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Peligros Democráticos
Selección de ContraPeso.info
1 agosto 2006
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: AmaYi
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En los tiempos actuales, se da un contraste notable. Mientras los defectos de la libertad económica han querido ser atacados con más regulaciones, los defectos de la libertad política han querido ser solucionados con menos regulaciones.

Zakaria parte de esta idea para sostener una tesis que previene sobre el peligro de hacer a la democracia un sistema político vacío y carente de significado.

Los mecanismos democráticos, en muchos casos actuales, impiden una buena toma de decisiones gubernamentales, las que colocan su énfasis en resultados inmediatos y descuidan el largo plazo, dando cabida al egoísmo de intereses especiales que dañan a la sociedad.

La obra utilizada para esta carta es el libro de Zakaria, Fareed (2003). THE FUTURE OF FREEDOM : ILLIBERAL DEMOCRACY AT HOME AND ABROAD. New York. W.W. Norton & Co. 0393047644, Conclusion 1, pp. 239-256.

La idea central del autor es sencilla, en el siglo pasado se registraron dos tendencias que llegaron a extremos no deseables.

Una de esas tendencias fue la regulación de la economía libre y la otra fue la desregulación de la democracia.

En el principio del siglo 20, los mercados libres iban al alza. Sin embargo, una serie de eventos causaron una cascada de regulaciones impuestas a la economía capitalista.

La I Guerra Mundial, fenómenos de hiperinflación, desempleo y otras circunstancias atrajeron medidas regulatorias que presentaron al intervencionismo estatal como la solución.

Aunque en los últimos años, desde los años 80, se ha registrado un fenómeno económico, la desregulación aplicada mundialmente.

El gobierno se ha estado retirando de la actividad económica. Muestra de esto es la serie de privatizaciones, desregulaciones y tratados de libre comercio.

Pero la democracia se movió en la dirección opuesta. Los problemas enfrentados por las democracias fueron solucionados con las medidas contrarias a la regulación de la actividad económica.

Fueron solucionados con más democracia, ampliando la base del electorado, reduciendo la influencia de elites, dando cada vez más poder al ciudadano individual.

La democracia, insiste el autor, ha ido más allá de lo debido.

Ha producido un sistema político incapaz de gobernar, que no es causa de respeto entre los ciudadanos. La mayoría de las personas presienten este problema, aunque pocos se atreven a hablar de él.

Los gobernantes son percibidos como personajes de baja ralea y sólo son admiradas las instituciones que son ajenas a presiones populares y que tienen un funcionamiento no democrático.

Los asuntos serios en la realidad no son tratados democráticamente. La reacción contra el terrorismo implica el otorgamiento de facultades muy delegadas en los gobernantes y no hay votos semanales entre los ciudadanos para decidir asuntos como éste.

La globalización igualmente impone deberes en los gobiernos, deberes que pueden tener costos en el corto plazo, como el implantar disciplina fiscal, pues de lo contrario los inversionistas actuarán acudiendo a lugares donde esas medidas se apliquen.

También existen presiones sobre las democracias, provenientes de segmentos de más edad que son políticamente poderosos, para defender sus prestaciones y pensiones.

En fin, las democracias tienen frente a sí problemas serios, como la lucha contra el terrorismo, finanzas públicas sanas y fondos racionales de pensiones, cuya solución está expuesta a la presión de grupos poderosos de votantes.

La única solución a esto, según Zakaria, es el aislamiento de esa presión democrática, que quienes tomen decisiones en esos campos no sean blanco de presiones intensas populares.

Ya sucede esto, por ejemplo, en bancos centrales que son manejados por personas fuera de esa presión y ello ha ocasionado buenos resultados.

Algo similar a sucedido en Europa, con Bruselas jugando un papel aislado de presiones populares.

El punto de autor está bien expresado en su idea de que no pueden establecerse tasas de interés ni política anti monopólica usando plebiscitos.

Las democracias avanzadas tienen, sin embargo, un problema serio.

Hay presión para tener buenos gobiernos, pero las burocracias que se crearon en los años anteriores y que se han mantenido, carecen de esa legitimidad.

Y en esta situación, los populistas aprovechan las ventajas de la percepción que tienen las personas, cuando perciben que las decisiones de gobierno son tomadas por personas alejadas de la ciudadanía… a pesar de que esas instituciones funcionan mejor precisamente porque están alejadas de presiones democráticas inmediatas.

El problema por tanto, es cómo solucionar esto, ¿cómo tener al mismo tiempo un gobierno legítimo que al mismo tiempo sea bueno y efectivo?

La solución según Zakaria, no está en las propuestas que piden una democracia mayor y sin límites. Tampoco está en los gobernantes que acusan a otros de tener que tomar medidas que no son populares y con ello exacerban el problema.

Esta situación está bien ilustrada en el caso de la Organización Mundial del Comercio, contra la que se dan consistentemente manifestaciones, con algunas justificaciones válidas, pero que en realidad presentan esa paradoja: las instituciones aisladas de presiones democráticas de corto plazo funcionan mejor pero poseen un problema de legitimidad.

Una situación que es aprovechada por los gobernantes populistas cuando al tener que tomar decisiones no populares atribuyen sus errores a las presiones de esos organizamos alejados.

Es un asunto en el que intervienen los “intereses especiales”, grupos bien organizados que presionan para lograr beneficios inmediatos para sí mismos; es el corporativismo que influye con fuerza en la autoridad y usa mecanismos democráticos para salir con la suya.

En un sistema de libertades ciudadanas, esas presiones no pueden desaparecer, pero sí puede enfocarse el asunto por otro lado.

Por ejemplo, puede entenderse la estructura política como la de una república y no como la de una democracia pura.

Es decir, como un gobierno delegado que toma los asuntos de interés público para refinarlos y ampliarlos usando a un grupo de gobernantes que vean el interés total de la nación y no sean sujetos de presiones en el corto plazo.

Esta forma de ver las cosas puede verse anticuada, según el autor, quien recuerda que después de todo ésa es la manera en la que funcionan las empresas, con administradores delegados que la manejan en el día a día, aunque los accionistas son los propietarios últimos.

Se trata de una solución que produce un mejor gobierno y que implica también la rendición de cuentas por parte de esos delegados.

El problema de fondo, insiste Zakaria, es la presión ejercida por intereses especiales, grupos que buscan beneficios para ellos en el corto plazo, descuidando el aspecto nacional de largo plazo.

Lo que se necesita no es más democracia, sino menos.

Una afirmación que se vuelve a justificar mencionando que las instituciones que sufren presiones de corto plazo dan resultados malos; lo contrario sucede con las instituciones que no las padecen.

Además, muchos de los asuntos manejados son técnicos y requieren la intervención de expertos en cuestiones que no son sujetas a voto.

También, los resultados de muchas decisiones de gobierno no tienen resultados de corto plazo y, peor aún, pueden tener efectos no populares en el corto plazo.

Menciona el autor un ejemplo de los efectos del exceso de democracia en el código fiscal de los EEUU. El primero de esos códigos tenía 14 páginas; actualmente tiene 2 mil, con 6 mil de reglamentaciones y decenas de miles de interpretaciones.

Si se adoptara un impuesto llano (flat tax), se estima que se recolectaría una cantidad similar a la actual y de tendría un crecimiento económico mayor, de unos 200 mil millones anuales.

¿Por qué se tiene ese código complejo que pone frenos al crecimiento?

Porque en esa complejidad se esconde fácilmente el efecto de los grupos que presionan a los gobiernos y hacen que los legisladores sucumban a ellos viendo el corto plazo. Los impuestos podrían ser mejor manejados por una institución independiente, especialista en el asunto, y cuyo trabajo sea sujeto a la votación del congreso, sin posibilidad de enmiendas.

En las naciones en desarrollo el asunto es de una importancia mayor, pues las apuestas son más grandes. El interés de los gobiernos debe ser colocado en el largo plazo, con medidas que prometen enormes beneficios.

En cambio, la visión de corto plazo les traerá terribles consecuencias.

Los casos exitosos de este tipo de países han tenido autoridades fuertes, no sujetas a presiones populares y que han aplicado medidas liberales.

No es una cuestión de anular a la democracia, pues ha dado buenos resultados evitando el peor de los males. Pero los cantos exaltados a favor de la democracia no van a resolver sus problemas.

Dice Zakaria que debe haber una manera por la que las democracias no produzcan por sistema decisiones gubernamentales de corto plazo que causen malos resultados.

La autoridad delegada indica una dirección, con bancos centrales más independientes, tribunales aislados de presiones que apliquen la ley y decisiones económicas que estén alejadas de día a día de la política; por ejemplo, con ministros de economía que presenten planes anuales sin posibilidad de enmienda en votaciones de sí o no, y con mayores duraciones en su puesto.

Estas ideas son perfectamente congruentes con la democracia y trabajan bajo el principio de delegación de autoridad, con el poder residiendo en la ciudadanía a través de los representantes elegidos.

Debe haber pesos y contrapesos. Los gobernantes pueden dar guías generales a las instituciones para que ellas realicen su trabajo y luego haya votaciones.

El descontento con los gobiernos democráticos podrá hacer que los ciudadanos entiendan a la democracia por eso en lo que se ha convertido, un sistema que en teoría está abierto a cualquiera, pero que en la práctica está manejado por minorías fanáticas que se protegen a sí mismas en el presenta sacrificando el futuro.

Si las tendencias actuales continúan, la democracia estará sujeta a crisis de legitimidad, lo que la dañara severamente.

Será la oportunidad deseada por los demagogos que aprovecharán esa desilusión popular con la democracia.

Las democracias enfrentan retos, como la globalización, el terrorismo y el envejecimiento de la población, y deben tener un mejor sistema de toma de decisiones, devolviendo a la práctica el constitucionalismo liberal.

Y más complejo aún, debe requerirse que aquellos con gran poder en las sociedades acepten sus responsabilidades y promuevan estándares no sólo legales sino morales.

El asunto es grave, pues la democracia es la gran esperanza, incluso con todos sus defectos. Debemos hacer que la democracia sea lo que ella debe ser.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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