Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mozart y el Odio
Eduardo García Gaspar
29 mayo 2006
Sección: ARTE, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


A eso de las ocho de la noche del 27 de enero de 1756 nació un niño en Salzburgo. Un niño que jamás será olvidado. Lo bautizaron con el nombre de Joannes Chrysostomus Wolfgang Amadeus. Su apellido era Mozart. Falleció el 5 de diciembre de 1791, como a la una de la madrugada.

Tras morir, dejó una de las mayores herencias de todos los tiempos, su música. A principios de 1778, contando con poco más de 20 años, escribió un concierto para flauta en sol mayor (K.313).

El concierto era parte de un encargo que le había conseguido un amigo, J. B. Wendling. Lo había solicitado un tal Ferdinand de Jean, un tipo con dinero y que era un flautista aficionado. Mozart nunca terminó la totalidad del encargo de de Jean.

De los varios conciertos para flauta que le fueron solicitados, sólo terminó ése. Para los otros dos, Mozart tomó el camino fácil. Hizo una transcripción para flauta de un concierto para oboe que ya había compuesto antes (K.271) e hizo lo mismo con un concierto previo para fagot (K.191).

Todo eso ha llegado hasta nosotros, incluyendo un “resto” de ese trabajo, el andante para flauta (K.315). Es música maravillosa para el novato y para el experto… y esto es lo que es realmente curioso en el caso de Mozart.

Es curioso porque sabemos que Mozart odiaba la flauta, al menos como instrumento solista. Lo sabemos porque una de las cartas escritas a su padre lo dice: “… tú sabes que me vuelvo impotente cuando se me obliga a escribir para un instrumento que no puedo soportar [la flauta]”.

Sabiendo esto, resulta aún más notable el logro del concierto K.313 y del andante K.315. Es imposible dejarse de encantar por esa música. La idea que tenemos en la actualidad de los compositores es muy distinta a la que existía en los tiempos de Mozart.

Los compositores vivían de encargos. Personas adineradas los contrataban como proveedores de sus pasatiempos, algunas veces pidiendo piezas para la hija que tocaba el arpa o la mujer que trastabillaba con el piano.

En realidad, los músicos eran parte de la servidumbre. Muchas veces comió Mozart en la mesa de los criados. Muy distinta a la imagen del compositor lleno de glamour que quizá haya iniciado Beethoven. De eso vivió Mozart, de encargos, y de conciertos organizados para tener ingresos.

En fin, regresemos a la curiosidad de piezas musicales hechas por un genio para un instrumento que odiaba. Desde luego, no podemos entrar al cerebro de Mozart y saber qué es lo que allí sucedía y que logró crear esa música. Pero lo que sí podemos hacer es aprender una lección derivada de eso.

Primero, lo obvio. Nuestra vida tiene cosas que no nos gustan, que despreciamos, que no deseamos hacer. Es la existencia normal de un ser humano: llena de cosas que nos agradan y desagradan. Supongo que a Mozart hubiera preferido mil veces más que le hubiesen encargado tres conciertos para piano y no para flauta.

Nuestra vida tiene esas mismas situaciones. Y eso incluye la vida de los gobernantes también. Son ellos al fin, seres humanos no diferentes al resto de nosotros. Un político, por ejemplo, sin duda prefiere dar una declaración en la que promete pensiones universales a todos los habitantes. Será aplaudido y vitoreado.

El se sentirá halagado y lleno de satisfacciones. Pero ese mismo político odiará hacer otras cosas que no le producen la misma aprobación, como quizá realizar una buena tarea de policía, que no es tan visible.

Y, sin embargo, lo debe hacer, igual que Mozart debió componer obligadamente esos conciertos para flauta. La diferencia está en la actitud y en el sentido de obligación. Mozart tomó la responsabilidad, odiándola, y sacó un par de obras maestras.

Muchos políticos, en cambio, se dan la vuelta y no hacen lo que no les gusta aunque sea su responsabilidad. Y buscan excusas, como por el ejemplo, la de que el crimen es producido por la pobreza y entonces dejan de tener una buena policía para dedicarse a lo que les gusta, regalar cosas que no son suyas.

Y es así que se da una diferencia, ésa que existe entre los genios y los mediocres, los que pasan a la historia y los que no aparecen siquiera en las citas al pie de un libro especializado.

Es la diferencia entre quienes dejan legados cuantiosos y los que heredan nada. Por eso se les celebra como en 2006, el 250 aniversario del nacimiento de Wolfgang.

POST SCRIPTUM

Las obras que mencioné en el artículo son:

• Flute concerto in G, KV 313/285c

• Flute Concerto in D, KV 314/285d

• Andante For Flute and Orchestra In C, KV 315/285e

• Oboenkonzert in C, KV (314)/271k

• Basson concerto in Bflat, KV 191/186e

• Concerto for flute and harp in C, KV 299/297c (aunque no mencionada, esta composición siempre me ha dado la impresión de ser otra de las que Mozart no gozó componiendo, pero que terminó siendo en extremo atractiva; el segundo movimiento, un andantino, puede ser una gran puerta de entrada a la música de Mozart)


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No hay comentarios en “Mozart y el Odio”
  1. Damián Romagnoli Dijo:

    Excelente articulo! Muy interesante. Siempre es bueno conocer más del gran Amadeus.
    Saludos,
    Damián.
    http://www.damianromagnoli.com.ar





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