Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pemex y la Colonia
Leonardo Girondella Mora
27 febrero 2006
Sección: NACIONALISMO, Sección: Asuntos
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La noción aceptada es simplista, viene de la educación inexacta de la historia de México —y supongo que también en otros países de AL— para proponer la tesis de que “llegaron los españoles y nos conquistaron”.

En 1521 no existía algo que se llamara México y, por inevitable lógica, tampoco existían los mexicanos, por mucho que eso duela a algunos —y todavía más, pues España tampoco existía como la conocemos hoy.

La aseveración “llegaron los españoles y nos conquistaron a los mexicanos” tiene por si fuera poco otro error, al suponer que los mexicanos ahora son nativos americanos, y más específicamente, aztecas o mexicas —primero, había mucho más que sólo los aztecas y segundo, los mexicanos somos mayoritariamente mestizos en la actualidad.

Dice un artículo sobre el tema:

… digamos, para horror de nuestras creencias aprendidas mecánicamente en la escuela, que no vinieron los españoles y NOS conquistaron, porque no había ningún NOSOTROS en ese momento. Los actuales mexicanos, en más de un 90% somos descendientes de indígenas y españoles, y el 10% restante pertenecen a etnias indígenas que nada tienen que ver con los aztecas. Me refiero por supuesto a los actuales pimas, seris, rarámuri, tzeltales, tzotziles, huicholes, otomíes, etc…

No existía MEXICO, sino un conjunto de señoríos indígenas, llamados “altépetl” en náhuatl, “ñuu” en mixteco, o bien “batabil” en maya, diferentes entre sí, sin integración ni unidad general y más bien en una lógica de guerra y enfrentamiento constante para imponer su dominio los unos a los otros y obtener tributos. Quien destacaba en su dominación era el altépetl Tenochtitlán, cuna de los mexica (mal llamados “aztecas”, éste término es totalmente artificial, inventado modernamente).

Los mexicas ejercían un dominio fuerte sobre quien lo permitiera, a quienes imponían tributos y cobraban vidas para sacrificios humanos —por lo que a los tlaxcaltecas les vino de maravilla el arribo de Hernán Cortés, de quien fueron aliados en contra de sus rivales. Dice el mismo artículo citado que,

En 1519, sucedió algo que vino a derrumbar este dominio aparentemente todopoderoso. La llegada de Hernán Cortés y 600 españoles alentó a los altépetl sometidos a luchar por su libertad. Los primeros en aliarse a los españoles fueron los de Zempoala, luego vinieron los de Tlaxcala, de Huejotzingo, Tepexi, Tehuacan, Coxcatlán, Coixtlahuacán, Tamazulapan, Yanhuitlán, Xicochimalco, Zacatlán, Texcoco, etc.

La mayoría de los señoríos dominados por los mexica aportaron el ejército INDIGENA que derrotó y destruyó a Tenochtitlán. Al final los mexica se quedaron solos, sin aliados ni amigos, y lucharon heroicamente hasta ser aplastados. Cuando el tlatoani (“orador”) Cuauhtémoc se rindió a Cortés, los mexica que sobrevivieron dejaron de luchar. Apenas tres años habían pasado y el dominio mexica sobre millones de personas se había desvanecido.

Educados bajo el clisé de que “llegaron los españoles y nos conquistaron a los mexicanos” sucede que el período colonial se ha entendido como una terrible violación de la nación mexicana, sin importar que ella aún no existiera —lo que hace a la Independencia de 1810 una especie de liberación nacional que hizo posible quitarnos de encima la bota española de la opresión.

Así se mal enseña la Independencia, sin considerar que ella fue una protesta de los criollos, hijos de españoles sin mezcla india, que se dieron cuenta que no tenían rey en España y aprovecharon para quitarse de encima los frenos que les impedían ser importantes, inventando de paso una legendaria civilización indígena que fue enaltecida como contraposición al dominio del que querían deshacerse y que los sumió en décadas de caos y rivalidades internas solucionados hasta la llegada de Porfirio Díaz.

La Independencia, idealizada, como la liberación de España, es otra inexactitud de la enseñanza oficial que deja de considerar la realidad del caos en el que México cayó por décadas de ceguera política de pequeños gobernantes que no veían más allá de la punta de su nariz —durante la que desde luego cualquier país extranjero es visto con recelo y sospecha, sembrando así la semilla de la xenofobia mexicana que subsiste aún ahora.

Ya no era sólo deber del buen mexicano odiar a los españoles, sino recelar de todo extranjero.

Mi objetivo al señalar lo anterior es reforzar un punto de la cultura mexicana, del que afortunadamente hay síntomas de estar desapareciendo, pero manifestado no hace mucho en la creencia sólidamente establecida y creída de que “como México no hay dos” —a lo que los más escépticos solían agregar “afortunadamente”.

Es el punto de un nacionalismo definido como recelo de lo extranjero: sospecha, odio, temor de lo que viniera de fuera, con excepción del contrabando, un deporte nacional de siglos. Este nacionalismo aislacionista fue un componente muy ad-hoc a las políticas mercantilistas del PRI que cerraron las fronteras bajo la idea de proteger a la industria nacional, otro concepto que aún subsiste en la mente de muchos políticos mexicanos.

Si la cultura es en buena porción responsable de las posibilidades de desarrollo, se tiene pues una explicación parcial de la pobreza mexicana: ese nacionalismo excesivo que rechaza a lo extranjero y considera una violación de la patria la presencia de, por ejemplo, capital extranjero en el país —igual que una repetición de la conquista española, lo que impide a su vez tomar medidas necesarias, como la privatización de Pemex, el monopolio estatal mexicano, pues privatizarlo sería, dicen, “perder soberanía”.

Es entonces posible ver un enlace de ideas: si la privatización de Pemex es considerada una herejía nacional ello puede entenderse acudiendo a la educación mexicana que mal enseñó que México existía antes de 1521. Contra esto no valen las argumentaciones racionales, ni las evidencias que señalan las ventajas de la privatización —el tema, antes de ser tratado siquiera, será visto como un cisma o un sacrilegio. El subdesarrollo tiene una buena explicación en la cultura de los países y éste es un ejemplo.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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