Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ordeñando la Soberanía
Eduardo García Gaspar
15 febrero 2006
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Uno de los asuntos de la escena política en México es realmente curioso porque él muestra los vericuetos de las mentes burocráticas. De esas mentes para las que el barroco es un estilo minimalista. Es el asunto de la gasolina. Y tiene dos aspectos.

Uno es el del pago de combustible. Para que él sea deducible de impuestos se hizo obligatorio el pago con tarjetas de crédito o equivalentes. El problema es que ese pago implica una comisión y la comisión anula el margen de utilidad de los concesionarios del monopolio estatal de petróleo. Y complica la vida del ciudadano que ve limitadas sus opciones de pago.

El asunto tuvo una solución parcial con una medida realmente de museo: se puede pagar en efectivo la gasolina, pero las declaraciones mensuales deben ir acompañadas de cartas que expliquen la razón de ese pago en dinero. Se habló de otra: que el cliente pague la comisión de las tarjetas de pago.

Y desde luego, el asunto se ha complicado cada vez más, enfrentando a las autoridades fiscales con las asociaciones de gasolineros. A lo anterior se ha añadido otro tema, el del robo continuo de gasolina. Es un robo que toma muchas formas.

Una es la de “ordeñar” los gasoductos, otra es la de vender litros que no lo son. En fin, que tenemos un panorama realmente llamativo en eso que por decenios se ha calificado como una industria que es de todos los mexicanos y que representa la soberanía nacional. La verdad es que no es ni soberanía, ni es de los mexicanos. El petróleo y sus derivados son propiedad del gobierno y fuente de recursos para financiar sus gastos. Y tampoco es soberanía, al contrario.

La mayoría de los reportes al respecto se queda en la superficie del problema, indicando las inconveniencias de disposiciones fiscales absurdas y de corrupción institucionalizada. Pero hay más y eso bien vale una segunda opinión. La causa de fondo de esas situaciones indeseables es la existencia de una mentalidad dentro de la clase política mexicana y por la que el estado debe entrometerse en todo. Debe ser el propietario de los energéticos para protegerlos y debe emitir disposiciones que los ciudadanos deben cumplir.

La solución no está en inventar nuevos trámites, ni en supervisar mejor al monopolio, ni en nuevas bombas despachadoras, ni en nada de lo que se ha sugerido. Cambie usted las bombas despachadoras, cree usted más puestos burocráticos para supervisar al monopolio, ponga multas a los gasolineros, haga escribir cartas a los causantes para deducir gastos… nada de eso será la solución.

Lo que se ha propuesto es equivalente a recetar ron para curar la cirrosis del que ha bebido whiskey. No sirve.

Lo que hay que cambiar es la mentalidad de la clase política. El problema real es la mentalidad interventora de los gobernantes, a quienes no se les ocurre que todo sería mejor manejado si no existiera un monopolio estatal petrolero y si las leyes fiscales fueran simples.

En un régimen privado de competencia para gasolina, las empresas mismas pelearían entre sí para atraer clientes y resolver robos. Facilitarían las cosas al cliente. Y si las deducciones fueran automáticas, por ejemplo, por kilómetro recorrido, todos se arreglaría.

Lo que hace falta no es cambiar bombas expendedoras, ni pagar con tarjetas de crédito, ni imponer multas, ni crear más sistemas de supervisión, que son las cosas en las que los gobernantes pierden el tiempo (como lo vi en el canal de televisión que mostró las discusiones del senado mexicano y que eran más peleas partidistas que búsqueda de soluciones).

Se podrán hacer todos esos cambios y se podrán citar a declarar a todos los secretarios, que las cosas no cambiarán. Y no lo harán porque así no se remedia el problema de fondo, que es esa mente barroca y limitada que no reconoce que el problema es la existencia misma de un monopolio que es ordeñado por la autoridad con impuestos y por el ladrón de gasolina y por el gasolinero que tiene márgenes pequeños y por las autoridades fiscales que hacen que los ciudadanos pierdan el tiempo.

La privatización del monopolio estatal de petróleo es la solución a muchos de esos problemas, pero no será una opción para las mentes que hacen de ese monopolio una fuente de sus ingresos, intentando convencer al resto que allí radica la soberanía nacional.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.




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