Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Otra Vía Para Europa
Selección de ContraPeso.info
30 enero 2006
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
Catalogado en: , , ,


ContraPeso.info presenta un texto de Jennifer Roback Morse, que es Senior Fellow in Economics del Acton Institute, a quien agradecemos la gentileza por permitirnos traducir y reproducir. El tema es Europa y concretamente su alternativa social, un modelo que ha fallado fatalmente por estar basado en algo por lo que nadie estaría dispuesto a dar la vida.

Cuando Juan Pablo II publicó Centesimus Annus en 1991, la encíclica abrió nuevas vistas para el entendimiento de la relación entre los mercados y la moral, entre el respeto a la propiedad privada y los hábitos de consumo atemperados por la moderación cristiana. Llamó a explorar nuevas formas de combinar el funcionamiento del mercado con la ayuda a los débiles.

El reto del pontífice es aún más urgente hoy, cuando las personas entienden que el comunismo no es una estrategia viable para lograr ni el crecimiento económico ni la solidaridad con los pobres. Ahora, la mas urgente tarea es mostrar que el socialismo de Europa Occidental también ha fallado. Aunque algunos de los aspectos del modelo original de Europa Occiental originalmente tuvo inspiración y objetivo cristianos, es ahora claro que el moderno estado de bienestar de Europa Occidental está desplomándose.

Y mientras muchos países modernos comparten algunos de los problemas agrupados vagamente bajo el “modelo social Europeo”, es Europa misma la que con más desesperación necesita una alternativa genuinamente católica. La más simple forma de ver el fallo del estado benefactor ampliado es ver la demografía de Europa Occidental. La implosión demográfica de Europa tiene causas económicas y espirituales. Y el problema económico ilustra la más básica falla del sistema: no es sostenible.

El estado benefactor moderno o el estado de asistencia social no puede reponerse a sí mismo porque ha marginalizado a la familia. Los datos demográficos crudos son los siguientes: los europeos no están teniendo suficientes bebés como para reemplazarse. Las tasas de fertilidad de los países industrializados occidentales están muy por debajo de la tasa de reemplazo de 2.1 bebés por mujer. Para la Unión Europea, como un todo, el estimado de tasa de fertilidad en 2005 es de 1.47 bebés por mujer.

En algunos países la tasa es aún mas baja. Sin embargo en Francia, aproximadamente un nacimiento de cada tres es de una familia musulmana. Sin considerar la influencia musulmana, la tasa de fertilidad de los nacidos allí o considerados europeos franceses tradicionales sería de 1.2, similar a las tasas de Italia y España.

El mandato social

Adicionalmente a los altos impuestos necesarios para financiar los beneficios sociales, las regulaciones laborales imponen cargas pesadas en los jóvenes. La mayoría de los países europeos legislan salarios u horas de trabajo requiriendo salarios relativamente altos y obligando a relativamente pocas horas de trabajo. El modelo social europeo también requiere que los empleadores provean generosos beneficios como cuidado de salud, vacaciones pagadas, permisos de maternidad y similares.

Estas regulaciones y mandatos tienen un impacto negativo en los trabajadores jóvenes al incrementar el costo del empleador para contratar trabajadores. La productividad de un trabajador experimentado y capacitado puede justificar este generoso paquete de compensación. Pero una persona joven, iniciando su carrera, puede no producir lo suficiente como para cubrir su salario mínimo requerido, mucho menos el paquete completo, incluyendo cuidado de salud y tiempo sin trabajar.

El resultado es que los jóvenes y los no capacitados tienen menos oportunidad de empleo. La alta tasa de desempleo contribuye al retraso del matrimonio y del nacimiento de hijos. Se estima que 70% de los italianos no casados, entre las edades de 25 y 29, viven con sus padres, donde se benefician de habitación subsidiada y donde sus bajos ingresos equivalen a dinero para gastos pequeños. Entonces, el modelo social europeo provee altos salarios y beneficios excelentes —para los pocos que tienen empleo.

El sistema excluye a esos que no tienen la preparación necesaria para ser económicamente productivos. Pero todos inician sus vidas no siendo económicamente productivos. En la práctica, esto significa que los jóvenes son mantenidos fuera del mercado de trabajo precisamente en el momento en el que están más biológicamente preparados para iniciar la formación de una familia. Significa también que esos que son intrínsecamente pobres, debido a discapacidades o baja inteligencia, son excluidos también de participar en el mercado de trabajo. El estado benefactor también ha contribuido a la marginalización del matrimonio.

El vivir con los padres no es conducente a iniciar una familia. La edad en el primer matrimonio es un determinante importante del tamaño de la familia: una persona que se casa a los 35 años no tendrá tantos hijos como la que lo hace a los 23. Pero no es éste el único impacto de la asistencia social en la fertilidad y el matrimonio. La asistencia vitalicia del estado desplaza la función económica de la familia. Los adultos de edad avanzada no necesitan a los hijos adultos para ayudarles en ese período.

Las mujeres no necesitan la ayuda de un esposo en caso de tener un hijo. Los esposos se convierten en una molestia, porque el gobierno proveerá beneficios económicos sin la obligación de tratar con seres humanos imperfectos como los maridos. En este medio ambiente, los hijos se convierten en bienes de consumo, un estilo de vida opcional para ser seleccionado en caso de que uno disfrute a los niños. El intento de este modelo social para resolver las tasas de fertilidad en declive incrementando las asignaciones a las familias no ha tenido éxito y no tiene probabilidad de ser exitoso en el futuro.

La amplitud de beneficios gubernamentales es realmente impresionante. En los países de la UE, los padres reciben beneficios por sus hijos, asignaciones a los padres que no tienen trabajo o lo han reducido, asignaciones a padres solteros, a nuevos años escolares y a casas habitación.

Problemas maritales

Estos subsidios económicos por tener hijos han fallado porque están intentando sustituir al padre. La certidumbre económica que ofrecen los contribuyentes no puede reemplazar el sostén que ofrece un matrimonio de por vida, a una mujer y sus hijos. Sostener hijos sin estar casado es inherentemente más riesgosos y más caro que tenerlos dentro de una familia funcional de por vida. No debe sorprender que las personas decidan tener menos hijos en una situación en la que los matrimonios sean menos estables.

El modelo social ha fallado incluso en el terreno cultural y social. Porque ahora el matrimonio es considerado opcional para tener hijos. Las parejas tienen hijos primero, ven si su relación funciona y entonces quizá, se casan después del nacimiento de su segundo hijo. Son los altos niveles de asistencia social los que hacen posible esta actitud informal hacia el matrimonio. El entendimiento e incluso la definición del matrimonio ha sido radicalmente puesta en tela de juicio.

Al final de los años 90, algunos demógrafos consideraron al “modelo holandés” como el nuevo modelo para Europa. Los holandeses habían combinado una ley familiar liberal con un estado benefactor generoso y una sorprendente actitud tradicional hacia la familia. Ya no. Desde la agitación para legalizar a las uniones del mismo sexo, la propensidad holandesa para casarse ha disminuido y el porcentaje de nacimientos ilegítimos se ha elevado de 18% en 1997 a 31% en 2003 (cuando la ley permitió las Sociedades Registradas).

Sin necesidad de decirlo, un modelo social genuinamente cristiano no hubiera permitido dejarse confundir tanto acerca del significado de algo tan básico como el matrimonio. Esta amplia confusión social, ha sido causada por la combinación de secularismo, que desalienta a las personas a buscar significados más profundos que los materiales, y el socialismo que intenta lograr satisfacción de las meras necesidades materiales.

Más aún, la presencia de una poderosa minoría islámica en Europa añade urgencia a la solución del problema demográfico. Europa está importando trabajadores del mundo islámico, para hacer los trabajos que son intrínsecamente tan mal pagados que no pueden acomodarse dentro de la red de beneficios sociales. Estos inmigrantes no están siendo asimilados por la cultura europea. Y ellos se reproducen a una tasa más rápida que la de los europeos tradicionales.

Este es el golpe final al modelo social europeo. El Islam cree en sí mismo de una manera que la Europa secular no lo hace ni puede. Francia parece incapaz de confrontar los disturbios árabes del otoño pasado. Los holandeses estuvieron nerviosos por la muerte de Theo van Gogh, pero las autoridades parecen miedosas de enfrentar el hecho de que el asesino fue un extremista islámico que pensó que era justificado casi degollar al “infiel” en la calle.

Porque en su esencia, el secularismo es un término medio. Es una forma de evitar el conflicto evitando confrontar los asuntos que realmente importan. Nadie, sin embargo, puede realmente dar su vida, su corazón y su mente, por un término medio. El Islam no tiene esa reticencia. El Islam puede ganar porque cree en si mismo, y la Europa Occidental no.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras