reaccionado con lo natural, es decir, con apertura de páginas de Internet y con medidas de ajustes de costos. Vargas Llosa, además, tiene razón en otro punto. Lo que enfrentan los periódicos no es un problema de tecnología ni de finanzas, es un problema cultural —o mejor puesto, un cambio cultural. Ha sido calificado como algo equivalente a la Reforma Protestante, una especie de fragmentación del poder. Si antes el Catolicismo perdió poder, ahora lo pierden los periódicos. La tecnología simplemente aceleró ese cambio cultural. Vargas Llosa tiene un gran punto —pero sólo rascó parte de la situación en esa columna. No sólo los periódicos sufren eso. Todos los medios lo sufren, todos. En mi infancia, en mi casa, recuerdo la existencia de un periódico de dos o tres posibles, y de dos o tres canales de televisión —aunque varias estaciones de radio, muchas más. La tecnología ahora permite que cualquiera pueda crear un periódico, una estación de radio, o de televisión —sin permisos gubernamentales y a costos bajos, muy bajos. Las fuentes de información se han fragmentado y la hegemonía de los medios es inexistente —o lo será en el futuro. No sorprende que ellos tengan que cambiar. Abrir un negocio de medios es lo más sencillo del mundo y la simple transferencia de contenidos a un sitio de Internet no parece como la respuesta a un cambio cultural de fragmentación de fuentes de información. Lo que me queda por definir es esa cosa de fragmentación del poder —un concepto que por primera vez leí en un muy largo ensayo del editor de esta página, aquí —y que es una proyección lógica de otras fragmentaciones, como la del poder político en las distintas funciones, del poder económico con mercados competidos y la fragmentación de la libertad de expresión, que es precisamente la que ahora se ha llevado a su máxima expresión, con los medios dominantes como víctimas. Pero añado que en estos cambios los usuarios de noticias no han dejado también de ser víctimas del desconocimiento universal del nuevo medio —la Internet ha abierto las puertas a cualquiera que quiera hablar al resto y eso es positivo, pero mucho de lo que se dice en Internet es basura mal escrita y peor pensada. Hablo de noticias y comentarios que no merecen leerse, aunque en algunas páginas existen honrosas excepciones de extrema alta calidad. El usuario de medios informativos y de opinión parece estar deseando control sobre lo que lee, ve y escucha. ¿Para qué recibir en casa un periódico con noticias sobre chismes de artistas si eso no lo leo? ¿Para qué soportar un reportaje sobre el embotellamiento de un avenida en la Ciudad de México si yo vivo en Mérida? Control sobre los tiempos y sobre los contenidos. Más otro aspecto crucial, el de los intereses personales a satisfacer y que rebasan los límites locales. ¿Cómo estar enterado de las novedades electrónicas, o de los congresos de química orgánica, o de calificaciones de vinos? Si esto pudiera integrarse con los demás, el control sería casi absoluto por parte del usuario —y tal vez sea eso tras lo que se va, la posibilidad de elaborar sistemas de información personal, lo que puede lograrse con un buen manejo del programa de navegación que uno posee. Si se trata de eso, de sistemas de información diseñados por el propio lector, aún así queda por resolver un problema serio y viejo, el de la credibilidad de la fuente —nunca será lo mismo la información que tiene el Wall Street Journal que la que tiene el blog personal de un individuo, hasta que ese individuo se haga de un nombre y una reputación. Esta es precisamente la lucha librada en el nuevo medio, el de la credibilidad entre páginas atractivas al usuario —más allá de los medios dominantes, pero en decadencia. NOTA DEL EDITOR El desarrollo y hospedaje de esta página lo realiza InterPlanet y dentro de ella se encuentra una serie de formas para distinguir un buen sitio de uno malo, de la que la siguiente lista es una modificación. Una buena página
Una mala página
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