Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Opinión Política
Eduardo García Gaspar
29 septiembre 2006
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Se ha dicho que los mexicanos, cuando son interrogados, responden ser mucho más de derecha que de izquierda. Al menos eso responden, pero al mismo tiempo, para un observador atento, la opinión mexicana es en general socialista.

Es decir, se inclina hacia el lado de la intervención estatal en la economía, resumida en esa frase repetida de “el gobierno debería hacer algo”.

Suena a paradoja, pero la real paradoja viene de otra situación. En general, el mexicano se inclina por, por ejemplo, pedir la intervención de la autoridad para que no suba el precio del tomate. Y hace esto al mismo tiempo que se suele oponer a la intervención de la autoridad para impedir que se bloquee el tránsito de una calle por parte de una marcha de protesta.

Me parece, por tanto, que la petición de intervencionismo económico y la flexibilidad en la aplicación de la ley es una combinación al menos curiosa y digna de ser notada. En la parte económica, sospecho, la opinión pública mexicana ve con recelo las ideas de “capitalismo”, “libres mercados” y similares, estando acostumbrada a escuchar calificativos que se añaden a esos términos. Recuerdo, por ejemplo, a un sacerdote que cada vez que decía “capitalismo” añadía “salvaje”.

Quizá venga esa manera de pensar de la cultura de los años 50 en adelante, en este país, a su vez provenientes de una constitución que creó un gobierno fuertemente interventor. Antes, a raíz del golpe de estado que originó a la URSS, el comunismo alcanzó gran popularidad en especial entre los intelectuales que no vivían allí… los que vivían dentro no tenían la oportunidad de elegir.

El clima intelectual mexicano fue mayoritariamente socialista, si bien dejó atrás el extremismo de Lázaro Cárdenas pero continuó siendo intervencionista: el gobierno debía regular a la economía para garantizar el desarrollo y el progreso.

La política proteccionista fue un ejemplo de ese dirigismo estatal, que en conjunto con otras medidas, acostumbraron a la población mexicana a que el estado debía regular el mercado. Por eso se hablaba de la rectoría estatal de la economía, muy en especial por parte de de la Madrid.

El intervencionismo se mantiene hasta ahora en muy buena dosis, según muestran las comparaciones internacionales. Pero lo que interesa no es tanto eso, sino tener alguna explicación razonable del por qué de una opinión que favorece al intervencionismo y recela del liberalismo. Una explicación parcial es la preferencia socialista de intelectuales como Monsiváis o Fuentes, de gente que influye en la opinión pública favoreciendo el estatismo.

Un amigo la define como la influencia del “humanista ignorante”. La calificación es fuerte y se refiere al caso, por ejemplo, del novelista o del director de cine, que no sabe de economía pero apoya a gobiernos socialistas.

No es un fenómeno propio mexicano, sino universal y que quizá sea un síntoma de una causa real y sólida: el atractivo de la lógica aparente del socialismo y que se rige haciendo una comparación de peras con manzanas. Me explico.

Uno de los razonamientos para demostrar la superioridad del socialismo es comparar las desventajas reales de los mercados libres con las ventajas teóricas del socialismo. La comparación no es válida. Ninguno de los dos sistemas está libre de faltas y debían compararse las desventajas reales de ambos, olvidando las ventajas teóricas del socialismo. Es decir, el socialismo descansa más en sus buenas intenciones que en sus logros reales.

Lo que me lleva a concluir un punto que no he visto tratado explícitamente todo lo que debiera: la ingenuidad del que se deja convencer de las ventajas del socialismo, especialmente en épocas electorales. Es algo que aplica a las propuestas de todos los partidos mexicanos en las pasadas elecciones: los candidatos, quizá con la excepción de PANAL, colocaron al gobierno como la solución de todos los problemas mexicanos.

Y fue así como, de nuevo, por enésima vez, los mexicanos recibieron un mensaje erróneo: oyeron cómo la intervención estatal es la solución teórica de cuanto problema existe en la sociedad. No es de extrañar, por tanto, que la ciudadanía tenga una inclinación socialista genérica. Aún no entiende que la solución de muchos problemas es una menor o nula intervención estatal.

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