Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No es Cuestión de Confiar
Eduardo García Gaspar
17 mayo 2006
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No recuerdo dónde lo leí, ni quién lo escribió y perdí el recorte que hice. Fuera de eso, lo que sí recuerdo es lo que decía y en mi parecer, totalmente al revés. La columna decía que los mexicanos y las personas en general de todas partes tienen el deber de votar en las elecciones de sus naciones. Hasta aquí no hay problemas.

Pero añadía que las personas debían votar por aquellos partidos y candidatos que nos inspiraran la mayor confianza. La palabra clave de ese columnista era ésa, la confianza.

Era ella como una especie de fe en el gobernante, de esperanza, ilusión en el desempeño del político. Los votantes, según él, debíamos ponernos en manos de aquellos gobernantes que nos dieran las mayores esperanzas. La tesis de ese columnista no es nueva, según pude averiguar.

Ya mucho antes se había propuesto la teoría de tener esperanza y confianza en los gobernantes. Siendo yo una persona que trata de poner los pies en el suelo, me resulta una posición demasiado ilusa esa de darles a los gobernantes mi confianza sin condiciones ni garantías. Es más, yo trabajaría del lado opuesto.

No sólo no les concedería mi confianza, sino que les tendría desconfianza. Mis palabras claves con los gobernantes no son esperanza, confianza, ilusión, ni nada que le le parezca. Mis claves son otras muy distintas.

Cuanto pienso en los gobernantes me surgen ideas de cautela, precaución, desconfianza, suspicacia, recelo, aprensión. Lo dicho por el columnista al que he hecho referencia es exactamente lo opuesto a lo que pienso.

No soy el único. Puedo citar a Popper y su idea de dividir el poder gubernamental para ponerle frenos a las facultades de los gobernantes como un seguro a la posibilidad de gobernantes malos.

Puedo citar a Montesquieu y su objetivo de evitar abusos de poder por medio de esa división del poder. Pero hay otro autor que siempre me ha parecido un tipo muy humano y con sentido común. Thomas Jefferson escribió que

“el gobierno libre está fundado en la desconfianza, no en la confianza, es el celo y no la confianza lo que prescribe a las constituciones limitadas, para atar a esos en los que nos vemos obligados a confiar gran poder… nuestra constitución por eso ha fijado los límites hasta los que no más lejos puede llegar nuestra confianza. En asuntos de poder, por tanto, no se oiga más de confianza en un hombre, sino de atarlo con las cadenas de la constitución evitando malas acciones”.

Más claro no puede serse. Y en esto, mucho me temo, los mexicanos caminamos por la senda equivocada. Las elecciones próximas son un asunto de seleccionar a ése en el que más se pueda confiar para darle mucho poder.

El planteamiento es el contrario al más sano que puede tenerse y que es seleccionar a aquél en el que menos pueda desconfiarse, pero sobre todo, otra cosa. No importa quién sea el elegido, que él jamás debe ser liberado de los frenos que le colocan las leyes, especialmente la constitución y la división del poder.

Puede ser el hombre más santo, inteligente y prudente, pero también puede ser el más vil, ambicioso e impreparado. Ante eso, nada vale tanto como la ley y es por eso que por siglos se ha hablado de lo conveniente de ser países de leyes e instituciones, no de hombres. Usted, es casi seguro, ya tiene definido un candidato por el que votará en las próximas elecciones.

Eso es lo normal. Quizá hasta llegue a pensar que ese candidato preferido es un gran tipo, de mucha confianza, que promete grandes metas y al que le debemos dar una oportunidad. No está mal pensar eso. Pero le sugiero agregar otra consideración. La consideración del riesgo de que ese candidato que usted prefiere no salga como usted usted cree.

Es un riesgo cierto. Puede suceder. No sería la primera vez que suceda algo así. Por eso es que le pido que piense en agregar la idea de Jefferson y otros muchos. Añádale una buena dosis de suspicacia y duda, y acepte el sistema que evite los abusos de poder, que es el del estado de derecho y el de la división de poder.

Aunque ese candidato sea su preferido, no importa. Conviene ponerle limitaciones, conviene tenerle desconfianza. Es un mejor consejo que el opuesto.

POST SCRIPTUM

• Una muy breve discusión al respecto está en Hayek, Friedrich A. von (1978). THE CONSTITUTION OF LIBERTY. Chicago. University of Chicago Press. 0226320847, página 246, de donde tomé el texto de Jefferson.

• La más clásica referencia a la división del poder para evitar abusos de autoridad es, desde luego, la de Montesquieu (1993). DEL ESPÍRITU DE LAS LEYES [1748]. Barcelona. Altaya. 8448701291. A la que puede añadirse otra, más reciente, y considerada también clásica, la de Popper, Karl Raimund (1966). THE OPEN SOCIETY AND ITS ENEMIES VOLS 1 AND 2. London. Routledge & K. Paul.

• La hipótesis de la división del poder es realmente la de que no hay ninguna persona en la que deba confiarse tanto como para darle todo el poder del gobierno. No creo que ella haya sido asimilada en México.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras