Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No es Populismo en Realidad
Eduardo García Gaspar
28 abril 2006
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Mucho se ha escrito al respecto. Algunos han hablado de la marea roja. Otros del retorno del estatismo. Como sea que eso se llame, se refiere a lo que en común tienen gobernantes de América Latina: Hugo Chávez, el autonombrado caudillo del socialismo del siglo 21; Evo Morales, su amigo; Ollanta Humala, el ultra nacionalista que completa el trío.

Pero también están Lula, el realista y moderado, más López Obrador el candidato huraño de México, Tabaré Vázquez en Uruguay y Néstor Kirchner, un alborotador que de economía no sabe nada. Claro que del otro lado, hay gobernantes de diferente naturaleza. Por ejemplo, Álvaro Uribe en Colombia, Michelle Bachelet en Chile, Elías Saca en El Salvador; Enrique Bolaños en Nicaragua y otros de menor celebridad.

¿Hay alguna tendencia roja? La verdad es que el asunto no importa. Es irrelevante si hay o no una marea de ese color. El asunto de verdad importante es otro. No tanto el retorno del socialismo, como el regreso de la plaga latinoamericana, el caciquismo, una patología política que cría, eleva al poder y alimenta personas con cualidades mesiánicas sostenidas en medidas extremas y posibles de realizar sólo con la acumulación desmedida de poder.

Humala es un buen ejemplo de ese extremismo potencial: discriminación contra homosexuales, chilenos, judíos, ecuatorianos y otras personas. Es un caudillismo que pone en manos del gobernante las vidas de los ciudadanos como condición necesaria para cumplir sus programas de xenofobia, nacionalismo, colectivismo y, en general, de estupidez.

Nada de leyes, nada de libertades, nada de división del poder, nada de democracia. Todo debe estar en las manos del caudillo, la economía, la política, la cultura. No importan las personas, sólo el caudillo, el hombre fuerte que guiará al país al paraíso. No es marea roja. No es populismo.

Es caciquismo de la más pura clase y ralea. Caciquismo que entiende al mundo como formado por los incondicionales del caudillo y sus enemigos. No hay términos medios. Se odia al enemigo y enemigo es todo el que no rinde pleitesía. Es la mentalidad del marxismo popular que no entiende la realidad, simplemente la divide en dos… y los malos son los que siquiera dudan del cacique. Por todos lados ven enemigos y conspiraciones.

Enemigos son quienes piden transparencia, quienes quieren libertad de expresión, estado de derecho, reformas. Le dicen populismo, insisto, pero es caciquismo. Caudillos que con carisma y popularidad prometen lo imposible, son elegidos, empeoran la situación y se mantienen en el poder prometiendo resolver los problemas que ellos hicieron peor. Fidel Castro es un buen ejemplo de esto: más tiempo no puede haber estado en el poder y Cuba no ha mejorado en varias décadas.

¿Cuál es la causa del caciquismo? El factor central es la ausencia de herramientas de control del poder, instituciones débiles de gobierno, funcionarios corruptos, gobernantes débiles, que se rinden al poder absoluto. Otro factor es un segmento importante de la población que posee ese rasgo anacrónico de necesitar una mano que los guíe y premie, alguien de quien depender. Y, desde luego, están los invaluables socialistas, compañeros de viaje del cacique.

Muy parecidos a él, ellos tienen sueños colectivistas en los que sus utopías serán impuestas en experimentos sociales que fracasarán. Recuérdese a Stalin como caudillo amparado en una ideología que lo colocaba como mandamás del país. Este es el peligro real que ha surgido, el del caudillismo. No el populismo. Lo que llevado a la práctica es igual a poner de lado a la ley para colocar a una persona en la cúspide del poder y obedecer sus humoradas y fantasías, que pueden ser tan pintorescas como prohibir la exportación de carne fuera de Argentina, o tan grandiosas como construir una república bolivariana.

Es la destrucción de las libertades y los derechos por parte de locos que en otras circunstancias estarían marginados en la esquina de algún parque. El defecto de América Latina es que le gusta convertir en gobernantes a los desquiciados. O por lo menos, un grupo grande de latinoamericanos quieren poner sus vidas en manos de los lunáticos. No es algo que pueda comprenderse con facilidad.

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