Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No Tan Lento Aprendizaje
Eduardo García Gaspar
28 agosto 2006
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
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En esencia la noticia fue simple. Algunos de los estudiantes reprobados en el examen de admisión de universidades públicas en la Ciudad de México decidieron protestar por tal hecho.

E hicieron lo que ya no sorprende: bloquearon una de las calles de la lastimera capital mexicana. Retiraron el bloqueo, aparentemente, cuando se les dijo que tendrían una segunda oportunidad de presentar el examen.

Podemos partir de un hipótesis razonable: esos posibles estudiantes universitarios no tienen la preparación siquiera mínima para serlo. Hasta aquí todos más o menos podemos estar de acuerdo, pero hay algo más.

Por poco preparados que se encuentren esos jóvenes, ellos han aprendido una lección clara en este país: protestar cerrando calles produce resultados. Al menos los jóvenes en cuestión lo saben muy bien. La lección ha sido aprendida.

Con esas tácticas, por ejemplo, se puede cancelar la construcción de un aeropuerto, o intentar cancelar una elección cuyos resultados no convienen a alguno de los candidatos, o lograr imponer a un líder sindical, o lo que a usted se le ocurra.

El aprendizaje se ha logrado: la autoridad mexicana ha actuado como un profesor perfecto enseñando una lección clara y memorable.

Cierto que la lección es negativa, pero ha sido aprendida notablemente por los ciudadanos mexicanos: no importa que la ley se viole si es que lo hace un grupo que a su acción le llama movimiento social, o protesta pacífica.

Las palabras “social” y “pacífica” son suficientes licencias como para violar la ley. Y, si es que la ley quiere ser aplicada, el grupo tiene otra palabra de ayuda inmensa, “represión”.

La lección es maravillosa. La represión es aplicar la ley. La violencia es pacífica. Lo social es lastimar al resto. Es como un mundo al revés que rebasa las más aventuradas narraciones de Lewis Carroll y de Jonathan Swift. Alicia y Gulliver suenan como narraciones conservadoras comparadas con estos sucesos. Vaya, George Orwell en su “1984” dio en el clavo.

Podrán esos jóvenes no saber de razonamientos científicos, o tampoco serán capaces de entender lo que leen, pero sí hay en ellos esa habilidad para aprender de lo que sucede: violar la ley es posible si se argumenta una causa social, la que sea, así sea la más irracional y egoísta y tonta.

Ante tales movimientos, todos saben que la autoridad hará nada, absolutamente nada. Se perderá ella en llamados al diálogo y a la negociación. La ley  ha muerto, viva el diálogo.

El asunto llega a tal nivel de surrealismo en este país que si usted se estaciona en segunda fila, la policía lo multará. Pero si hace lo mismo alegando que protesta porque su hijo no ha sido admitido en una escuela, la autoridad se retirará del lugar con miedo.

Y en esto, los medios toman un lugar preponderante: atraídos por el hambre de lo llamativo usted saldrá en los medios: “padre de familia protesta por hijo que no puede ir al baño en su escuela”. Es la otra lección aprendida: haga llamativa su protesta, desnúdese, lleve un disfraz, porte pancartas, diga cosas atrevidas, lleve machetes.

La autoridad será domada de inmediato. Se comportará como un corderito. Dejará de justificar su existencia para hablar de “derecho a la libre expresión”, de “libertad de manifestación”. De todo, menos de aplicar la ley. Para que el punto sea entendido: en México ahora el gobierno estaría dispuesto a decir que dejará a un asesino en libertad y estará dispuesta al diálogo con él para negociar.

El punto es por demás notable y maravilla a todos, porque precisamente la razón de ser de un gobierno es la aplicación de la ley y en esta administración el gobierno ha sido redefinido como una entidad emisora de spots publicitarios de sus instituciones. ¿Aplicar la ley? No, eso ya no entra entre las funciones del gobierno mexicano actual, ni del gobierno de la capital, ni del de Michoacán.

Consecuentemente, en este país existen estudiantes que no saben de matemáticas, ni de ciencia, pero lo que si sabemos todos los mexicanos es que existe una nueva teoría política que establece que los gobiernos no son responsables de aplicar la ley. La nueva teoría política, que sustituye a todas las anteriores, ésa sí la conocemos todos y muchos actúan en consecuencia.


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