Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Opiniones Públicas
Leonardo Girondella Mora
2 marzo 2006
Sección: Sección: Asuntos, SOCIEDAD
Catalogado en:


Una de las aberraciones mayores que puede darse en política es la de la opinión pública como la guía a seguir por parte del gobernante. Varias razones hay para afirmar eso y son todas de peso. No creo que exista una opinión pública, sino varias. Pero en caso de que ella existiera, siendo mayoritaria sería de enorme peligro.

Las palabras de Lord Acton son una buena referencia:

It is bad to be oppressed by a minority, but it is worse to be oppressed by a majority… government by the whole people, being the government of the most numerous and most powerful class, is an evil of the same nature as unmixed monarchy, and requires, for nearly the same reasons, institutions that shall protect it against itself, and shall uphold the permanent reign of law against arbitrary revolutions of opinion.

Una sola opinión pública, de existir, se convertiría en una tiranía volátil, incapaz de respetar a las personas e incapaz también de lograr eso que es cimiento del progreso: confianza razonable en un futuro estable. Las palabras de Acton son sobresalientes: ser oprimido por una minoría es malo, pero ser oprimido por una mayoría es aún peor —de lo que sale esa admirable conclusión: ser gobernado por la mayoría es un tipo de mal no diferente al de vivir bajo una dictadura.

Poner al destino de las personas a merced de la antojadiza opinión pública de la mayoría es un acto dictatorial. Lo que existe es variedad de opiniones, que varían en las personas según sus predilecciones e inclinaciones.

Una muestra de esta realidad innegable es la proveída por Donald Rumsfeld, secretario de defensa de los EEUU, en un discurso reciente en la School of Advanced International Studies, de la Johns Hopkins University.

Citó las siguientes cifras de una investigación de opinión pública que indagaba las posibilidades de una democracia estable en Irak (los datos vienen de la nota del Wall Street Journal citada abajo).

• Personas en medios noticiosos: 63% dice que fallará.

• Personas en el medios de relaciones internacionales: 71% dice que fallará.

• Personas en el medios académicos: 71% dice que fallará.

• Personas en el medio militar: 32% dice que fallará.

• Público en general: 37% dice que fallará.

No hay otra manera de entender a las investigaciones de opinión pública como formadas por opiniones variadas, dependiendo de grupos similares —una demostración contundente de la inexistencia de la opinión pública, y al mismo tiempo una prueba de la existencia de muchas opiniones públicas.

¿Con cuál de ellas ir en el caso de las cifras citadas arriba? El panorama que esos números pintan es ambivalente. Las elites intelectuales van en una dirección opuesta a la del ciudadano común y del experto militar —las elites son pesimistas, los otros no.

Desde luego, eso explicaría la tendencia de los medios noticiosos a tener más reportajes negativos que positivos y mostraría a un público que no cede fácilmente a esa visión. Si el gobierno decide funcionar favoreciendo a la opinión pública enfrentará ese problema, el de definir cuál de ellas es la real.

¿La de los medios que tienen su opinión publicada? ¿La opinión de las elites? ¿La de los expertos? ¿La del ciudadano común, sin diferenciación? Cualquiera que siga será una decisión errónea porque estará en persecución de lo que no existe. ¿Confiar en los medios? No lo creo.

Póngase en el lugar del reportero que tiene como misión tomar información sobre un tema del que poco conoce en un lugar en el que no trabaja para contar una historia que no ha vivido. Él necesita de un don muy especial para recolectar la información relevante de la gente que sí importa e interpretarla sin inclinaciones previas.

Hacerlo es un arte poco común. Su opinión tiene serios problemas de fidelidad y precisión. ¿Confiar en las elites intelectuales? Tampoco lo creo. Póngase en el lugar de alguien de la intelligentsia, rodeado de personas que piensan igual, dentro de una comunidad cerrada que crea sus propios mundos y que ve hacia abajo al resto de las personas.

Difícilmente pueden lograr tener una visión objetiva y frecuentemente son víctimas de sus propias distorsiones ideológicas. Sus opiniones tienen serios problemas de visión. ¿Confiar en los expertos? Vale la pena escucharlos, siempre que se pidan sus explicaciones. Ya se está en otros terrenos, los del conocimiento especializado —como el del comité de asesoría económica que puede tener un ministro o un presidente. Siendo humanos podrán fallar, pero si son capaces de entender la realidad, son invaluables.

Sus opiniones tienen riegos de falibilidad, pero contienen razonamientos útiles. ¿Confiar en el ciudadano común? A medias. Conocer sus inclinaciones es una herramienta del gobernantes —útil mientras no sea su brújula. No tiene un conocimiento especializado ni profundo, pero suele ser en ocasiones muestra de sentido común y sencillez.

Sus opiniones, consideradas con una pizca de sal, son de utilidad. ¿Confiar en los grupos de presión? Sencillamente no, a menos que alguno haya dado muestras consistentes de objetividad. Sus opiniones deben ser escuchadas, como las de todos, en busca de elementos de razón y sinrazón.

El problema con estos grupos es el de su notoriedad —es más visible la bomba puesta por un terrorista en Bagdad que millones de personas en sus labores cotidianas en la misma ciudad; y más conspicua la manifestación callejera de 200 personas que la vida normal de 50 millones.

En conclusión, la opinión pública no existe y seguirla es un engaño que conduce a la tiranía peor que puede darse —lo que no significa dejar de escuchar las opiniones, sino hacerlo con la cualidad que más necesita un gobernante, prudencia.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



No hay comentarios en “Opiniones Públicas”
  1. Leonardo Girondella Dijo:

    El participio de “proveer” es provisto o proveído. Ambos son aceptados y eso es conocimiento común. Puede verificarse en el sitio de la Real Academia.

  2. Editor General Dijo:

    Intrigado sobre el comentario del lector, investigué lo de “proveído”, encontrando que es aceptado su uso. Por ejemplo, se dice que “El nombre participial infinito es semejante al participio del tiempo pasado substantivado en esta terminación ‘do’, sino que no tiene géneros, ni números, ni casos, ni personas. Pero pocos verbos echan el participio del tiempo pasado y el nombre participial infinito en otra manera, como de poner, ‘puesto’; de hacer, ‘hecho’; de decir, ‘dicho’; de morir, ‘muerto’; de ver, ‘visto’, aunque su compuesto ‘proveer’ no hizo ‘provisto’, sino ‘proveído’; de escribir, ‘escrito’”. La fuente es http://www.antoniodenebrija.org/libro5.html.

  3. Mekishiko-NoNeko Dijo:

    … antes de entrar en algún detalle, creo que es necesario, en primera, escribir con propiedad ya que después de un error de tipo ortográfico o de conjugación, crea en las personas -de entrada- cierta… reticencia a otorgar al texto algún tipo de credibilidad. Ejemplo: “(…)Una muestra de esta realidad innegable es la proveída por Donald Rumsfeld, secretario de defensa de los EEUU,(…)” Me causa cierto ruido ver que usa incorrectamente una simple conjugación. Aquí detuve mi lectura de su escrito, pues de entrada carece de credibilidad al no prestar atención a algo sencillo como esto…





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